De lo urgente a lo importante

Análisis Por

En la administración de empresas como en el Estado o cualquier organización, siempre hay que solucionar o abordar problemas coyunturales que amenazan la sostenibilidad de la organización o aprovechar la oportunidad coyuntural que se nos presenta, pero al mismo tiempo toda organización sea del estado o privada afronta retos futuros poniendo restricciones en el mediano y largo plazo, si se quiere evitar amenazas latentes o poder aprovechar las bonanzas futuras del mercado.

Lo dicho anteriormente se resume en una frase que en toda clase de planeación estratégica uno suele decir como profesor, y es que lo urgente no puede opacar lo importante, es decir que si solo se aborda la coyuntura y todos los esfuerzos se dedican a solucionar los problemas presentes, solo estaremos dejando los problemas reales o estructurales a la espera de que estallen y se vuelvan verdaderas crisis o emergencias, el problema de esto es que no la pasaremos de crisis en crisis siempre resolviendo los problemas que el día a día trae, y no todas las crisis se pueden solucionar con acciones simples de corto plazo bien sea porque a veces se requieren montos de inversión cuantiosas o simplemente tiempo para que estas se realicen y ejecuten, esto nos lleva a que la organización siempre este en un riesgo inminente, dado que en una de todas estas crisis puede ser la definitiva, de la cual no se pueda recuperar.

Entonces problemas que se pudieron abordar y manejar se pueden volver una crisis inmanejable, o  desaprovechar las oportunidades por no tener los medios para sacar el provecho de los cambios que el mercado vive pero que eran previsibles.

Esta simple idea narra perfectamente los problemas y el desarrollo de Colombia, una contradicción constante entre el afán del día a día de los problemas diarios del Estado, esos problemas estructurales o reales de Colombia que nunca se solucionan y que siempre nos llevan  al siguiente problema. El afán diario de cada pequeño problema siempre va acompañado de una gran confluencia de políticas que desatan grandes choques que llamamos polarización, que solo hacen más pomposos los ya urgentes problemas que debemos solucionar y ayudan a opacar lo realmente importante, porque no olvidemos que Gabo narró muy bien nuestra sociedad de una forma tan magistral que parece mágicamente expuesta en “Crónica de una muerte anunciada”: En ella todo el mundo hasta el más despistado sabe lo que va a pasar, pero como nadie hace nada, la muerte le llega al desdichado de forma inevitable, como todo el pueblo sabía que iba a pasar y una vez la muerte le llega, lo más mágico de la historia como conclusión que denota el realismo mágico macondiano, el descaro de preguntarnos ¿por qué pasó?, cuando deberíamos preguntarnos ¿Por qué dejamos que pasara?.

Una historia familiar que se repite en Colombia una y otra vez. Todo el mundo en Putumayo sabía que los ríos de Mocoa se podían desbordar, que la destrucción de las áreas forestales y la toma de las rondas de los ríos iban a producir un desastre, que no había contenciones de los ríos y se habían acumulado rocas en la parte alta de los mismos, la CAR lo anunció entre otras muchas instituciones. Se quiso esperar como en una novela de Gabo a que el desastre llegara para podernos preguntar ¿Por qué pasó?, igual que sucedió con los derrumbes que sepultaron varias casas en Manizales, entre muchos otros ejemplos que abundan a lo largo de Colombia.

Pero la capacidad de privilegiar lo urgente por encima de lo importe se replica en múltiples esferas de nuestra sociedad, como por ejemplo el transporte de Bogotá, donde hace un poco más de 16 años un alcalde con ínfulas de doctor decidió echar para atrás el metro por ser muy costoso y demorado para las necesidades de movilidad de esa época y decidió hacer un sistema de transporte público basado en los limpios y confiables buses, los cuales no son un transporte masivo pero solucionaban el problema de esa época. La congestión de la movilidad, el mal servicio del mismo y la sobre demanda de transporte, que desbordaban la oferta que Bogotá tenía a finales del milenio, son problemas que hoy en día vuelven porque lo importante, lo estructural nunca fue pensado o abordado, el sistema  no fue concebido para un sostenimiento de largo plazo, Transmilenio sirvió como un paño de agua fría que baja la fiebre del enfermo pero este no ataca el virus que lo causa haciendo que esta vuelva.

Esta en si misma es la diferencia entre Bogotá y Medellín. Medellín decidió construir primero un buen esqueleto mientras Bogotá decidió construir los músculos del cuerpo, donde el esqueleto sin músculos se sostiene aunque le falta fuerza, pero sin huesos los músculos son solo una masa de carne amorfa aplastada en el suelo, ahora que Medellín empieza construir sus músculos basado en un sistema de soporte como el metro por medio de Telecable, tranvías y un sistema de transporte integrado, hace que todo sea más fácil de desarrollar, que pensar en la cirugía de coger la masa amorfa del transporte bogotano para meter los huesos sin romper mucho los músculos ya creados.

El hecho de perder grandes oportunidades que están empezando a aparecer requiere de un plan para poder realizar las inversiones requeridas para obtener esos beneficios futuros, por ejemplo, la sustitución del petróleo por el gas y la electricidad en los próximos 20 a 40 años que reconfigurarán la demanda de energía mundial, además de todo el tráfico de buques que está abriendo la ampliación del canal de panamá y que gracias a Reficar Colombia puede suministrar combustible entre otros productos a todos estos barcos que navegan el caribe.

En sí mismo este tema puede ser tan extenso como las necesidades de cada sector y de la sociedad misma, pero la idea es pensar que se requiere atender lo importante, lo estructural de nuestra realidad, es la necesidad de que el estado colombiano esté en capacidad tener planes de largo plazo que sean de estado y no de gobierno con un sistema de tensión tanto de los problemas coyunturales o urgentes que siempre han de suceder, pero sin descuidar la atención de los problemas u oportunidades que el futuro depara, porque las crisis del mañana son originadas de los errores del presente.

Economista y Magíster en Economía de la Universidad Externado de Colombia. Ha sido Docente de la Universidad Externado, El Bosque, y UDCA. Asesor y consultor junior en modelación macroeconómica.

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