Duque es bueno, pero no convence

Análisis Por

A casi 100 días de su posesión como Presidente de la República, Iván Duque mantiene las mismas calidades que le sirvieron para que fuera el preferido de la ciudadanía en la elección: es una persona sana no comprometida con la corrupción, es un joven jovial, un profesional instruido y competente, es serio, respetuoso, responsable y trata de hacer las cosas bien. Desafortunadamente se requiere mucho más.

Duque llegó a la Presidencia de la República, sin experiencia en manejos de gobierno. Fue un destacado funcionario de gobiernos colombianos ante el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y es un experto en la materia, incluyendo que Washington es la capital política del mundo y allí conoció gente importante y conoció mucho de política internacional. Pero le faltó el fogueo nacional, lo que no se suple con 4 años como Senador al lado de un jefe que lo domina todo, como el expresidente Uribe Vélez, y cuando el papel de la bancada de Cambio Radical era hacer oposición vertical, irreflexiva, al gobierno de Juan Manuel Santos, por cierto el hombre que lo dirigió en sus primeros años como profesional y quien lo llevó a Washington.

A Duque le falta roce político. No puede seguir creyendo que la democracia existe sin los partidos Partidos Políticos ni que todos los políticos son villanos y hay que tratarlos a larga distancia. Precisamente uno de sus cometidos es mejorar la política, propiciar la renovación de sus actores, airear la democracia, modificar el sistema electoral, ampliar la participación ciudadana, entre otros principales aspectos, y esa tarea debe cumplirla con el concurso del Congreso Nacional y de los Parlamentarios. Creer en los cantos de sirena de  una Asamblea Constituyente, como se lo plantea el Presidente Del Senador doctor Macías, puede ser igual a darse un tiro en el pié.

Al Senador Macías no lo puede seguir considerando como su mejor amigo y gran aliado, porque es una de las personas del Congreso de las que más desconfía la ciudadanía. A la gente no se le ha olvidado su desafortunado discurso el día de la posesión, ante el cual el Presidente Duque fue pusilánime, cuando el país entero, horrorizado de tantas barbaridades, esperaba del nuevo Mandatario una enérgica desautorización, pues fue una intervención arrogante, desafiante, vengativa y torpe, cuando era el momento de ganarle el país al Centro Democrático y crearle al doctor Duque un ambiente de confianza, de tranquilidad, de simpatías a granel. Fueron puntos malos para Macías, quien hasta ese momento no se había dado cuenta que eran triunfadores, y puntos malos para Duque quien se portó como un miembro de la bancada Uribista sin pensar que ya era Presidente de Colombia.

Duque tiene la tarea de ganarse el respeto de Centro Democrático. En esa cúpula hay varios que aún piensan que han debido ser los escogidos por Uribe y un montón que lo siguen considerando como el compañero de épocas anteriores. Es difícil destacarse ante los pares y ganarse su confianza, pero a Duque le toca hacerlo por su bien y el bien del País. Y sin renegar de amistad y convicciones, le corresponde destetarse del jefe mayor y de los compañeros que no le permiten mirar para otros lados.

También a Duque le falta conocer al país que debe gobernar. Conoce las estadísticas, las encuestas, está bien informado de los puntos principales, de sus ciudades, pero le falta empaparse de la Colombia profunda y de las realidades que sufren la clase media baja y los pobres, que son el 60% de nuestros habitantes. De su gente, de su idiosincrasia, de sus costumbres, de sus necesidades, actitudes y comportamientos, teniendo por seguro que eso no se conoce con las visitas que está haciendo rodeado de cortesanos y de los centenares de agentes de seguridad que se mueven a su alrededor en aviones y helicópteros.

Por buena fortuna, el Presidente Duque apenas está comenzando su gestión. Con su inteligencia, carácter y deseos de acertar podrá superar todos los inconvenientes. Tiene lo principal, ser un hombre bueno, patriota, divertido y honrado.

La paz requiere de si una mayor presencia, reconsiderar el adefesio de la Reforma Tributaria, aprovechar la simpatía con la que lo están recibiendo en el exterior, combatir la corrupción más allá de lo efectista y publicitario, enfrentar a la delincuencia y a los clanes con mano dura, tender puentes de solución con los estudiantes, los maestros, los campesinos y las organizaciones comunitarias y organizar planes efectivos para derrotar el desarraigo y la pobreza. Sin paz, sin empleo, sin educación y sin oportunidades, crecerá la desigualdad y la delincuencia. Duque lo sabe mejor que nadie.

Decir que le ha ido bien en lo social, en lo económico, en lo del orden público, es mentiroso. Tanto como decir que le ha ido mal. Apenas empieza Duque a Gobernar. Todo juicio a esta hora es parcializado e inútil. El Presidente Duque tiene las cualidades y la excepcional oportunidad de realizar una extraordinaria gestión en favor de Colombia y todos sus habitantes. Es bueno y ojalá llegue a convencer.

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