¿CÓMO VA LA ECONOMÍA COLOMBIANA?

Análisis Por

A partir de los últimos datos sobre crecimiento económico trimestral reportados por el DANE se puede decir muchas cosas. La primera de ellas y la que más preocupa es el enfriamiento de la economía que se evidencia en el crecimiento del PIB de 1,1% en el primer trimestre de este año, pues se puede convertir en un verdadero problema si continua el proceso de desaceleración económica. Dicho comportamiento fue jalonado principalmente por la caída estrepitosa de la explotación de minas y canteras (-9,4%), junto con una caída significativa del sector de la construcción (-1,4%), hechos que unidos a una industria débil están construyendo un escenario que nos acerca cada vez más al estancamiento económico.

En segundo lugar, sorprende el comportamiento del sector agropecuario al recuperarse de los aceptables resultados arrojados en el año 2016 y convertirse en el sector de mayor crecimiento con un tasa del 7,7% frente el trimestre del año anterior, este resultado es alentador para el sector al romper la tendencia que venía presentando. No obstante, queda en evidencia la urgencia de que el gobierno nacional tome las riendas para conducir la economía del país.

Es imperante una acción clara y estratégica del gobierno nacional que busque fortalecer la demanda interna y darle oxígeno a los sectores económicos que pueden estimular de forma efectiva el crecimiento como el industrial, el agrícola, el turismo y el comercio. Tal acción es necesaria porque no es viable que la única política anticíclica que utilice Colombia sea la que está liderando el Banco de la República a partir de las tasas de interés, dado que esa no es su función principal, lo es el control de los precios y la inflación según las estadísticas reportadas no disminuyo en la magnitud que se esperaba.

Esperar que el Banco de la Republica continúe bajando la tasa de interés a medida que la inflación vuelve a su rango objetivo del 4,0% es poner todos los huevos en una misma canasta, dado que la política monetaria tiene sus límites y restricciones, y mientras la economía este en desaceleración la demanda interna seguirá reduciéndose y por ende la inflación también cederá, lo que a su vez contribuirá a que el Banco de la Republica siga disminuyendo las tasas de interés hasta que la economía se estabilice y con ella la inflación. De manera que la reducción de la tasa de interés lo máximo que logrará es estabilizar la economía, en lugar de ubicarla en una senda de crecimiento que contribuya al bienestar social y económico.

Por lo tanto, que el gobierno siga ocultando la cabeza y señale que es solo un problema de expectativas por la mala imagen que venden los medios, es ocultar el problema y esperar a que se resuelva por sí solo. El gobierno debe aceptar que la economía colombiana está enferma y requiere ser curada para que recupere su crecimiento. Bajo esta perspectiva se requiere una política económica cuyo objetivo sea el fortalecimiento de la demanda interna y que contribuya al aumento de la productividad de los sectores económicos que están llamados a sustituir al sector minero como motor de la economía.

Mientras el gobierno siga pensando que el cambio en los precios de las materias primas que exportamos es solo temporal y que pronto estos productos van a recuperar su precio, es negar el cambio estructural que vivió la economía mundial y que causo la reducción de la cotización de estas materias primas. Como si fuera poco la enfermedad holandesa que empezó a cocinarse desde el 2002, y que se advirtió en tantas oportunidades como en las que fue ignorada, ahora está pasando cuenta de cobro, por lo que también se tienen que empezar a establecer medidas para superarla.

Además, si el país no soluciona el problema del déficit en cuenta corriente y el déficit fiscal la economía no podrá recuperarse del todo, lo que implica que sigamos teniendo años de crecimiento mediocre que aunque nos pueden alejar de una crisis, impiden reducir la pobreza crónica que padece Colombia. Para solucionar el problema de los déficits es necesaria la reducción del gasto público y el mejoramiento de la cuenta corriente, sin embargo, cuando la economía presenta desaceleración no es lógico aplicar políticas como la reducción del gasto del Estado – a menos que se pretenda quebrar la economía colombiana-, quedando como solución la aplicación de políticas enfocadas en la reducción o control de importaciones y fomento de exportaciones.

La política de reestructuración de la cuenta corriente tiene como objetivo mejorar el balance externo de la economía, pero para que su contribución sea efectiva en el crecimiento económico tiene que estar acompañada del uso racional de los recursos fiscales, pues en época de vacas flacas estos son escasos y no es conveniente reducir el gasto público ni subir impuestos.

Hoy más que nunca es vital controlar la corrupción como un mecanismo de control del gasto público y de esta forma reducir el déficit fiscal del gobierno sin reducir su gasto real. En otras palabras, si logramos controlar el monstruo de la corrupción que según el Contralor General Edgardo Maya hace que se pierdan 50 billones de pesos al año, y que solo en el caso de Reficar nos costó 17 billones de pesos, (equivalente aproximadamente al 8% del presupuesto nacional anual), se podría solucionar el déficit fiscal de Colombia que es de 30,5 billones de pesos, es decir, el 3,3% del PIB según el Ministerio de Hacienda.

En conclusión, se requiere que el gobierno nacional por simple instinto de supervivencia y por el futuro económico de Colombia, recupere las riendas de la economía generando una política de restructuración del Estado colombiano para atacar la corrupción y de esta forma aliviar el déficit fiscal. Además, la disminución del desequilibrio fiscal tiene que estar acompañada de una política de fomento a las exportaciones mucho más activa y de control a las importaciones, junto a políticas de mejoramiento de la productividad y en la medida de las posibilidades una política de corto plazo de reactivación de la demanda para sacar al país del estancamiento económico.

Economista y Magíster en Economía de la Universidad Externado de Colombia. Fue docente de la Universidad Externado, Ex-analista de deuda del Ministerio de Hacienda. Asesor y consultor en modelación macroeconómica.

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