Cristianismo y vih-sida

Análisis Por

Dios no hace acepción de personas.

Hechos de los Apóstoles capítulo 10, versículo 34

La llamada Semana Santa en un país tan cristiano como el nuestro, entendiendo como cristiano todas las manifestaciones eclesiales del mismo (católico, ortodoxo, protestante, pentecostal) constituye días verdaderamente llenos de mística alrededor de la fe y de reflexión sobre la praxis de Jesús de Nazaret, marcada por la compasión y por el decidido trabajo con los excluidos de la sociedad de su época (pobres, mujeres y leprosos).

En el siglo XXI, especialmente en Colombia, siguen habiendo pobres, a pesar de los datos del DANE, las mujeres han logrado grandes avances en el reconocimiento de su papel en la sociedad, tanto que hay cuatro candidatas a la Vicepresidencia de la República para las elecciones de este año y si bien aún hay enfermos de lepra, para ellos hay cura y el tratamiento es eficaz, sin embargo, existe un grupo de enfermos a los que se les aplica el mismo tratamiento que a los leprosos de hace milenios: se les excluye, se les conmina a guetos, se les evita: las personas portadoras de VIH.

Y ante esta realidad de estigmatización y prejuicio ¿los cristianos qué hacen?

De acuerdo con el marco estratégico del Programa conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA -ONUSIDA para trabajar con Organizaciones Confesionales del año 2009, dichas organizaciones han sido importantes en múltiples respuestas mundiales eficaces al SIDA en los últimos 20 años, realizando entre otras cosas, educación sobre prevención del VIH en escuelas, hospitales, dispensarios, templos, mezquitas e iglesias; asistencia hospitalaria y clínica, como diagnóstico y tratamiento de infecciones oportunistas, asesoramiento y pruebas voluntarias, terapia antirretrovírica, cuidados paliativos y prevención de la transmisión maternoinfantil y  prestación de asistencia pastoral y espiritual a las personas que viven con el VIH y sus seres queridos, incluidas poblaciones fundamentales y difíciles de contactar con un alto riesgo de infección.

Las organizaciones confesionales, de acuerdo con el marco estratégico, se definen como organizaciones no gubernamentales con una influencia religiosa. Es decir, son comunidades religiosas, dentro de las cuales están las comunidades cristianas.

En Colombia la apropiación de dicho marco se está dando  a partir de la Red de Organizaciones Basadas en Fe-OBF con trabajo en VIH-SIDA, que en este año está en reorganización, conformada por la Fundación EUDES, organización no gubernamental de corriente católica fundada por el Padre Eudista Bernardo Vergara (sí, eudista como los padres Alberto Linero, Diego Jaramillo y Rafael García-Herreros), el ministerio ASIVIDA de la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia-IELCO y el Diaconado de la Iglesia Presbiteriana de Colombia, especialmente de la Iglesia Comunidad de Esperanza de Bogotá.

La Red de OBF´s en Colombia hace su trabajo con recursos propios, que no necesariamente provienen de los diezmos y ofrendas de las parroquias de las organizaciones miembros de la red y de las donaciones, que no son tantas ni tan frecuentes como las que reciben las emisoras y canales de televisión cristianos, especialmente dedicados al proselitismo evangélico, que dicho sea de paso, muchas veces olvidan la enseñanza del buen samaritano y la ética que conlleva.

En términos generales, si bien es cierto que el papel del cristianismo ante la respuesta mundial a la pandemia del VIH-SIDA ha sido amplio en lugares dónde esta se ha asentado con fuerza como es el continente africano, en países como Colombia, donde si bien la expansión del contagio no es tan fuerte como en otras latitudes, aún persiste la censura ante la educación sexual de los menores de edad en términos de autocuidado y prevención y la estigmatización hacia el contagio y la persona positiva que siempre se asocia con prostitución o prácticas sexuales no heteronormativas, el rol del cristiano en tanto seguidor del ejemplo de aquel Jesús de Nazaret, ante la evidente tragedia que vivimos como sociedad humana mundial con esta pandemia, debe reforzarse.

Finalmente, si usted estimado lector se hace llamar cristiano practicante, sea católico, ortodoxo, protestante o pentecostal, le dejo estas preguntas para que reflexione y considere su rol ante el VIH-SIDA:

“En Romanos 8:35 se dice: ¿Quién nos separará del amor de Cristo?” ¿Podrá interponerse el VIH entre Cristo y nosotros? Si alguien trata de interponerse entre las personas positivas y Dios, ¿ese alguien proviene de Dios?; ¿la congregación hace que las personas que conviven con el VIH se sientan acogidas, amadas y parte del mismo cuerpo? si la congregación perpetúa la exclusión, el rechazo, la estigmatización o la persecución, ¿no está interponiendo una barrera entre Dios y los hijos de Dios?”

Declaración del Consejo Mundial de Iglesias sobre la respuesta compasiva de las iglesias al VIH y al SIDA. Punto 21.

Zootecnista Universidad Nacional de Colombia, Candidato a Magíster en Producción Animal de la Universidad Nacional. Coordinador Nacional para asuntos de Paz de la Organización Nacional de Juventudes Liberales 2014-2018.

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