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Llegada de venezolanos a Colombia por la crisis: un poderoso tema de campaña

Análisis Por

Venezuela se ha convertido en un tema importante en la campaña, la crisis del vecino país ha generado varios efectos en el nuestro, desde un ingreso masivo de venezolanos, hasta un miedo colectivo para evitar el rumbo de lo que hoy se considera un país con un modelo fracasado.

Los candidatos han resaltado que la crisis está lejos de terminar y que Colombia se tiene que preparar para enfrentar un ingreso aún mayor de personas afectadas por la crisis venezolana, la situación ha pasado de los medios que reportan la difícil situación más allá de la frontera, hasta la realidad de los venezolanos en las calles de grandes ciudades colombianas donde cuentan la terrible realidad.

El diario El País de España, está revelando cifras de un estudio realizado en alianza con Cifras & Conceptos y que dan cuenta de la situación, entre los datos se preguntó: ¿Conoce a algún venezolano (de nacimiento) que se haya venido a Colombia por la crisis en Venezuela?

A nivel nacional el 63,3% de los encuestados respondió que sí, y solo el 35,7% no. El resultado revela una situación dramática en un electorado al borde de las urnas, los colombianos ven y escuchan de venezolanos que escapan de su país, pero además los ven en sus espacios comunes, a la pregunta de ¿Dónde ha visto venezolanos?, el primer lugar lo obtiene la calle con el 71,3% y el segundo lugar el transporte público con el 34,2%, a propósito de los venezolanos que suben a medios de transporte para contar su historia, pedir ayuda o simplemente vender algún producto, la respuesta de transporte público tiene más fuerza en Bogotá con el 62.8%.

Sobre la presencia de venezolanos, las dos regiones donde más se los ve es en el Caribe con el 77.2%, seguido de Bogotá con el 68,3%, y de la región oriental que lógicamente lidera también por ser frontera, con el 66,8%.

Los candidatos

Todos los candidatos han hablado de Venezuela, algunos como tema más central que otros, y recientemente dieron sus apreciaciones.

Germán Vargas Lleras atacó directamente a Petro con el tema: “No porque yo crea en ese concepto del castrochavismo, sino porque el populismo de izquierda lo promete todo, Petro nunca dice cómo va a financiar nada y los pocos recursos del Estado los va a acabar” y se fue contra Duque por su posición más beligerante contra el vecino país: “Una cosa es que no reconozcamos al Gobierno de Venezuela y otra muy distinta que nos pongamos en una situación bélica con ese país”

Vargas ya había señalado en un debate en la Costa Caribe, que una vez electo nuevamente Maduro, ha Colombia podrían llegar más de 4 millones de venezolanos, una cifra que auruga una intensa crisis en el país.

Iván Duque como se esperaba cierra el tema a lo que llama “castrochavismo”, e insinuó que no se puede elegir en Colombia a los promotores de ese gobierno, refiriendose directamente a Petro. Además ha criticado al actual Gobierno por no atacar al régimen de Maduro a tiempo de forma diplomática.

Humberto De La Calle también ha sido un fuerte critico de lo que pasa en Venezuela, dice que frente a la migración se debe ser humanista y no discriminarlos, y asegura que Maduro es un Dictador, y que viola la Carta Democrática que la OEA que a propósito él presidió en su creación. De La Calle buscaría de forma diplomática una salida del régimen y no bélica.

Sergio Fajardo habla de constante denuncia internacional a lo que hace el gobierno venezolano, y buscaría la solidaridad internacional para que no todos los migrantes venezolanos se queden en el país, sino enviarlos a diferentes partes de América Latina, además de traer recursos a Colombia para este tema.

Finalmente se resalta a Gustavo Petro, quien en un debate le devolvió los ataques a Vargas y Duque, al primero le dijo: “Usted Germán Vargas financió el programa de Viviendas Gratis con recursos del petróleo. Es decir, hizo exactamente lo mismo que Maduro en Venezuela”, mientras a Iván Duque le achacó su modelo económico: “Iván Duque mantiene la tesis de que hay que depender del petróleo, y me dice chavista a mí cuando yo soy el que propongo separarnos del petróleo. Las paradojas de la vida”

 

Lo cierto es que Petro ha buscado desmarcarse del chavismo en diferentes entrevistas y escenarios, llamandolo modelo fracasado, eso a pesar de haber elogiado en el pasado a Chavéz a quién incluso acompañó en su primera visita al Puente de Boyacá en Colombia en 1994.

 

Si bien todos los candidatos lo usarán como caballito de batalla, este tema realmente será una verdadera “papa caliente” del próximo Gobierno ¿Quién lo afrontaría mejor?.

Colombia se pone a prueba con la llegada de venezolanos

Análisis Por

Colombia no está en un boom petrolero, o situación económica similar a la que tenía Venezuela cuando en los años 70 recibió a miles de colombianos que buscaban más oportunidades.

