EL QUE NO ESTÁ CONMIGO

Análisis Por

Colombia siempre ha aplicado de manera magistral la frase de Jesús de Nazareth: “el que no está conmigo, está contra mí”, la cual se ha aplicado en todas las esferas de la vida, especialmente en el aspecto religioso, que como en muchos países ha sido el elemento cohesionador por excelencia de la idea de nación.

En los últimos días gracias al debate del referendo promovido por dos millones de firmas de la minoría cristiana-evangélica-protestante colombiana, muchos influenciadores a nivel nacional se han escandalizado y asombrado porque entre los militantes del Partido Liberal existen líderes y lideresas abiertamente cristianos-evangélicos-protestantes, demostrando un patético nivel de ignorancia frente a la relación que el liberalismo ha tenido con estas minorías religiosas, desde la década de 1930.

En las décadas de 1930-1940, la cuestión religiosa en el país tenía un importantísimo lugar entre la opinión pública, gracias al relevante papel de los obispos católicos, para quienes la religión católica estaba íntimamente unida a la entraña misma de la nacionalidad colombiana, por lo que era menester sacrificar sin vacilaciones hasta la vida misma por defender la unidad religiosa de los colombianos alrededor de la Iglesia Católica (Pastoral Colectiva de 1944).

En esas épocas, cuando al grito de “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Laureano Gómez! ¡Abajo el Partido Liberal!” los feligreses católicos y miembros del Partido Conservador defendían su idea de patria, macheteando liberales, comunistas y protestantes, era lógico que estos tres unieran esfuerzos y se cohesionaran alrededor del Partido Liberal, como mecanismo de defensa política y militar.

Con el pasar de los años, la defensa de la separación del Estado colombiano de la Iglesia Católica, paso fundamental para garantizar la libertad de culto, fue una de las banderas más grandes que el Partido Liberal Colombiano alzaba contra el viento y que al fin pudo materializar en la Constitución de 1991.

Ahora, a pesar de la evidente realidad histórica, algunos líderes de opinión solicitan “coherencia” y en una manera que Torquemada envidiaría, exigen que el Partido Liberal realice una purga de esas minorías execrables, que atentan contra la “libertad y la democracia”. En ese punto, asalta una duda fundamental: ¿Qué pensarían Uribe Uribe y Gaitán, líderes históricos e ideólogos clásicos del Partido Liberal en éste debate?

Al revisar los textos referentes a éste tema, sólo la pluma de Rafael Uribe Uribe fue la más fecunda con respecto a la cuestión religiosa, recordemos que Don Rafael era católico, anticlerical y masón y que uno de sus libros terminó proscrito por la Iglesia Católica.

Al respecto, Uribe Uribe afirmaba en “El liberalismo, sus programas y la cuestión religiosa”, (disponible online: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/politica/pensa/pensa20.htm), que  “mientras en el programa liberal no se plantee problema alguno relacionado con las doctrinas o con los intereses de la religión, un católico puede sin reato de conciencia, pertenecer al partido”.

Si para el siglo XIX, el jefe eminentemente anticlerical de un partido político, aceptaba la idea de que aquel estuviera abierto a todas las religiones, como claro ejemplo de libertad, pensar que en el siglo XXI, el siglo de  la  “era de la libertad y la democracia” alguien pudiera suponer que un partido político debiera cerrarse a la manifestación espiritual y religiosa de sus miembros, es verdaderamente un ejemplo de cuán hipócrita es ese discurso.

Continuaba Don Rafael en el citado texto que “en el programa liberal no hay para qué incluir profesiones de fe, porque como partido que aspire a ser gobierno no es escuela que represente teorías sino organismo de programa práctico, programa que se modifica y reconstruye a través de los años”, es decir que en un claro ejemplo de libertad,  el Partido Liberal Colombiano, ha de ser, como en efecto lo sigue siendo, un partido pragmático, que busca soluciones generales, sin meterse en la intimidad de las cuestiones religiosas de sus miembros.

Ahora, con éste repaso sobre la  clásica ideología liberal, no se pretende defender el discurso fundamentalista de algunas iglesias cristianas-evangélicas-protestantes, que a todas luces están en la vía del conservadurismo social,  sino defender su participación en un Partido que históricamente ha defendido la libertad con el mismo ahínco que ha defendido las causas que buscan la equidad.

Pretender segregar a las minorías cristianas, exigiendo su salida de un partido político que históricamente les ha defendido, es volver a la época en que la mayoría católica les proscribía, perseguía y hasta mataba, justamente por pensar diferente.

Hacer realidad la purga que el analista de Ola Política Miguel Leal exige, sólo porque algunos discursos fundamentalistas de los líderes y lideresas cristianos va “contra corriente”, sería un verdadero contrasentido, ya que exigirle a un liberal que coarte la libertad de alguien más, sólo sucede con los libertarios, no con los social-liberales.
Mientras dure esta lucha aguda entre el fanatismo y la tolerancia, no habrá tranquilidad ni paz verdadera en esta tierra. Rafael Uribe Uribe.

Zootecnista Universidad Nacional de Colombia, Candidato a Magíster en Producción Animal de la Universidad Nacional. Coordinador Nacional para asuntos de Paz de la Organización Nacional de Juventudes Liberales.

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