Así son los debates electorales en otros países

Análisis Por
Las diferencias de los cara a cara en EE UU, Alemania, Reino Unido, Italia, Francia y México
 
Los candidatos a la presidencia de Estados Unidos en 2016 llegarán a las elecciones habiendo celebrado cerca de una docena de debates. Los aspirantes que se hagan con la nominación de cada partido celebrarán además otros tres cara a cara en las semanas anteriores a los comicios —otro más queda reservado para los candidatos a la vicepresidencia—.
 
Los encuentros, diseñados como uno de los eventos televisivos del año, son un arma de doble filo para los políticos. Es la cita perfecta para presentar sus propuestas a una audiencia inalcanzable desde un discurso o un mitin electoral, pero cualquier error, por mínimo que sea, puede hundirles en las encuestas y poner en duda su capacidad para liderar el país. La situación actual, con una quincena de candidatos en el Partido Republicano, acentúa este riesgo: los aspirantes deben exprimir un puñado de intervenciones, con un tiempo mínimo, para convencer al electorado sin asumir riesgos. Los debates electorales son cita obligada para los candidatos, conscientes de que una buena actuación puede dar el impulso definitivo a su campaña o, como aprendió Barack Obama en 2012 frente a Mitt Romney, recibir una lección cuando todavía están a tiempo de reaccionar.
 
1. Alemania: un cara a cara en cada campaña desde 2002
Luis Doncel, Berlín
 
Pese a que Willy Brandt ya reclamó un debate en 1969 a su rival democristiano Kurt Georg Kiesinger, lo cierto es que estos duelos televisados solo se institucionalizaron en Alemania a partir de 2002. Fue entonces cuando el canciller Gerhard Schröder accedió a enfrentarse al socialcristiano Edmund Stoiber. La ligera ventaja que entonces obtuvo Schröder le ayudó a dar la vuelta a las encuestas y revalidar su cargo. Desde entonces, todas las campañas han contado con sus cara a cara entre los dos máximos aspirantes a dirigir el país.
 
El último lo protagonizaron en 2013 la ya veterana jefa de Gobierno, Angela Merkel, y el que había sido su ministro de Hacienda en su primera legislatura, el socialdemócrata Peer Steinbrück. Ese debate —presentado por cuatro periodistas de cuatro cadenas distintas, dos privadas y dos públicas— tuvo, como ya había pasado con los anteriores, unas reglas muy estrictas: las respuestas no debían superar los 90 segundos, los candidatos no podían mostrar fotos o tablas y se estableció que la primera intervención sería para Steinbrück; y la última, para Merkel.
 
Todos estos condicionantes restaron espontaneidad a un debate que no sorprendió a nadie y que finalmente no tuvo gran efecto en un resultado que ya parecía cantado de antemano: la victoria arrolladora de Merkel. Al día siguiente, elFrankfurter Allgemeine Zeitung reprochó a la canciller sus escasas ganas de confrontación con estas palabras: “Hizo todo lo posible para evitar de forma elegante todo lo que podría convertir un duelo en un verdadero duelo”.
 
2. Reino Unido: una fórmula inédita hasta 2010
Patricia Tubella, Londres
 
Los debates electorales televisados fueron algo inédito en el Reino Unido hasta las legislativas de 2010, y por ello la novedad todavía reside en su propia celebración. Aquel año, el primer ministro saliente, Gordon Brown, y el jefe de la oposición, David Cameron, aceptaron protagonizar hasta tres pulsos ante las cámaras, aunque con la participación también del candidato liberaldemócrata, Nick Clegg. Los británicos nunca han podido asistir a un cara a cara entre los líderes de las dos fuerzas que tradicionalmente dominan el arco político.
 
Cameron, ya en calidad de ocupante de Downing Street, se negó a enfrentarse a solas con el laborista Ed Miliband, de cara a los comicios del pasado mayo. El resultado fue un debate en el que ambos quedaron diluidos entre los dirigentes de otros cinco partidos, seguido de un segundo en el que el primer ministro y su entonces aliado Clegg estuvieron ausentes. Las fuerzas minoritarias, como los independentistas escoceses, reforzaron así su proyección.
 
Ya fueran a tres, a cinco o a siete bandas, los debates que han venido alternando la televisión pública y las privadas comparten un formato clásico: cada candidato —de pie, ante un atril— hace un breve discurso de apertura, el moderador formula entonces las preguntas que los participantes van contestando en orden —aunque también se produzcan discretos fuegos cruzados— y finalmente se cierra el debate del mismo modo que empezó. El único cambio introducido este año, la posibilidad de que también pregunte el público presente en el estudio, no les ha restado rigidez formal.
 