El desempleo en ciudades fronterizas como Cúcuta está por el 17%, y la llegada de venezolanos se está volviendo incontrolable. Según Migración Colombia en el país ya hay más de 550 mil venezolanos entre legales e ilegales, y su número crece de forma exponencial, para mediados de año ya superarían el millón.

Situación advertida

Ayer el Presidente Santos desde Cúcuta, creó ciertas limitaciones, por un lado enviará 2.120 efectivos de la Fuerza Pública adicionales, además da por terminada la tarjeta de movilidad fronteriza, que facilitaba el ingreso de estos ciudadanos del vecino país, y ahora solo podrán ingresar documentados con su pasaporte o tarjeta migratoria.

Tanto Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, como el Secretario de Estado de los Estados Unidos Red Tillerson, aseguraron en su visita al país que debían enviarse recursos adicionales a Colombia para atender esta situación.

Ola Política en abril de 2017 advirtió esta situación, como también su posible impacto en las elecciones de nuestro país, cuando el desespero de las regiones más afectadas por esta masiva migración, pidan a gritos soluciones, o se deslicen hacia la xenofobia.

Mientras tanto en Venezuela el régimen de Maduro citó a elecciones el 22 de abril, con una oposición confundida y desorganizada, que enfrenta la dura realidad de una victoria asegurada para el actual Presidente y Dictador.

La Corte Penal Internacional inició una investigación preliminar por los delitos presuntos delitos cometidos por el régimen en las protestas de año pasado, el encarcelamiento de líderes opositores, y el uso excesivo de la fuerza contra los ciudadanos.

La solución no se ve cerca

El lío está en la inestabilidad de Venezuela, se esperaría que en la medida que exista más garantías políticas y reducción de la violencia, el país podría detener su masiva salida de ciudadanos, pero lo cierto es que el problema va más allá de eso.

La economía del vecino país es eminentemente petrolera, mientras los precios del crudo permanezcan bajos, y el manejo administrativo sea débil, ese país no tendrá recursos para importar, y el poder adquisitivo de sus ciudadanos siempre se verá afectado.

La oposición como se dijo está dividida, la mesa de negociación en Santo Domingo se ve fracasada, y la presión internacional para sancionar al actual régimen no parece dar luces de una ruptura del mismo.

Mientras órganos internacionales como la OEA o UNASUR, se dediquen a los comunicados de prensa, y no a eclipsar a Maduro, su efecto será sumamente pobre, y parece que está en las naciones latinoamericanas donde se ve parte de la solución de una presión efectiva contra Maduro, pero eso tampoco se ha dado.

Ante la impotencia de cambios a corto plazo en la situación, a Colombia le espera un duro camino, mientras recibe más venezolanos, sus ciudadanos miden su capacidad de aceptación a su masiva llegada, y además ponen a prueba la capacidad institucional del Estado colombiano en atenderlos. Una avalancha de migrantes que podría tener un terrible final, desde un cierre de frontera, hasta un poderoso efecto xenofobo.

MIGRANTES VENEZOLANOS Y LAS ELECCIONES DE 2018 EN COLOMBIA

Análisis Por

Un común denominador de los debates de las elecciones de las grandes potencias en los últimos años, han sido desde temas seguridad nacional, hasta el manejo de la economía, pero si algo los ha unido es la migración.

Personas escapan de los conflictos en Oriente Medio o África, buscando evitar la muerte o encontrar mejores oportunidades, como en Europa, dónde la llegada de una gran cantidad de inmigrantes ha sido caldo de cultivo para discursos de la extrema derecha, derrotada en las elecciones de Holanda, Austria, y encarnada hoy en el discurso de la candidata francesa Marine Le Pen. Está última con la promesa de generar grandes controles, retiro de Francia de la zona shengen, limitaciones para que los hijos de inmigrantes nacidos en Francia no sean considerados con esa nacionalidad.

Otro ejemplo es de la campaña a la Presidencia de los Estados Unidos, en la que salió victorioso el Magnate Donald Trump, quien tachando a los mexicanos de criminales, prometiendo un muro en la frontera (que todo indica será un hecho), y limitando el ingreso de migrantes de países de oriente medio, logró vencer el discurso demócrata.

Caso similar podría ocurrir en Colombia, y todo por cuenta de la crisis que vive el vecino Venezuela, donde el desabastecimiento, la criminalidad, y falta problemas de legitimidad de su actual Presidente, tienen en jaque a un país del cual no dejan de huir personas buscando mejores oportunidades, y teniendo como primera opción sus vecinos inmediatos.

TEMA DE CAMPAÑA

Precisamente sobre este tema el entonces Vicepresidente, y hoy pre-candidato presidencial de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, protagonizó lo que seria la versión Trump, de un discurso contra los migrantes venezolanos.

