EL GUIÑO DE SANTOS: ¿BENDICIÓN O MALDICIÓN?

Análisis Por

El Presidente Juan Manuel Santos tiene una desfavorabilidad del 71% según Gallup y del 67% según Polimetrica, una imagen baja que hoy lo tiene como un Presidente de importantes desafíos frente a la opinión pública.

Pero otro dilema nace ante las elecciones del 2018, donde varios precandidatos que han trabajado de lado del Presidente quieren lograr los espacios para llegar a la Casa de Nariño.

Según la última encuesta de Polimetrica, el único de esos precandidatos que ha estado cercano al Presidente y que lidera la intención de voto a más de un año de las elecciones es el Exvicepresidente Germán Vargas Lleras con 10%, que se disputa ese lugar con el Exalcalde de Bogotá Gustavo Petro también con el 10%, y seguidos por la Senadora Claudia López con el 9%. Pero ¿Es eso una bendición o una maldición?

El apoyo de un Premio Nobel de Paz, que se ha hecho elegir Presidente dos veces, pareciera un guiño que cualquiera quisiera tener, pero ante lo que parece un claro desgaste producto de los Acuerdos de paz, errores de comunicación, una dramática Reforma Tributaria, y una imagen por el piso, hacen de Santos un Presidente que aparentemente tiene poco para dejarle a un candidato.

 

LO FAVORABLE 

De todas formas, más de uno intenta hacer malabarismo ante tal escenario, por ejemplo, el propio Vargas Lleras ha sido ambiguo en su visión de las iniciativas más difíciles del actual gobierno, entre ellas el Proceso de Paz, o dar prioridad a las relaciones internacionales.

Con este tipo de posiciones candidatos como Vargas buscan no solo desmarcarse de lo más problemático del Gobierno Santos, sino también tener por detrás un apoyo que aún puede ser sumamente beneficioso.

El Presidente Santos si bien tiene una gran desfavorabilidad, en el mundo es visto como un líder sólido, conciliador, un verdadero estadista a los ojos de regiones tan importantes como la Unión Europea, y relaciones que parecen seguir estables con grandes potencias como Estados Unidos, a quien a pesar del cambio de poder, ha intentado mantener un tono aliado.

Otro gran plus de un guiño del Presidente está en su capacidad de crear consensos dentro de la clase política, no se puede negar la creación la llamada Unidad Nacional, que agrietada y a medio andar, ha sido su demoledor impulsor en el Congreso, sea por la llamada “mermelada” o porque en temas clave como la paz, Santos logra convocar los votos de sectores opositores como el Polo Democrático o más independientes como los Verdes.

Ante semejante contraste, otros precandidatos parecen seguir la línea de sus convicciones frente a lo bueno de la gestión del actual Gobierno, como es el caso de Humberto De La Calle, que aún después de perder el plebiscito, aún después de tener encuestas en su contra frente a escepticismo de los colombianos con el proceso, si alguien genera confianza de que este llegara a buen puerto es él.

De La Calle la tiene difícil, pues aún no logra puntear en todas las mediciones sobre las elecciones, pero tiene varios puntos a favor, por ejemplo su importante espacio para crecer en imagen, de cerca del 34%.

Otro punto para De La Calle es su capacidad para crear consensos, pues es bien sabido que varios parlamentarios gustan de su candidatura, incluso parlamentarios no Liberales y personalidades que han estado en la oposición al Presidente, o columnistas que ya piden que se lance al ruedo.

El Ministro Juan Fernando Cristo, o personalidades de La U, como el Ministro Aurelio Iragorri, o el Embajador Juan Carlos Pinzón, han apoyado al Presidente hasta donde pueden desde sus cargos de Gobierno, y una eventual renuncia para lanzarse al ruedo estaría lejos de desmarcarlos de la imagen de Santos que seguramente llevarían a cuestas hasta el final.

Mientras tanto Senadores como Juan Manuel Galán, o Viviane Morales, han tenido una posición crítica frente algunos temas con el Presidente y de apoyo a algunas de sus banderas más importantes como la paz. Oportunidad perdida para personalidades como el Senador Roy Barreras, que se ha mostrado sumamente “santista” en casi todo debate, aunque cambiar de opinión no sería algo nuevo en su vida política.

Aún con tal baraja de nombres, algo queda claro, y es que ninguno de los precandidatos se ha hecho llamar “el candidato del Presidente” o “el candidato Santista” y mientras la maldición y bendición, coexistan en el guiño de Santos, la ambigüedad de sus precandidatos también.

 

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