El debate de “Ser pilo paga”: Lo bueno, lo malo, y lo feo

Análisis Por

El pasado 4 de octubre los estudiantes de diferentes universidades públicas marcharon contra el Gobierno en una convocatoria realizada por el rector de la Universidad Pedagógica Nacional, Adolfo León Atehortúa y una gran cantidad de asociaciones estudiantiles.

El motivo, bien podría titularse “Marcha contra Ser Pilo Paga”, como varios medios de comunicación han querido mostrarlo, pero detrás de eso existe un fuerte debate sobre los recursos de la educación pública, los sueños de los más de 30 mil beneficiados con el programa “Ser Pilo Paga” y el futuro de la Educación Superior.

Miremos el tema con atención, por una parte los costos de las Universidades privadas no han dejado de subir, según el Observatorio de la Universidad Colombiana, el costo de la educación superior en el país aumentó entre 2007 y 2014 entre un 80% y un 120%, mientras el salario de los trabajadores colombianos solo lo hizo en un 42%.

Según ese mismo estudio el costo promedio para estudiar en una Universidad dentro de una de las primeras 30 universidades privadas del país está en 9‘995.730 pesos por semestre. Costos inimaginables para la mayoría de la población colombiana, inimaginables para la gran mayoría de los estudiantes de colegios públicos, y más aún en los estratos más bajos.

Lo bueno

Si miramos los resultados de “Ser pilo paga” en cuestión de acceso, este programa ha logrado cambios, según un estudio contratado por el Departamento Nacional de Planeación (DNP), en 2013 sólo el 16% de los estudiantes sobresalientes de estrato 1, el 21% de estrato 2, y el 31% de estrato 3 llegaban a estudiar en instituciones acreditadas como de alta calidad.

Para el año 2015 ese número se transformó, en el estrato 1 los estudiantes sobresalientes acceden ahora a Instituciones de alta acreditación en un 49%, en estrato 2 un 43% y en estrato 3 un 40%.

Además se determinó que el programa “Ser pilo paga” fue el gran motor del cambio para los estudiantes sobresalientes, en el acceso a instituciones de educación superior lo aumentó en 46,1 puntos porcentuales.

Lo malo

Pero mientras el acceso a la educación superior, y más aún para instituciones acreditadas de alta calidad aumenta gracias al programa, lo que hay detrás se puede ver en grises, pues si bien es cierto que dicho acceso aumentó esto ocurrió dando prioridad a las universidades privadas.

De los estudiantes beneficiados con “Ser pilo paga” el 82% está en instituciones privadas, y el 18% en públicas. Ahora bien, son los estudiantes los que eligen ir o no por una institución privada o pública, pero lo cierto es que la mayoría llega universidades como la Pontificia Universidad Javeriana, o la Universidad de los Andes, entre otras.

Y ¿de dónde salen los recursos? ahí nace el debate, pues en los recortes previstos en todos los sectores del Estado, la marcha critica que el importe del CREE que iba a las universidades públicas pasa de 2016 a 2017 (en su mayoría) a manos del programa “Ser pilo paga”.

Para el año 2016 el 46,4% del recaudo de este impuesto iba para las universidades públicas, mientras el 53,6% para el programa. Ahora en el 2017 pasa a un 33,1% para universidades públicas, y 66,9% para el programa (Fuente SUE).

Lo feo

En este punto se podría plantear el debate al que nos traen rectores como Adolfo León de la Pedagógica, entonces ¿Deberíamos dar por terminado el programa y entregar los recursos a las universidades públicas?.

Quienes lo sostienen afirman que mientras 30 mil estudiantes se benefician de “Ser pilo paga”, con esos mismos recursos podríamos beneficiar a más de 500 mil, cifra que el mismo rector Adolfo León citó en su entrevista en Bluradio afirmando que más colombianos de escasos recursos tendrán derecho a la educación superior.

Pero hacer el debate en tales términos no deja de cerrarlo a una dicotomía peligrosa, pues por un lado los estudiantes más sobresalientes del país, con “Ser pilo paga” pueden ahora acceder a instituciones y una educación que por años fue reservada a las familias colombianas más acaudaladas, y lo hacen bajo una oferta específica de especialidades que ofrecen esas instituciones y que es su elección escoger.

Es decir, cerrar “Ser pilo paga” a cambio de más cupos en la educación superior pública, no parece una comparación admisible, más aún cuando nada garantiza hoy que esos cupos los tendrán exclusivamente los estudiantes sobresalientes de estratos 1, 2 y 3, en un sistema donde persona de cualquier estrato puede presentarse a esas universidades.

Además el programa no solo cubre el valor de la matrícula, sino también los auxilios necesarios para que desde las regiones más apartadas del país se llegue con estas oportunidades.

Por otro lado el inmovilismo tampoco parece que solucionará nada, en un país donde edificios de Universidades tan prestigiosas, incluso de mejor calidad como la Universidad Nacional se caen a pedazos a falta de recursos.

El problema radica en oferta y demanda, no se puede solo atender a la demanda de forma selectiva con un programa, se necesita mejorar significativamente la oferta. El quid del debate no está en terminar el programa, pero si en atender realidades como la mencionada por analistas como Aurelio Suárez “No se trata de llevar a 3 estudiantes del Chocó a los Andes, se trata de hacer en el Chocó una Universidad como los Andes”.

Medidas del Gobierno

El Gobierno por ahora dice “plantearse” unas acciones, entre las cuales están por un lado aumentar la oferta del programa haciendo que los estudiantes retornen parte de los recursos entregados una vez sean profesionales, además planea dividirlo en especialidades para equilibrar la elección de instituciones entre privadas 50% y públicas 50%, y aunque parecen medidas que mejorarían el programa, no son medidas que solucionen en el fondo el problema de la educación superior pública.

 

¿Una nueva “papa caliente” para el próximo Gobierno?

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