Sobre el famoso programa de casas gratis en Tibú, Norte de Santander, el Exvice afirmó: “no vaya a dejar meter los venecos, por nada del mundo… esto no es para los venecos”

Y remató afirmando: “No hay un sólo lugar en Colombia donde se permita que personas que no sean del país, se beneficien de programas sociale”

Dichas afirmaciones, terminaron en un cruce de palabras con el expresidente de la Asamblea de Venezuela Diosdado Cabello, quien no escatimo en insultos, mientras Vargas Lleras respondió y se quejó con la cancillería por no defenderlo.

Ahora la creciente migración ha puesto en alerta a las autoridades colombianas, quienes después tuvieron que desmentir al Presidente de Venezuela Nicolás Maduro, quien afirmó en febrero que: “El año pasado entraron a Venezuela de Colombia 100.000 compatriotas colombianos”

Afirmación desmentida por Migración Colombia, quien con datos en la mano le recordó al mandatario del país vecino: “En 2015 se registraron salidas de más 371.521 colombianos hacia Venezuela, el año pasado se presentó una disminución a 109.580 personas. Una disminución de más del 70 % entre 2015 y 2016”

Por otra parte El Tiempo, reveló el estudio del Profesor Iván de la Vega, de la Universidad Simón Bolivar, que hablaría de unos 900.000 venezolanos en Colombia (incluyendo los que tienen doble nacionalidad), mientras en el dato del Banco Mundial, a través de la Organización Internacional para la Migraciones (OIM), habla de cómo Colombia lidera entre una lista de 98 países, el que más venezolanos, llegan del éxodo en ese país. (El Tiempo, Marzo 2017).

Precisamente como parte de las problemáticas derivadas de este fenómeno, la Corte Constitucional falló esta semana a favor de unas Trabajadoras sexuales en un tradicional burdel de Chinácota, Norte de Santander, el cual fue clausurado por la Alcaldía.

Con el fallo, no solo regresaría el burdel, sino además se replantea el trato que se debe dar en este caso a la trabajadoras sexuales venezolanas que llegan sin papeles del vecino país, pues para la Corte: Se deben “Valorar las razones por las que decidieron venir a Colombia, los riesgos que corren si son expulsadas del país y la situación concreta que enfrentarían en Venezuela en caso de ser devueltas”

La decisión generó revuelo en la propia Alcaldesa Nubia Rosa Romero que ha dicho que acatará, pero “No entiendo porque se enfocaron en el tema de las venezolanas, y que les estamos vulnerando los derechos”, y “si es cierto que tengo problemas de venezolanos trabajando en Chinácota, porque ellos trabajan por menos de la mitad que la mano de obra”

El fallo, parece el inicio de un problema anunciado, con la llegada de cada vez más venezolanos a las grandes ciudades, y con mano de obra más barata, discursos como los del Exvicepresidente podrían dar de qué hablar en 2018.

¿Quedará la política de migración en manos de los discursos populistas en 2018?, ¿Cómo enfrentará Colombia una posible llegada masiva de Venezolanos justo antes de sus elecciones presidenciales? El tiempo corre.

Entre la gloria futbolística y el rechazo social

Opinión Por

Los campos Elíseos fueron, 20 años después, el escenario icónico de la explosión de júbilo de los franceses para celebrar su segundo triunfo en el mundial de fútbol.

El delirio de la hinchada volcó a la avenida más bella de la ciudad más hermosa del mundo, unas multitudes, aún más numerosas que las que vitorearon la liberación de París del dominio nazi en 1944.

Pero la selección de Didier Deschamps, jugador entonces y entrenador victorioso hoy, lucía en las fotografías y en los registros televisivos muy distinta a la que acaba de ganarse la Copa Mundo, haciendo gala del espíritu de equipo más sólido y del mejor fútbol del planeta.

Sin embargo, los rostros de los vencedores no son ya los blancos casi homogéneos de los de la Francia de hace apenas dos décadas.

Predominan en la cancha los M’Bappé, Umtiti, Pogba, Kanté y Matuidi. Reflejan una Francia diversa, multicultural y racialmente enriquecida por el aporte de la inmigración que ha sido la clave del éxito de Francia, Bélgica e Inglaterra, tres países que lograron imponerse y llegar a los cuartos de final en las sucesivas eliminatorias y que cuentan en sus nóminas titulares con 17, 11 y 6 jugadores respectivamente, cuyo origen se localiza bastante lejos de sus propias fronteras.

El equipo galo triunfador no es solo es azul, frecuentemente se reconoce como arcoíris porque está integrado por sangres provenientes de 14 pueblos diversos.  

Fueron 32 los países clasificados para competir en Rusia, “pero de los 736 jugadores participantes 82 no nacieron en la nación que fueron a representar y bastantes más tienen ascendencia foránea.

