Entender la carga que tiene un alto funcionario del Estado más allá de criticar

Análisis Por

Imagine que recibe un cargo donde cada una de sus decisiones podría llevarlo a una sanción que le impediría ejercer cargos en esa área por décadas, donde el presupuesto requiere toda clase de trámites en entidades que no dependen de usted, e incluso donde cada paso que da afectará a miles o millones de personas.

De eso se trata tener un alto cargo en el Estado, y aunque estamos acostumbrados a realizar análisis de los errores y/o omisiones que cometen aquellos que están en funciones, es necesario recordar el nivel de responsabilidad y margen de decisión que poseen aquellos que llegan a estas posiciones.

El nuevo gobierno sin lugar a duda ha cometido varios errores de principiante en medidas cruciales para el país, pero no podemos detenernos solo en la crítica y afirmar que su tarea es sencilla y lógica, cuando las variables de toma decisiones en el Estado son tan complejas y acarrean tantas consecuencias (tanto para los ciudadanos como para aquellos que toman las decisiones).

Es interesante observar como muchos analistas, políticos, columnistas, periodistas, o ciudadanos líderes de opinión, se dedican exclusivamente a criticar a un gobierno, sea el actual o alguno de los anteriores, la crítica es bienvenida como forma constructiva y democrática de equilibrio de poderes y libertad de expresión, pero por un momento cabe sentarse a preguntar ¿Qué haría esa persona si estuviera en los zapatos del gobernante?

De la misma forma que criticamos que el actual presidente no tuviera experiencia liderando grandes entidades del Estado, o tomando decisiones tan complejas antes de ser el mandatario de los colombianos, también cabe hacer esa reflexión sobre quienes emiten las críticas que vendrán estos cuatro años.

Un ministro, alto consejero, director de una entidad, o que tenga un cargo de alta responsabilidad en el Estado, siempre tendrá leyes, procedimientos, obstáculos, e incluso falta de voluntad política de aquellos que lo rodean para lograr grandes transformaciones, sobre todo recién llegado a su cargo.

Un ministro con 100 días de posesión, además de tomar decisiones y planear su paso por ese gobierno, está también sometido a un tiempo de adaptación, de acostumbrarse a los funcionarios que no puede despedir o reemplazar con la facilidad que ocurre en la empresa privada, de acostumbrarse a los tiempos que conllevan sus decisiones o iniciativas, un presupuesto, o una reestructuración que se dé dentro de los términos establecidos por la ley y sin corrupción, no toma uno o dos meses, y seguramente el nuevo funcionario tendrá que desistir o replantear diariamente muchos de los detalles de esas decisiones.

No se está intentando justificar al gobierno Duque, o a los anteriores, ni restringir la crítica constructiva solo a un selecto grupo de exfuncionarios, precisamente lo que se busca es entender con una segunda mirada la labor de un nuevo gobierno, y la carga que lleva asumir, adaptarse y llevar a cabo esa labor, más aún cuando no estamos hablando de un gobierno de continuidad de políticas.

Aquel que está 4 u 8 años criticando una misma gestión, bien puede estar haciendo una valiosa gestión de control político o social, pero también cabe preguntarse si alguna vez tuvo tal peso y responsabilidad diaria, para emitir ese constante juicio, sin quedarse como el espectador de un partido de futbol que grita al televisor lo que debería hacer el director técnico. ¡Qué bueno que en una democracia tengamos en cuenta todas las visiones!

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