DESCENTRALIZACIÓN: EL DEBATE EN TIEMPOS DE PAZ

Análisis Por

¡Federalismo! ¡Verdadera descentralización!, es la reflexión de la clase política por estos días en Colombia. Los debates que se dan por las circunscripciones para zonas afectadas por el conflicto y pactadas en el Acuerdo de paz, la situación de Belén de Bajirá, la ineficiencia del gobierno central en unas y de los gobiernos locales en otras, hacen que se vea necesario repensar la forma como nos ordenamos territorial, política y administrativamente.

Sea que hablemos de la descentralización administrativa, fiscal o política, antes que nada es necesario destacar que existen verdaderos vacíos que el debate político actual debe repensar al respecto. Pero en este tema como en muchos otros debates cruciales para el país, ha faltado altura, voluntad política y humildad para aceptar los errores propios de un sistema cómodo para unos pocos.

Es decir, si no se vencen los sofismas detrás del debate y volvemos a los diálogos técnicos sobre el mismo, tendremos que dejar semejante tarea a la posibilidad de una futura constituyente.

Desde las regiones no se destaca un generalizado uso eficiente de los recursos, como tampoco se destaca la elección de políticos que busquen renovar sus regiones

TODOS CREEN TENER AUTORIDAD

Comencemos por las regiones, que han considerado por años que deben tener más autonomía, han reclamado por la reforma que les quitó las regalías, la concentración de decisiones en una cantidad de “tecnócratas” que a su juicio desde Bogotá han desconocido la realidad de las problemáticas de su región y han cometido grasos errores a la hora de plantear las políticas.

Pero ¿Qué tanto hablan de la severa corrupción desde lo local? En un mes fue capturado el Alcalde de Montería, condenado a 40 años Kiko Gómez Exgobernador de la Guajira y dejado en libertad por vencimiento de términos el polémico Alcalde de Yopal “John Calzones”. La verdad, es que desde las regiones no se destaca un generalizado uso eficiente de los recursos, como tampoco se destaca la elección de políticos que busquen renovar sus regiones (salvo contadas excepciones) y enterrar todo esto en la ineficiencia del estado central no parece creíble.

Colombia es un país de “caciques” regionales, de políticos que más allá de la labor pública tienen influencia en el sector privado, e incluso a veces en la justicia misma. Los entes de control no parecen reaccionar con la velocidad debida, sea por les “faltan dientes”, o porque alguno esté politizado. Al final, las regiones cómo se gobiernan hoy, no parecen las regiones  a las cuales uno confiaría los cuantiosos recursos que llegan desde el centro del país.

Pero no nos quedemos en los líderes locales, el Gobierno desde Bogotá tampoco ha dado el mejor ejemplo, Senadores como Luis Fernando Velasco han reprochado la actitud de lo que él llama “Yuppis”, o dicho de otra forma, gobernantes bogotanos de las mejores universidades enviados desde el nivel central para hacer la tarea en las regiones que nunca han visitado o que simplemente no entienden.

La Constitución de 1991 no ha hecho justicia a un ordenamiento equilibrado, y los Gobiernos no han podido reformar en justicia estos hechos. Se pasan la pelota los entes estatales y los locales en casos tan graves como la muerte de niños en la Guajira, o la falta de controles en temas turísticos como la tragedia de Guatapé. El Gobierno desde Bogotá tiene responsabilidad sobre un sistema que debe buscar fortalecer las regiones, y no invitarlas a sus pasillos en la capital para buscar los recursos.

Verdadera descentralización sí, pero bien hecha. Esa debería ser la reflexión en tiempos de paz, cuando las zonas asoladas por el conflicto merecen más recursos, mayor participación política en entes como el Congreso, y más bienestar a través de salud, educación y servicios públicos.

Mientras más se desvanece el humo de la guerra que ocultaba estas fisuras y dejaba en la retórica de funcionarios a nivel nacional o local, las promesas que nunca se le cumplen al ciudadano de a pie de zonas apartadas del país, más cabe buscar verdaderas salidas a un sistema que requiere reformarse.  

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