Croacia, subcampeón, cuenta en su nómina con dos jugadores nacidos en el extranjero. Varios más son originarios de otros territorios de la antigua Yugoeslavia.

Según el Timer of India el” 65,2% de los jugadores suizos es inmigrante o proviene de familias que lo son. En Alemania la cifra alcanza el 39,1%; en Portugal el 30,4%; en España y Suecia un 17,4%, y un 13% en Dinamarca”

El fútbol más que un deporte es una pasión, la guerra sublimada de nuestro tiempo y un culto religioso que además expresa los cambios generados al interior de cada sociedad.

La camiseta entre los 3.500 millones de fanáticos futboleros se ha convertido en un símbolo patriótico tan potente como la bandera o el himno nacional.

Pero, mientras el fútbol eleva a la categoría de dioses del Olimpo posindustrial a los cracks del balompíe, millares, más de 45.000 de sus congéneres, yacen en el fondo del azul Mediterráneo, ahogados en el intento desesperado de alcanzar una Europa, que se está replegando, para cerrarse detrás de un muro tan implacable como el que Trump pretende erigir en la frontera con México.

En una realidad globalizada en el cual deambulan 27 millones de desplazados y cada una de siete personas se encuentran en estado de migración, el veneno de la xenofobia, el nacionalismo enfermizo y la discriminación amenazan con implosionar la Unión Europea y pululan por todas partes sin excluir a la Francia que se defiende con Macron de las intenciones perversas de Marine Le Pen.

Angela Merkel tambalea ante las arremetidas de sus propios socios de coalición empecinados en cerrarle las puertas a la inmigración al igual que la ultraderecha italiana catapultada recientemente al poder por la fuerza impulsora del odio al inmigrante de color o islamista que también condicionó el éxito del Brexit y la elección de la pesadilla americana que se llama Donald Trump.

El miedo y el rechazo al diferente y al pobre se están expandiendo entre la ciudadanía europea alimentados por partidos que obtienen sus  caudales electorales impulsando posturas simultáneamente nacionalistas, xenófobas y antieuropeas.

Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Croacia y Austria han venido a reforzar el campo de las naciones que se oponen a la puesta en práctica del principio impulsor de los Tratados de la UE que es el de la solidaridad para reubicar inmigrantes y solicitantes de asilo

Los colombianos no somos la excepción. Después de más de medio siglo de atrocidades, en medio de una polarización que no cede lo único que logra unificarnos, mientras compiten, es el ánimo de triunfo alrededor de la selección de James, Falcao y Mina. Pero seguimos sumidos y envenenados por el revanchismo contra las FARC y arriscando la nariz frente a los cientos de miles de venezolanos que llegan en busca del refugio, que su país otorgó con generosidad y plenos derechos a los colombianos que huyeron en un pasado reciente de la guerra en Colombia para asentarse en la vecina república.

También nos negamos a reconocer y a resolver el problema de nuestros propios refugiados internos, más de siete millones. A los compromisos del acuerdo de paz, actores armados, propietarios de tierras, narcotraficantes y hasta representantes del Estado, están respondiendo con el asesinato selectivo de los líderes sociales.

Populismo de izquierda y derecha

Opinión Por

Un debate que ha venido en auge luego de las elecciones de los últimos años en occidente (principalmente) ha sido en lo que varios analistas concuerdan, como el renacimiento del populismo.

Una característica, aunque no busco hacer una generalización, de lo que encuentro en muchos de mis amigos venezolanos que están llegando a Colombia escapando de la terrible situación de su país, ha sido: primero, una lógica oposición al régimen de Maduro, que muchas veces incluye una poderosa crítica a la oposición a ese régimen, y un rechazo inflexible a cualquier mención en cualquier país, de “izquierda”, “socialismo”, y por supuesto “comunismo”.

El debate electoral se ha centrado como lo explique en mi columna anterior, no solo en Colombia, sino en casi todos los países del continente en tachar a los líderes de izquierda como propiciadores y multiplicadores del modelo de Venezuela en sus países, por el simple hecho de poseer programas con enfoque social, redistributivo, de lucha contra la desigualdad, etc.

Pero ¿Qué es lo que realmente comparte el régimen de Venezuela con estos países?, generalizo aún más la pregunta, pues creo que comparar superficialmente al chavismo o madurismo con López Obrador, Petro, Gillier, o el Kichnerismo es un completo despropósito cuando se basa exclusivamente en si son o no socialistas, o si son o no de izquierda.

Cada país posee un sistema político y un escenario económico y social, que dista del venezolano en los 90s, cuando la verdadera característica que debería preocupar a los defensores de las instituciones democráticas no es una cualidad puramente ideológica, sino lo que llamamos populismo.

