DESDE BOAVITA, CON AMOR

Análisis Por

La semana pasada en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, Rubén Mendoza se alzaba con el premio a Mejor Director en la categoría cine Colombiano por “Señorita María, la falda de la montaña”, producción donde narra la historia de María Luisa Fuentes Burgos, una mujer que de la mano del cine, llegó proveniente de montañas boyacenses para marcar un nuevo hito en la embelesable sociedad colombiana.

María Luisa Fuentes, o la señorita María como la llaman, es una mujer transgénero católica que  desde siempre ha vivido en las montañas de Boavita, Boyacá, municipio agrícola y conservador de cuyas veredas especialmente la vereda Chulavita, salieron bandas campesinas armadas a defender al gobierno de Mariano Ospina Pérez de los embates de las guerrillas liberales, luego del 9 de abril de 1948.

Por donde se le mire, María Luisa Fuentes encarna un verdadero contrasentido, en una sociedad que como la colombiana se acostumbró a  clasificar y a vivir en estereotipos; contrasentido que ha venido a romper, fisurar y cuestionar algunos imaginarios que el ciudadano colombiano común tiene sobre la población LGBT.

María Luisa  rompe con todo lo que la urbana sociedad colombiana asigna a las mujeres transgénero: no es atea, ni prostituta, ni estilista, ni rumbera, ni estudiante universitaria, ni profesional, ni pertenece a una familia de estrato medio; en cambio es católica practicante, como los de su pueblo; labriega, como los de su pueblo; tiene vacas, de lo que se infiere vive de la leche, como los de su vereda; tiene escaso nivel de educación formal, como los de su vereda y luego de tantos problemas, ya es aceptada, como ella misma lo afirma, hasta por el sacerdote católico del pueblo, que no le niega la comunión en la misa dominical.

Así como su típicamente existencia campesina rompe con el estereotipo de lo transgénero, la señorita María Luisa ha fisurado el imaginario colectivo de que en la ruralidad colombiana  vive una sociedad premoderna atada a valores arraigados en la religiosidad católica que se expresan en una visión discriminatoria del mundo. En palabras de Rubén Mendoza, la señorita María Luisa es un milagro por vivir en medio de la sociedad rural en la que vive, signada por el catolicismo y sus ideales políticos.

Sin embargo y de acuerdo con el informe Aniquilar la diferencia del Centro Nacional de Memoria Histórica, los tejidos sociales de la ruralidad colombiana, curiosamente en contra de la lógica popular que asocia el vivir en las ciudades con la mejora de la calidad de vida, brindarían mejores oportunidades a la población de lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas, entre otras cosas, por la pertenencia a un grupo social y familiar y por la existencia de una economía de subsistencia, ligada a labores propias del campo.

Eso explicaría en parte, que María Luisa con sus 45 años de edad, no se encuentre en las estadísticas de agresiones hacia la población LGBTI, no se prostituya, ni mendigue para vivir,  y también explicaría entre otras cosas, la elección en octubre de 2015 de Yuliana Rojas, candidata transgénero por el Partido Liberal Colombiano, como concejala del agrícola municipio de Chaparral, Tolima.

Y de la manera en que rompe estereotipos y fisura imaginarios, la historia de la  señorita María, cuestiona el discurso de los y las líderes de opinión y activistas “LGBTI” de las metrópolis colombianas, acostumbrados y acostumbradas a mojar prensa y a encumbrarse a través de la disputa de derechos civiles que sólo afectan a dos de las cinco letras de la sigla, como el matrimonio para parejas del mismo sexo, que  evidentemente beneficia a lesbianas y gays urbanos y de clase media que quieren casarse y obtener beneficios sociales asociados al matrimonio, dejando de lado las reivindicaciones de las personas trans e intersexuales.

Dichos debates alrededor del matrimonio, han logrado desplazar del foco de atención, las verdaderas luchas y victorias que han logrado las mujeres y hombres trans del país, como es la posibilidad de cambiar su nombre y sexo por uno opuesto en la cédula de ciudadanía, gracias al decreto 1227 de 2015 del Ministerio de Justicia que entre junio de 2015 y enero de 2017 le ha permitido a  808 personas formalizar legalmente su identidad de género y han eclipsado otras legítimas y mucho más necesarias luchas que las del matrimonio igualitario, como es el de acceso a seguridad social en salud, especialmente en cuanto a las intervenciones corporales.

Boyacá siempre ha logrado asombrar al país por su riqueza material y social. Desde sus montañas no sólo han salido esmeraldas, hierro, leche sino personas que han revolucionado la historia de muchos en el país.

Desde Boavita, en 1948 salieron campesinos que creyeron fervientemente en la defensa del Gobierno nacional de la época, logrando a sangre, decapitaciones y fuego cambiar el rumbo de muchas regiones del país.

Ahora, en 2017,  desde Boavita,  y con el amor y la dulzura propios de las boyacenses, sale una campesina que cree fervientemente en la defensa de su propio rol en la sociedad, logrando no sólo cambiar su propia vida, sino impulsando el cambio en todos aquellos que creen que Colombia es una sola y homogenea sociedad.

Tags:

Zootecnista Universidad Nacional de Colombia, Candidato a Magíster en Producción Animal de la Universidad Nacional. Coordinador Nacional para asuntos de Paz de la Organización Nacional de Juventudes Liberales.

Leave a Reply

Your email address will not be published.

*