La violencia de pareja: NO ES NORMAL

Análisis Por

En la sociedad colombiana, como pasa en muchos países del mundo, existen muchísimas cosas a las que llamamos “normal”. ¿Es “normal” que una persona sacrifique parte de su profesión, sus amigos e incluso a veces su familia por una relación?, ¿Es “normal” que en una relación una persona deba imponer que la otra no debe trabajar o tener manejo de sus propios recursos?, ¿Es “normal” que una persona deba soportar maltrato físico, psicológico, o económico?, aceptar un infidelidad y pasarla por alto ¿Es “normal”?.

Las respuestas a esas preguntas que parecen tan cotidianas, varían de acuerdo al contexto que vive cada persona, pero definitivamente soportar, aguantar, o callar, no debe ser nunca una opción.

Quizás muchos se pregunten los motivos por los que siempre se relacionan a mujeres víctimas de sus parejas en estos hechos (porque casos de hombres víctimas existen), pero lo cierto es que las cifras revelan que es el género femenino el que más frecuentemente soporta este tipo de maltrato.

En 2018 ya van más de 3.104 casos registrados de violencia de género, es decir 50 al día, y lamentablemente son solo los registrados, pues la realidad es que cada 28 minutos una mujer recibe maltrato, y dos mueren diariamente producto de ello, solo en nuestro país.

Según estos datos de un informe de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, solo tres de cada 10 mujeres denuncian.

Si las cifras no le parecen suficientes, existen casos como el registrado en Let it Happen, donde una mujer conductora de un Uber confiesa el maltrato sufrido por su pareja, primero psicológico, y más tarde físico, sin apoyo de su familia, que le aconsejaba no separarse o denunciar por proteger a sus hijos. Al final, Angélica (nombre tomado para el caso registrado) decidió denunciar, y trabajar como conductora de este sistema para mantener a su familia.

El problema sin duda es doble, por una parte es cultural, continuamente familiares, amigos y conocidos, aconsejan a mujeres maltratadas de cualquier forma, callar, perdonar, y seguir, sin medir la ola de acontecimientos que podría ocurrir luego del inicio de ese maltrato.

De la misma forma, a los hombres, series de televisión, familiares, o amigos, inculcan la cultura de la posesión, su pareja es una “especie” de posesión, a la que se financia, se impone, o se controla.

El segundo problema está en el propio sistema judicial, se ha avanzado en centro especializados en maltrato familiar, o en las denuncias, pero el sistema pasa por el mismo inconveniente que otros delitos: Policías no capacitados que no consideran una agresión de este tipo algo grave o de prioridad, condenas que no reflejan la complejidad de la situación, y desidia del sistema judicial en su conjunto para tramitar estos casos.

Constantemente la persona maltratada, debe abandonar la casa y no el maltratador, la seguridad posterior de la persona que ha sufrido esto no es la adecuada, o en ocasiones no se considera un peligro para la sociedad a la persona que ha usado maltrato físico contra otra y quedan libres.

 

El castigo social

Finalmente, la gran herramienta social debe ser el rechazo total a este tipo de acontecimientos, un rechazo colectivo al victimario, sin importar su cargo, rango, profesión, posición social, capacidad económica, o género, etc.

Si el castigo social fuera lo suficientemente fuerte, la lección inmediata sobre estos hechos sería más severa, incluso que el solo funcionamiento del sistema judicial. Y como lo tomamos del caso citado en esta nota:

Si están en una mala relación, si no están felices, si les parece que algo no va bien, no se queden ahí. Sean fuertes, no dejen que les hagan daño, solo alejen a esa persona de su vida, no sin antes desearle mucha paz y tranquilidad.

Por supuesto, si ya están en una situación más compleja, no se queden calladas(os), existen muchas formas de denunciar y, aunque no confiemos en nuestro sistema penal, al menos harán mucho ruido.

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