El terremoto de la corrupción

Análisis Por

La corrupción, un tema espinoso en un país donde los casos parecen florecer todos los días, además un tema que implica una mirada profunda a la forma como se hace política en el país.

Esta semana ha iniciado con una oleada de noticias al respecto, destapando sin piedad las antiguas ollas podridas de la corrupción nacional.

Este tema llega como un verdadero terremoto contra los más grandes electores, por un lado tiene en prisión al Senador Bernardo “Ñoño” Elías, y fugitivo al Senador Musa Besaile, dos de los congresistas más votados del país.

De hecho ayer se compulsaron copias por un nuevo contrato, entre el Concesionario Ruta del Sol y el Ministerio de Transporte, no solo al Senador Elías, sino también a Antonio Guerra.

En Bogotá se confirma la condena de 24 años de prisión al Exalcalde Samuel Moreno Rojas por el carrusel de la contratación, y además se le abre una investigación por el caso Odebrecht, pues al parecer durante su Alcaldía, el Acueducto de Bogotá tuvo injerencia en que la empresa brasileña ganara la licitación del contrato Tunjuelo-Canoas.

 

La corrupción como tema

Pero mientras los corruptos caen, la campaña a la presidencia avanza, ¿Qué efectos tiene que este tema se convierta en bandera a la presidencia en 2018?

Por un lado se presta para la manipulación, mientras los ciudadanos relacionan los casos de corrupción a los Partidos Políticos, olvidan al firmar las hojas de los movimientos que las recogen para sus candidatos, de donde vienen y si es la institución como Partido la corrupta o sus miembros.

Más de 25 candidatos por firmas, podrían ser el reflejo de culpar a los Partidos por la corrupción, mientras los que tomaron decisiones dentro de esos mismos Partidos componen la lista de los que se presentan por firmas, no se puede decir que todos ellos son corruptos, pero tampoco esperar que no tengan responsabilidad política.

Los llamados abanderados “anti-corrupción” se multiplican y posicionan casi tan rápido como los casos que hunden a sus amigos. Otros que han hecho política limpia y sincera, son víctimas de aquellos que solo esperan lograr rebajarlos a su nivel ante la opinión pública.

A propósito, el expresidente Álvaro Uribe, atacó esta semana a Sergio Fajardo (con quien siempre tuvo relaciones amistosas), y una vez más a Claudia López por: “falsos profetas”, y afirma que: “La doctora Claudia López y el exalcalde Sergio Fajardo vienen a Medellín a decir que luchan contra la corrupción, pero no dicen que apoyaron al Gobierno corrupto de Juan Manuel Santos”.

¿Solo durante este Gobierno ha existido la corrupción?. Es interesante observar que varios de los grandes escándalos que tantos titulares se toman hoy los medios, ocurrieron en este y desde el anterior Gobierno, o incluso antes.

Lo que pasó en REFICAR como uno de los casos de mayor fuga de recursos en el país, no fue una contratación hecha en el Gobierno Santos, como tampoco lo fue en el caso del exministro de transporte que afirma aceptó sobornos durante el Gobierno Uribe.

Finalmente queda la manipulación, pues pretender decir que todos son manzanas podridas no da credibilidad a la política, ni soluciona el problema, pero decir que “solo allá” fueron los culpables tampoco.

El reto para el candidato que logre posicionarse con las banderas anti-corrupción, será combatirla no sólo de forma sistémica, sino también cultural. Es decir, el debate va más allá de llamar a gritos “corrupto” al que no piensa igual, que más que un club de acusaciones mutuas, la campaña sea un debate de atrincherarse por el futuro.

 

¿Quién se quedará con las banderas de la lucha contra la corrupción? Falta poco para saberlo.

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