Aspersión aérea de cultivos ilícitos con glifosato: veneno para la relación EEUU – Colombia

Análisis Por

Pongamos en contexto la siguiente frase: “Sino llegamos a una solución aceptable para ambos países bastante pronto van a presentarse problemas políticos y bilaterales y eso lo que quiero evitar”, esto lo dijo William Brownfield, subsecretario de Estado de los Estados Unidos para Asuntos de Narcotráfico, luego de una Audiencia en el Congreso de ese país para hablar de la implementación del proceso de paz.

UN PROBLEMA GIGANTESCO

La misma Corte Constitucional tomó la decisión de prohibir el regreso de la aspersión de glifosato que el Gobierno había suspendido y el mismo Vicepresidente Óscar Naranjo dijo a Bluradio en junio de este año: “Las cifras de hectáreas cultivadas con coca (en Colombia) son impresionantes, el presidente Trump habló directamente con el presidente Juan Manuel Santos (durante su visita a Washington en mayo pasado) y vamos a trabajar con ellos para hacer frente a este asunto”

El Gobierno manifestó que es necesario darle la oportunidad a otros medios de erradicación diferente a la aspersión aérea, y acepto que si existe un incremento en esas cifras.

¿ES LA FALTA DE ASPERSIÓN LA CULPABLE DEL AUMENTO DE CULTIVOS?

No hay acuerdo sobre la respuesta a esa pregunta, y es aquí donde se “enreda la pita”, por un lado el Gobierno quiere retardar el debate anunciando medidas de erradicación distinta a la aspersión, pues como lo indicó la Organización Mundial de la Salud (OMS), este producto causa cáncer entre otras enfermedades.

De hecho el fallo de la Corte Constitucional indica que queda demostrado que la vida de los demandantes en ese caso, sí se vio afectada por dicha aspersión, además de los impactos ambientales que varios expertos han señalado, son realmente complejos.

Pero el problema que llama la atención de los Estados Unidos no es menor, según el Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI) el área sembrada de cultivos ilícitos en Colombia está por encima de las 146.000 hectáreas, y la producción de cocaína se disparó en más de 940 toneladas. Por lo tanto no es de extrañar que desde norteamérica se haga un llamado serio a este problema.

Es importante recordar lo dicho por el experto economista Mauricio Cabrera Galvis quien manifestó en una reciente columna para este portal: “La experiencia demostró que esas fumigaciones no sirven para controlar la producción de hoja de coca y solo logran que los cultivos se desplacen a nuevos sitios, aumentando la deforestación.”

Y cita el caso de 2005 a 2007, donde se fumigaron 470 mil hectáreas y aún así el área cultivada de coca aumentó entre 83 mil y 100 mil hectáreas. Para el economista, la devaluación del peso hizo más rentable la producción de coca, aumentando su precio hasta en un 40%, además de la caída del precio del oro,  desincentiva la minería ilegal y la traslada a la coca.  

EL CAMPESINO COCALERO

Dentro de esta trama está el campesino, ese humilde colombiano al que le sale más rentable sembrar coca que otros productos, o incluso es lo único rentable de la zona donde vive, aquel campesino por años perseguido por las autoridades, y al mismo tiempo por maleantes que toman su producción.

Y ni qué decir del vecino campesino que no siembra coca, y al que la aspersión destruye sus cultivos de productos que sí son legales.

En esos términos, darle la oportunidad a otros medios de erradicación es esencial, pero lo que se pone en riesgo parece demasiado costoso para un gobierno que históricamente ha hecho todo lo posible por mantener feliz a gigante del norte y que no ha podido mostrar cifras que demuestren que sí es efectiva la erradicación en curso.

 

UNA RELACIÓN EN PELIGRO

Precisamente la lucha contra el narcotráfico es lo  que ha logrado a unir a Colombia y Estados Unidos, ejes fundamentales en el llamado Plan Colombia, y en todos los demás planes y políticas que llevaron recursos a esa lucha y ha resultados que han sido considerados exitosos (aunque con reservas de varios expertos latinoamericanos).

Ahora la propuesta más lógica, parece la que no quiere aceptar un Gobierno como el de Donald Trump, y es pensar en un serio cambio de política en la lucha contra las drogas ilícitas, el propio Cabrera lo mencionaba: “en el largo plazo la única garantía de que los campesinos no vuelvan a sembrar coca es que tengan alternativas de cultivos rentables en lugares con facilidades de transporte y comunicación. Esa es la transformación que necesita el campo colombiano y no más galones de glifosatos envenenando el suelo”

Finalmente cabe mencionar lo dicho por el Gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, quien también mencionó el tema recientemente: “El nuevo modelo debe estar enfocado en disminuir la demanda. El consumo en Estados Unidos es gigantesco, creciente y muy poco han avanzado en su control”.

Erradicar de forma manual, dar verdaderas oportunidades a los campesinos, y trabajar en un política de salud para desincentivar la demanda, parece una mezcla más efectiva, que volver a fumigar los campos y creando más deforestación,  atacando a los campesinos más humildes. ¿Entrará en razón el gobierno gringo?.

Aunque según Brownfield con clara desconfianza y ataque a nuestros campesinos: no tendrán mucha educación pero son bien inteligentes y tomarán la plata que les den (para sustituir) pero quizá sin eliminar la coca”.

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