El populismo no es una ideología, el sociólogo Helio Jaguaribe lo describía: “Lo que es típico del populismo es por lo tanto el carácter directo de la relación entre las masas y el líder, la ausencia de medicación de los niveles intermediarios, y también el hecho de que descansa en la espera de una realización rápida de los objetivos prometidos”

A lo que él llama relación masas y líder, es en general esa conexión carismática que tienen líderes con las masas, y que representan un apoyo natural por lo que representa esa persona, y no está mediado por partidos políticos (aún si existiera un partido de ese líder), o grupos sociales que unen sus ideas al candidato, sino por esa movilización masiva, sea por miedo al contrario o sólo apego al líder.

Debido a que no es una ideología, el populismo puede ser de izquierda o derecha, y ha sido el encuentro de los reclamos sociales que ya no se sienten identificados con los líderes de los partidos tradicionales, y hacen que nazca este tipo de populistas. Finalmente, terminan en muchas ocasiones arrasando con las instituciones o minimizándolas, adaptando el sistema para mantenerse en el poder y hacerlo depender de su figura (no necesariamente de su partido o equipo), y creando o nombrando ese proyecto como anti-sistema para luego aliarse al existente o creando una nueva élite política.

El debate electoral entre Trump y Hillary, entre Le Pen y Macron en Francia, la imagen de Uribe y Petro en Colombia, caben no tanto en la de izquierdistas que buscan el poder, sino entre populistas de izquierda y de derecha, enfrentados a liberales o moderados de centro.

Me tomaría toda una columna explicar cómo el populismo como forma de llegar y mantenerse en el poder, no es propiamente una cualidad de líderes que se autodenominan socialistas (porque también cabe mirar que tan socialistas son), sino por el contrario en un rasgo de líderes que han aprovechado la sed de renovación en sus países para posicionar discursos con características que me atrevería a decir no se veían en forma desde mediados del siglo XX.

Quizás el debate mundial actual entre aquellos que buscan gobernar no es ya un enfrentamiento izquierda – centro – derecha, es más bien, la redefinición de la forma como se conectan los nuevos líderes a la ciudadanía, y que de no ponerse al día aquellos que buscan hacer política a través de las instituciones, seguirán siendo aprovechados por los proyectos populistas.

En Colombia, ya da miedo pensar

Opinión Por

Colombia es un país de mucho corazón, tal vez por eso se explica que estemos consagrados al Corazón de Jesús, pero además, que hasta el año 1991, fuéramos, además de una República democrática, también católica y apostólica. Creyentes como muchos países y tan bárbaros cómo pocos. ¿Cómo explicar esta dicotomía sobre la felicidad y el corazón de los colombianos? Tal vez la explicación está en los orígenes culturales de nuestra nación, una que aún hoy está en proceso de construcción. Difícil entender cómo algunos colombianos aún se consideran blancos puros, como otros queman libros como acto de fe y pedagogía, como van y vienen amenazas en público, legitimaciones de la violencia como líneas editoriales de algunos medios de comunicación y políticas de algunos gobiernos locales y, en algún momento nacionales.

Colombia sigue siendo un país bastante peligroso, en donde sus ciudadanos actúan con el corazón y no con la razón, porque vivimos en extremo la vida, hoy unidos todos alrededor del sentimiento “patriótico” cuando juega el equipo de fútbol nacional, pero divididos hasta el odio visceral cuando de posiciones políticas se trata. Y todo esto se conjuga con uno de os más nefastos sistemas educativos del continente, y su crisis, antigua por demás, radica en la inequidad y desigualdad que no permite que sea de fácil acceso para todos los jóvenes, menos para los de las zonas rurales, quienes permanentemente están a merced de los grupos ilegales. Esta situación de la educación, combinada con la religiosidad en extremis de la sociedad, hacen el caldo de cultivo perfecto para asegurarle a la clase política tradicional, el control de todos los sistemas de poder del país, y aún más importante, la conservación para si y para los suyos, de los privilegios que han tenido por siglos.

Ahora bien, constantemente se dan diversas manifestaciones de esta desastrosa realidad, que se hace más evidente y más extrema cada vez que hay comicios. Hasta hace menos de 15 o 20 días, el tema principal de conversación en todos los niveles, en la mesa familiar, en las oficinas, luego de los partidos de fútbol, etc, era la situación de los venezolanos y el posible arribo del castrochavismo a Colombia, pero a partir de que las elecciones las asegurara la extrema derecha, pareciera que a nadie le importan los cientos de miles de venezolanos que inundan las calles de las ciudades colombianas realizando todo tipo de trabajos, explotados miserablemente, en muchos casos, por aquellos mismos que votaban en contra del castrochavismo y daban golpes de pecho por la situación de sus vecinos del lado. Más allá, pareciera que Venezuela ya no existe en el mapa político de ningún ciudadano de a pie.

