¡ADIÓS BIGOTE

Análisis Por

La palabra es sagrada para hombres como Horacio Serpa. Y cumplió. Hoy grabó el programa “Descárate Sin Evadir” de RCN TV, en el que pagó su apuesta de afeitarse el bigote si perdía Rafael Pardo la aspiración a la Alcaldía de Bogotá. En medio de un clima de amistad  se desprendió solemnemente de su compañero de 53 años.

El Serpa que salió del estudio de grabación de RCN era otro. El mismo se sentía extraño sin su compañero de viaje. Tenía la cara lavada y una mirada de asombro. Rosita lo consolaba y él solo pensaba en su encuentro con la familia. Con sus hijos y sus nietos, que por primera, y única vez, lo verán afeitado. Y sentía desde ya los sollozos de todos, la emoción por recibir una lección de honradez y lealtad a la palabra prometida.

Del estudio de RCN salió caminando otro Horacio, otro Serpa, pero, en esencia, era el mismo líder del  vibrato que levanta multitudes; del santandereano aguerrido que ha luchado toda su existencia para contribuir a la paz de Colombia. El mismo jefe del Partido Liberal que ha mantenido en alto los ideales de los grandes hombres que le dieron vida a esa colectividad de casi 170 años. El mismo Serpa esposo, padre, abuelo, hermano. Pero sin bigote, Serpa se sentía más liviano, como  si le faltara el anclaje con su identidad. Lo bueno, sentía, era que en ocho días otra vez serían, otra vez, compañeros, inseparables.

El mostacho de Serpa ha hecho historia. Fue símbolo en sus tres campañas presidenciales, en las que el amor del pueblo lo convirtió en un icono popular. Manifestaciones llenas gente disfrazadas con sus bigotes negros, gritando mamola, hicieron historia, en un carnaval de emociones e ilusiones de justicia social, equidad y reconciliación nacidas del alma de las comunidades.

Solo pocos ancianos de algún pueblo de Santander que recorrió como hijo mayor de doña Rosa, una sabia maestra de escuela, podrán recordar a un Horacio Serpa imberbe. O sus compañeros de primeros semestres de derecho en la Universidad del Atlántico. Porque desde que comenzó a nacerle, Serpa decidió convertir su bigote en su sello personal. Tal vez como un tributo a su padre, José Serpa.

De resto, para el común de los mortales, en el imaginario colectivo, Serpa nació con bigote y morirá con él. En Santander nadie lo ha visto en los últimos 50 años afeitado. Serpa es su bigote. Además de su verbo recio y contundente, su originalidad comunicativa, fue su despelucado bigote, el que lo grabó en la memoria de la gente y lo catapultó a la fama como Senador, Procurador, Presidente de la  Constituyente, Ministro de Gobierno, candidato presidencial por el liberalismo. Ya como gobernador y, ahora nuevamente como senador, se ha visto con un bigote más estilizado, gracias a los cuidados de su esposa.

El adiós de Serpa a su bigote es un hecho noticioso. Porque muestra el  valor que le da a sus palabras. Si lo dice, lo cumple. Y el adiós a su bigote testimonia que con él no hay medias tintas. Así como ha cumplido su promesa de quitarse su bigote de 53 años, cumplirá hasta el final su promesa de luchar por una Colombia en paz, en la que podamos dejar atrás el pasado de guerra y construir una nación de equidad, paz y educación.

El adiós no es definitivo. El bigote volverá a crecer y pronto Serpa será otra vez Serpa, el bigotón que inmortalizó la palabra mamola, el hombre que ha dado todo por la paz de Colombia, el líder que espera ser testigo y protagonista del adiós a la guerra.

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