3. Italia: nueve años sin debates
Pablo Ordaz, Roma
 
La situación atípica por la que desde hace años transita la política italiana se resume en un dato: la última vez que dos aspirantes a primer ministro debatieron cara a cara en televisión fue en la primavera de 2006. El encuentro se produjo en la RAI, y los contendientes fueron Silvio Berlusconi, jefe del Gobierno saliente y líder del centroderecha, y Romano Prodi, candidato por el centroizquierda. De aquel debate los italianos recuerdan que Berlusconi aprovechó el minuto final —cuando ya Prodi no podía responderle— para mirar a la cámara y disparar un anuncio bomba: “Para nosotros, la primera casa es sagrada, como es sagrada la familia. Por eso, aboliremos el impuesto a la vivienda. ¿Habéis entendido bien? Aboliremos el impuesto sobre todas las primeras casas y, por tanto, también sobre la vuestra. Es una decisión valiente”.
 
De aquellas elecciones salió elegido Prodi, pero por tan escaso margen que su Gobierno no duró ni dos años y se convocaron elecciones anticipadas. En 2008 volvió a vencer Berlusconi, quien en noviembre de 2011 fue apeado del poder por el presidente de la República, Giorgio Napolitano, para dar paso a un Gobierno técnico encabezado por Mario Monti. Desde aquel último debate de 2006 entre Berlusconi y Prodi, todos los demás han sido —valga la expresión— de segunda división. La cadena privada Sky ha organizado múltiples contiendas durante los sucesivos encuentros electorales, pero nunca situando frente a frente a los principales líderes. Tampoco las ediciones digitales de los diarios han realizado hasta el momento debates electorales. No hay que olvidar que ninguno de los tres últimos jefes de Gobierno —Mario Monti, Enrico Letta y Matteo Renzi— fue elegido para el cargo por los ciudadanos. De hecho, Monti y Renzi ni siquiera se presentaron a las elecciones.
 
4. Francia: unas reglas muy estrictas
Ana Teruel, París
 
En Francia, el debate electoral es una tradición en las presidenciales que los electores siguen masivamente. La única excepción fue en 2002, cuando pasó a la segunda vuelta el líder ultraderechista Jean-Marie Le Pen y su contrincante, Jacques Chirac, se negó en celebrarlo. Desde el debate de 1981 entre Valéry Giscard d’Estaing y François Mitterrand, se rige por unas reglas muy estrictas.
 
Cualquier pregunta debe pasar por uno de los periodistas presentes (uno del servicio público y otro del privado), sólo se utilizan primeros planos o de medio cuerpo, y las cámaras se mantienen en el candidato que tiene la palabra. El realizador del debate está acompañado por dos asistentes, cada uno elegido por uno de los candidatos. Cada candidato tiene el mismo tiempo de palabra.
 
Además, en los debates los equipos de ambos adversarios políticos pactan todos los detalles, desde la temperatura de la sala hasta la altura de las sillas, pasando por el tamaño de la mesa que los separa. Todo debe respetar una neutralidad absoluta, como por ejemplo de colores, para que no se asocie con un partido u otro. Los entrevistadores no deben en principio insistir en una pregunta y dejar que los candidatos se puedan expresar.
5. México: un formato sin cara a cara
Luis Pablo de Beauregard, México
 
El INE, la autoridad electoral mexicana, es la encargada de organizar los debates entre los aspirantes presidenciales desde hace 21 años. En los últimos comicios de este tipo, en 2012, se hicieron dos, que fueron transmitidos por la radio y la televisión. Cada uno duró dos horas y estuvo dividido por temas. En el primero, los candidatos respondieron a preguntas realizadas por un panel de expertos sobre economía, seguridad y desarrollo social. En el segundo se habló de política y gobierno y del papel de México en el mundo. El formato fue acordado por todos los candidatos. La intervención era de dos minutos y se permitían réplicas y contrarréplicas, lo que limitó la espontaneidad de los candidatos y terminó por acartonarlos.
 
El teleprompter estaba prohibido y solo podían apoyarse en materiales impresos. Para el segundo debate, las autoridades electorales modificaron la dinámica con el fin de hacerla más ágil. Se aumentó el tiempo de las participaciones y los cuatro candidatos podían pedir la palabra y desarrollar sus ideas libremente. Sin embargo, el formato no motivó los cara a cara. Los aspirantes prefirieron seguir hablando a la cámara antes de mirar a sus contrincantes y contestar a sus afirmaciones.
   
Fuente: El Pais

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