Actualmente, otra de esas manifestaciones de las que hablamos, incluso bastante peligrosa, es el hecho de no poder hablar, el temor de expresarse libremente en Colombia, el liderar procesos sociales que permitan incentivar la participación ciudadana, la veeduría, el control social y político o, el simple hecho de defender la vida, como elementos fundamentales de la construcción de democracia, de nación, son suficientes para convertirse en blanco militar de todos los reductos violentos y narcoterroristas que han quedado, en principio, del infausto e impune proceso de paz de Alvaro Uribe Vélez con las estructuras paramilitares que permitió que simplemente mutaran a Bandas Criminales, conservando gran parte de sus posiciones de control para los cultivos y rutas del narcotráfico, pero también producto del incumplimiento del gobierno Santos, y de la misma sociedad, con el proceso con las Farc.

Hoy lo que tenemos, es un temor inclemente a hablar, a convertirse en líder social que ya es tan estigmatizado por aquellos líderes de extrema derecha, que con gran cinismo hablan de luchar contra la criminalidad, pero también son señalados por quienes, absortos de la violencia que vie el país, en medio de su completa ignorancia, que tratan de disfrazar con cortinas de humo, desviando la atención hacia quienes tratan de construir democracia, porque democracia sin crítica, sin oposición, sin libertades, sin debate, simplemente es un sistema electoral secuestrado por la corrupción y por los mecanismos tradicionales totalitarios, que nos acercan más a un régimen fascista y tiránico, más cercano y hasta más peligroso que aquellos que fueron utilizados para manipular la opinión pública en torno a quien o quienes representan el fin de los aciagos privilegios de aquellos pocos que han convertido al país y sus arcas, en extremidades de sus extensas propiedades. En Colombia, pensar diferente, es más, el solo ejercicio de pensar, de debatir, de resistir, son actividades de un riesgo extremo en medio de un país con cara de quinceañero, pero con la moralidad del Shylock de Shakerpeare, la ética de Alejandro Borgia y la bondad de Alvaro Uribe Vélez.

Las fobias que nos generan

Análisis Por

Desde que la humanidad ha tenido conciencia de sí misma, algunos individuos  o grupos sociales han demostrado abiertamente su  aversión o temor hacia grupos sociales que por sus características o acciones, merecen ser excluidos, segregados, asesinados.

A esas aversiones y temores se les clasifica con el sufijo “fobia”, palabra griega que significa miedo, aquella emoción primaria, radicada en nuestro cerebro primitivo que nos compulsa a huir, a luchar… o  a matar.

De acuerdo con la irenología, la ciencia que estudia la paz, conceptualmente el conflicto es una incompatibilidad o disputa entre varios actores, personas o grupos a partir de diferentes motivaciones perceptivas (Moreno-Parra, 2014. La paz imperfecta en el marco del conflicto político armado en Colombia. Revista Entramado. Cali, Colombia), sin embargo, en la gran mayoría de los casos, dichos conflictos se resuelven a partir del uso de la violencia que según Johan Galtung, son afrentas evitables a las necesidades humanas básicas y a la vida.

De acuerdo con Galtung, máximo exponente de la irenología, existen tres tipos de violencia: la violencia directa que se relaciona con la agresión y su máxima expresión es la guerra, la violencia estructural que es aquella que procede de las estructuras sociales, políticas y económicas opresivas y la violencia cultural, la cual procede de la imposición de unos valores o pautas culturales.

En cuanto a la violencia cultural, afirma Galtung que esta anida “en la religión y la ideología, en el lenguaje y el arte, en la ciencia y en el derecho, en los medios de comunicación y en la educación” (Galtung: Paz por medios pacíficos. Paz y conflicto, desarrollo y civilización. 2003), por lo que todas las “fobias” que tienen los humanos hacia ellos mismos, no son otra cosa que la expresión de esa violencia.

Así las cosas, el miedo, aquella medida bioquímica de defensa con la que todos los seres vivos estamos dotados para preservar la vida, gracias a la acción formadora de aquellos sistemas de transmisión de conocimientos como son la religión, la escuela y la prensa, se ha convertido en la sistemática aplicación del principio aquel de que “el ataque es la mejor defensa”.

Y por supuesto que los católicos, los pentecostales, los blancos, los angloparlantes, los heterosexuales tienen derecho a defender su statu quo contra todos aquellos grupos que atentan contra su estilo de vida. Es un derecho natural.

¿Es que acaso que se creen las mujeres para atreverse a vivir su vida solas sin un hombre que las determine? ¡No pueden!

Biológicamente son débiles. Deben vivir con un hombre que las proteja.

La Biblia lo dice. La mujer debe casarse, obedecer a su marido y estar en casa para cuidarlo. Es un mandato divino que se expresa hasta en la Santa Madre Iglesia, ¿o es que acaso se ha visto una mujer que sea obispo? ¡Jamás! Recuerden que por Eva entró el pecado al mundo.

