El debate del salario diferencial por regiones: pro y contras

Análisis Por

En los últimos meses se ha empezado a incorporar el tema del salario diferencial en la agenda económica nacional, en especial por recomendación de la OCDE, lo que ha originado que poco a poco se incorpore dentro de la agenda nacional y con una mayor fuerza desde la publicación número 1023 de borradores de economía del Banco de la República el pasado mes de octubre.

Pero la discusión del salario mínimo diferencial no solo es una discusión de tecnócratas, pues afecta los ingresos de todos los colombianos de una forma directa, esto ocurre porque el salario mínimo es el punto básico de referencia para fijar los demás salarios, pero también porque al generar un salario mínimo para cada departamento o región de Colombia esto repercutirá en el desarrollo regional y la desigualdad de los distintos departamentos.

En otras palabras, la idea es que Colombia tenga un salario mínimo diferente entre las diferentes regiones o departamentos, es decir, lo que un jornalero ganaría en Bogotá no sea lo mismo que lo que un jornalero gana en Riohacha, siendo este punto la base para definir el resto de los salarios, por ejemplo,  no sería el mismo salario que un profesor se gana en Santa Marta o en Medellín y así con el resto de los salarios.

El argumento central que se expone en la articulo publicado por el Banco de la República (que es el mismo que esboza la OCDE), es la necesidad imperante de atacar la informalidad laboral que en Colombia está alrededor del 50%, lo cual nos genera todo tipo de problemas porque implica que la mitad de los trabajadores no cotizan ni a salud ni a pensión, pero si reciben salud por medio del Sisbén generando una gran carga para el presupuesto nacional y en consecuencia limitando o eliminando sus pensiones a futuro (entre otra gran infinidad de problemas) y además está el desempleo que en algunos departamentos está a niveles extremadamente altos.

El problema con esta propuesta es que según la constitución y como lo ha reafirmado la Corte Constitucional, los salarios deben subir como mínimo la inflación, entonces si se quiere crear el salario diferencial se tiene que hacer subiendo más el salario en las regiones más productivas pero ajustar mínimo en el resto del país por inflación tal y como lo ha dicho la corte. Ahora bien, el problema es que esto no reduce la informalidad en ningún lado pues la distorsión entre salario y productividad se mantendría.

Además de las dificultades jurídicas que aunque parecen fuertes siempre se pueden modificar en el congreso, se tiene los efectos indeseados de esta política, el primero y más notorio de ellos serían los grandes flujos migratorios de las regiones con menores salarios a los de salarios más altos, lo que genera una sobre densificación en las principales ciudades y un diásporas de los departamentos menos productivos que casualmente son los más pobres, en un proceso normal que el mercado genera en busca del equilibrio. Este tipo de  procesos que se ve por ejemplo en los países que reciben migraciones en búsqueda de mejores salarios, y que evita la caída de los salarios en los países más productivos y el incremento en los menos productivos, ocurre por los controles migratorios que existen, cosa que en Colombia no se podría controlar, pues no existen restricciones migratorias entre todas regiones, y no se puede impedir el libre movimiento de las personas.

Además del problema de la migración interdepartamental que generaría una propuesta de salario diferencial, está el tema de la reducción de los ingresos de ciertos departamentos, lo que haría a sus comunidades más pobres de lo que ya son, efecto que reduce la demanda agregada de los departamentos que sufrirían la reducción salarial y a su vez contraería el PIB en esos mismos departamentos. A todo lo anterior, se suma que a su vez los impuestos recaudados en esas regiones se reducirían por la misma razón de los menores ingresos, problema que puede agravar los balances fiscales de un grupo de municipios y departamentos que ya se encuentran en riesgos fiscales o con serios problemas.

Estas razones hacen inviable la aplicación de este tipo de propuestas de flexibilización laboral que bajo la excusa de mejorar la competitividad de la economía nacional pueden generar un ajuste macroeconómico contractivo en un grupo de regiones, y recomponer la estructura de crecimiento regional de corto plazo que depende de la demanda agregada, sin mejorar las proyecciones de crecimiento de las mismas porque estas dependen de la productividad, no de la competitividad.

Este tipo de discusiones aparentemente de temas novedosos y de soluciones imaginativas o  innovadoras, no lo son, porque el salario mínimo diferencial por regiones existió en buena parte del siglo XX de una forma similar al planteado actualmente; entonces si el debate vuelve a la actualidad  se debe principalmente por las recomendaciones de la OCDE para flexibilizar el mercado laboral como un mecanismo para darle más competitividad a la economía colombiana,  recomendación que desconoce la historia y evolución de la economía colombiana junto con el hecho de que somos una república unitaria y no una nación federal que es de donde viene este tipo de sistemas salariales.

Lo cierto es que Colombia debe mejorar la competitividad, que es el verdadero motor de crecimiento de largo plazo, además hay que impulsar la competitividad estructural, es decir, la que permite tener menores costos o ser más eficientes en ciertos procesos no productivos (pero que afectan la esfera de la producción) y no generar competitividad por efectos de reducción de precios que no puede reajustarse en el tiempo, y mucho menos ajustando los salarios a la baja, pues el  efecto más indeseado es el incremento de la ya dramática desigualdad que vive Colombia.

 

Economista y Magíster en Economía de la Universidad Externado de Colombia. Docente de la Universidad Externado, Ex-analista de deuda del Ministerio de Hacienda. Asesor y consultor en modelación macroeconómica.

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