Con la renuncia de Botero, el gobierno recibe su más duro golpe

Análisis Por

El Gobierno del presidente Iván Duque vivió uno de sus días más difíciles ayer, con la presión de diversos sectores, que señalaban al ministro de Defensa de ocultar la muerte de 8 menores en un bombardeo a las disidencias de las FARC en agosto, y que terminó en su renuncia.

Renuncia inevitable

El debate de moción de censura al ministro ya era bastante espinoso por la muerte de Dimar Torres, y de Flower Trompeta, el primero, un excombatiente asesinado por militares, y el segundo, un líder campesino e indígena que se dijo había muerto en una acción militar, pero que resultó muerto por heridas de bala a corta distancia a su espalda lo que revelaría otra muerte en extrañas circunstancias a manos del Ejército.

Luego vino el golpe decisivo, y lo hizo el senador Roy Barreras, al revelar que el ministro Botero no había anunciado al país que entre la operación donde se dio de baja al líder de las disidencias de las Farc, Gildardo Cucho, habían muerto también 8 menores, entre ellas una niña de 12 años.

Una renuncia esperada

Con el Partido Liberal anunciando que votaría a favor de la moción de censura, uniéndose más tarde Cambio Radical, y con toda la oposición en bloque, el Ministro de Defensa se enfrentaba a ser el primero de la historia en caer con este mecanismo establecido por la Constitución de 1991.

La renuncia de Botero resultó inevitable, y simboliza un punto bajo para el gobierno Duque, por un lado, porque el partido de gobierno el Centro Democrático, rodeó al ministro, e intento por todos los medios dar señales para que no renunciara, incluido el apoyo del senador y expresidente Álvaro Uribe, y por otro, porque en medio del escándalo poco o nada se ha escuchado al presidente Duque hablar directamente del tema en cuestión, no la gestión y cifras que deja Botero, sino, la muerte de niños en un bombardeo.

Todo el Gobierno salió maltrecho del escándalo de Botero, el presidente, pues pierde al ministro de la cartera que más representa al uribismo y su constante defensa de la política de seguridad democrática del gobierno de Uribe, también pierde el presidente al mostrarse desconectado con la realidad del país, no sólo por aceptar la renuncia de Botero, sin pronunciarse alrededor de la muerte de estos 8 menores de edad, también por no responde la pregunta a un periodista de El Heraldo, al que se limitó a decir: “De qué me hablas viejo?”.

Por supuesto, el ministerio de Defensa sale afectado en su imagen, y colocó en riesgo la imagen de las Fuerzas Armadas, que también pasarán a investigación de la Fiscalía y entes de control por lo sucedido.

Y a esto, se suman las entidades del Estado encargadas de proteger a los menores en regiones donde el manejo del orden público es complejo, pues uno de los grandes reclamos de la muerte de los 8 menores, fue la incapacidad del Estado de evitar su reclutamiento, a lo que se suman las advertencias de al menos tres entidades que le alertaron al gobierno de que esto estaba ocurriendo.

La imagen del gobierno termina a la baja, justo en un tema de honor para el uribismo, la seguridad, pero también en otros que han sido parte constante de su agenda, la protección de menores reclutados, evitar los llamados “falsos positivos” que elucubraron el gobierno Uribe, y tener un manejo impecable de las Fuerzas Armadas, que lejos de ser las grandes culpables, si se ven afectadas por los errores el gobierno.

¿Será que un cambio de fusible, y un nuevo nombre en la cartera de Defensa dará un giro al lastre que carga hoy el Gobierno? Las respuestas que vengan sobre este tema, tanto del nuevo ministro, como de un presidente desconectado, será cruciales.

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