¿O acaso se ha visto que un trans pueda trabajar en algo decente? ¡No!

Ellos sólo pueden trabajar en lo que son expertos: en prostituirse ya que esos hombres disfrazados no pueden con sus hormonas y deben andar fornicando siempre. Nunca son ni serán mujeres. No se entiende porque el Estado les permite cambiar el nombre que sus padres le dieron.

¿O acaso en qué momento se ha visto que las personas de color, todos esos morenitos, negritos, trigueñitos, que se atreven a hablar en español en medio de los centros de las ciudades americanas han venido a nuestro país a aportar algo bueno? ¡No!

Todos esos hispanos sólo vienen a delinquir, a imponernos sus atrasadas formas de vida, su enredado idioma y a seducirnos para obtener la ciudadanía y aparentar ser igual a nosotros.

Sí.

Todos los grupos sociales debieran aplicar el principio de que “el que intentare matarme, lo mataré primero”, hasta que no haya nadie que ose atentar contra la supervivencia del mismo grupo, así se tenga que arrasar con media humanidad, como hicieron los nacionalsocialistas alemanes comandados por Hitler en su momento.

Y es que la intención de la manipulación por parte de quienes lideran y manejan la Escuela, la Religión y la Prensa, personas que en su mentalidad tienen valores fanáticos dónde el hombre blanco, religioso, heterosexual, posesivo es el centro de toda actividad y del cual mana toda autoridad, pareciera que fuera ese: generar miedo para luego transformarlo en odio para que este se vuelva agresión física y a su vez genere más odio, dirigiéndonos así, inevitablemente a la  guerra.

Ante esta realidad, y contrario a los discursos románticos de la década de 1970 y su famoso “paz y amor”, la forma de vencer el miedo social inoculado por los noticieros, los tabloides, los pastores, los sacerdotes es socavar la hegemonía que se nos impone de la misma manera en que nos la inyectan: con discurso y con acción.

La tarea es simple: identificar cual es la raíz de aquel miedo que nos quieren suscitar (el castrochavismo es el demonio, los negros y los venezolanos son ociosos y ladrones), identificar cual es el modelo de valores que nos quieren vender (sólo hay una familia y es la de mamá y papá, los cristianos pentecostales son mejores ciudadanos que los demás), identificar quienes son los que nos dicen todo aquello y empezar con argumentos y acciones a detener el miedo, iniciando por nosotros mismos.

Finalmente si eres mujer pentecostal y te molesta ver que dos hombres se besen en la calle, o eres hombre blanco y te molesta ver hombres afros cantando a grito herido la música que les gusta, o eres mujer católica y te molesta que tus hijos tengan amigos ateos o eres gay y te desagradan las mujeres transexuales, no te preocupes, al fin de cuentas, no es culpa tuya que tengas esos “miedos”, pero ten en cuenta que sí serás responsable si en dado caso pasas del dicho al hecho y agredes a otro.

Siembra vientos y recogerás tempestades.

#Pride2018

¿Todos los candidatos presidenciales en Colombia rechazan las elecciones en Venezuela?

Análisis Por

Hasta ahora en el debate político colombiano existe un consenso: las elecciones presidenciales en Venezuela son una auténtica mentira. No solo porque los organismos internacionales, el gobierno colombiano y la misma oposición del país vecino las rechazan, sino también por la altísima impopularidad de Maduro en Colombia y su régimen.

Nicolás Maduro ha sido en realidad un factor para tener en cuenta en favor y contra algunos candidatos de la contienda, ninguno quiere tener cercanía con él, y quizás el más afectado es el candidato de la Colombia Humana Gustavo Petro.

La cercanía antigua de Petro y Hugo Chávez no es un secreto, aunque su visión política ha demostrado ser distinta en muchas de sus propuestas, el mayor talón de Aquiles del candidato fue su actitud frente a la Constituyente de Nicolás Maduro que terminó por exterminar el casi nulo equilibrio de poderes en Venezuela y de dejar inocua a su Asamblea.

Ahora el ex alcalde de Bogotá parece cambiar radicalmente su discurso y en los últimos días ha intentado generar la mayor lejanía posible con el régimen venezolano, incluso afirmando que sus contrincantes Iván Duque y Germán Vargas son más parecidos en su visión a Maduro que él.

La reacción de los candidatos a las elecciones

Como es de esperarse ninguno de los candidatos da validez a las elecciones en Venezuela, que con una abstención histórica dieron ganador una vez más a Maduro, y consideran que no existen garantías.

La reacción de Petro fue la más llamativa con un comunicado publicado en sus redes sociales, en la que desconoce el resultado e indica: “Venezuela enfrenta una crisis de legitimidad estructural que la haría inviable. Venezuela transita un doloroso camino de secuestro de la democracia”, claro que esto contrasta con la crística de Petro a la oposición venezolana de 2016: “Creo que oposición venezolana es peor que Maduro y que se equivocan en no proponer un modelo de desarrollo diferente al petrolero”, y luego en 2017 sobre la votación de la Constituyente de Maduro: “Se puede estar en contra de Maduro, del modelo petrolero y minero extractivo, pero contra este pueblo porque vota y decide soberanamente?”

La reacción de Fajardo también fue de rechazo: “En Venezuela no hubo elecciones libres. Maduro lidera una dictadura del siglo XXI. En mi gobierno,en línea con el Grupo de Lima,vamos a trabajar con la comunidad internacional para favorecer el restablecimiento del estado de derecho y el orden democrático.#SePuede. SF”

Humberto De La Calle reiteró que está violando la Carta Democrática de la OEA en Venezuela, aunque incluso en Bluradio esta semana hizo un llamado a las vías diplomáticas.

Iván Duque “Colombia tiene que ratificarse como un país democrático, respetuoso de la Carta Interamericana y no puede reconocer los comicios”, dijo en un acto público.

Finalmente Germán Vargas cerró campaña enterrando en un acto simbólico la democracia venezoelana, el candidato con el apoyo de Cambio Radical, ha dicho que luego de esta elección el éxodo de venezolanos empeorará y su número será un verdadero problema social en Colombia.

Maduro contra el continente

Nicolás Maduro se debilita a nivel internacional, de hecho, su rechazo en todos los candidatos presidenciales en Colombia es predecible, la participación en las elecciones fue de 46%, mientras en 2013 fue del 80%, en 2012 el 80,5%, y en 2006 el 74,7%.

Estas elecciones además son el reflejo de la caída de la maquinaria chavista, debilitada por un régimen que asfixia en casi todo sentido a sus ciudadanos, que ha tenido una histórica fuga de nacionales a otros países, y que cierra su puño al poder en Venezuela sin importar la situación económica y social del país.

Sin lugar a dudas un recrudecimiento de lo que pasa en Venezuela terminará por afectar a Colombia, y sus próximas elecciones y el nuevo presidente serán una muestra de ello.

Venezuela: una tragedia humanitaria

Opinión Por

El Secretario General Almagro lo dijo con toda claridad: negar asistencia humanitaria a Venezuela es una conducta criminal. Pero otorgarla de forma reactiva y sin una planeación adecuada, puede ser un acto irresponsable de nuestro país. Esta semana, la Organización de Estados Americanos OEA le pidió al gobierno de Venezuela abrir un canal humanitario para ayudar a paliar la grave situación migratoria y de salud que padecen los venezolanos.

Las cifras revelan la existencia de una verdadera crisis de salud pública que avanza rápidamente y amenaza con extenderse a varios países latinoamericanos. Por eso, es oportuno establecer cuál es la política migratoria que tiene nuestro país, qué acciones tiene capacidad de emprender para asistir a los venezolanos y proteger a los colombianos, quiénes intervienen como actores de esa política, quiénes contribuyen a que sea consistente, y cuáles son las metas a las que apunta a corto, mediano y largo plazo.

Las cifras de la diáspora venezolana, son alarmantes. En relación con Colombia, el 2017 presentó un crecimiento del 600% de flujo migratorio respecto al 2016, cuando pasaron solo 32 mil ciudadanos, contra los más de 231 mil del 2017. Por esto, es necesario contar con medidas claras que respondan a la crisis del país vecino, pero que no dejen desprotegidos a nuestros compatriotas.

Uno de los ingredientes fundamentales de esa política pública debe ser promover y facilitar el retorno de colombianos que han salido de Colombia y han decidido establecerse en otros destinos. De otro lado, la política migratoria debe facilitar la entrada de extranjeros interesados en invertir y aportar conocimiento y trabajo a nuestro país.

Otra gran preocupación que debe ser atendida por una política pública clara de migración, es la situación laboral de los migrantes venezolanos. Son constantes las denuncias que recibimos sobre las lamentables condiciones laborales y de seguridad social en las que se encuentran quienes quieren trabajar en nuestro país.

En paralelo a estas denuncias, también se presentan alertas sobre muchos colombianos que perciben un deterioro general en sus condiciones de trabajo como resultado de la reciente migración. Es urgente trabajar en una propuesta de política migratoria, e incluso en una agenda legislativa, que permita promover ideas para proteger a unos y otros y desarrollar el potencial económico que puede tener esta crisis. Responder a esta coyuntura, con acciones planeadas y no reactivas, puede incluso convertirse en una oportunidad de empleo y crecimiento. En el pasado Venezuela le dio la mano a millones de migrantes colombianos, es hora de que Colombia le dé por lo menos una mano humanitaria a los hermanos venezolanos.

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