¿Habrá, por fin, reforma política?

Análisis Por

De nuevo el Congreso Nacional ha vuelto a analizar el tema de la Reforma Política. Ocurre cada cuatrienio, con mayor o menos énfasis según el talante político del nuevo gobierno. En esta oportunidad se han presentado proyectos del gobierno nacional y de los partidos políticos,  y a esta hora ya la Comisión Primera del Senado estudió y aprobó en primer debate unas materias, dejando otras al análisis de la segunda vuelta y algunas a un trámite posterior en el propio Congreso. Entre los asuntos que pasarán a segundo debate en el Senado están la lista única para corporaciones públicas, representación efectiva de género en las listas y la financiación de las campañas políticas por parte del Estado.

Como se acaba de decir, no es la primera vez que el Congreso Nacional se ocupa de tales menesteres. En el gobierno del Presidente Andrés Pastrana se adelantó una reforma de las mismas dimensiones que llegó hasta el octavo debate, en el cual fracasó la enmienda por la testarudez del gobierno nacional de no permitir modificar “ni una sola coma” a su proyecto y porque el Partido Liberal, cauteloso sobre las facultades que pedía el gobierno “para hacer la paz”, decidió, con la colaboración de otros partidos no gobiernistas, hundir la reforma. También hubo intentos fallidos de modificar el sistema político, incluidos los temas mencionados, en el gobierno del Presidente Uribe y en el gobierno del Presidente Santos. Es decir, ya llevan 20 años las discusiones parlamentarias, sin resultado ninguno.

Otro tema discutido por años, dentro de los importantes, es la reforma del sistema electoral. Ese viene desde la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, cuando se propuso y estudió separar la función electoral de las tareas propias del registro civil y reemplazar el Consejo Electoral por un Tribunal con funciones jurisdiccionales, lo que entrañaba acabar con la Sección Quinta del Consejo de Estado.

El trámite de una reforma constitucional.

Todas las reformas comentadas exigen cambios constitucionales, y reformar la Carta Mayor impone trámites más dispendiosos que los correspondientes a la aprobación de una ley ordinaria. Si para esta se necesitan 4 debates en el Congreso, reformar la Constitución impone 8 debates. Hasta el momento solo se aprobó el primer debate. Es decir, faltan bastante tiempo y muchas discusiones.

La lista única a Corporaciones Públicas.

La lista única de candidatos para las corporaciones públicas es una necesidad. Se estableció para salir de la época del bipartidismo liberal conservador, en la que los partidos políticos no tenían organización, ninguna responsabilidad ante el Estado y la sociedad, se coordinaban a la voluntad de cada quien, se presentaban al electorado tantas listas como los aspirantes quisieran y regía el sistema del cociente electoral, con el que se realizaba un juego de minorías sin que los elegidos tuvieran ninguna representatividad. El remedio resultó peor que la enfermedad, creándose un sistema en la que impera el canibalismo entre los miembros de un mismo partido político, de manera tal que gana quien más pueda perseguir y cuestionar a sus compañeros de lista. Este método, que propicia al máximo la corrupción electoral, ha sido eliminado en todos los países democráticos.

¿Qué les toca a las mujeres?  

En el actual sistema político se advierte poca presencia de la mujer en el Congreso, las Asambleas Departamentales y los Consejos Municipales. Se argumenta que los hombres, con su acostumbrado machismo, no les dan oportunidad. Actualmente se exige que en cada lista el 30% de sus integrantes sean del género femenino, pero se alega que siempre las colocan en puestos que no son elegibles y que deben someterse a las mismas reglas electorales de los hombres sin que puedan disponer de mecanismos ni herramientas que les permitan competir al mismo nivel. Las elegidas son la excepción y por ello se reclaman las listas paritarias. Siendo que los hombres son mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes, se supone que salga adelante el planteamiento de que al menos, en las listas únicas del futuro, se intercalen mujeres y hombres en la proporción de dos a uno. Así, al menos, las mujeres asegurarán un tercio de las curules en las Corporaciones Públicas. No es suficiente, pero ese es el camino que lleva la reforma y puede ser un buen comienzo para una posterior reforma más radical.

Financiación de las campañas y corrupción.

Se espera que la financiación de las campañas por parte del Estado sea suficiente para acabar con la compra de votos y con la circulación de dinero en efectivo, generalmente de origen indeseable, en las campañas políticas. Pero no parece que el Congreso esté dispuesto a acabar de tajo con la financiación privada, que es la fórmula apropiada y recomendable. Dejar una ventana abierta para que en algún porcentaje los particulares aporten dinero para hacer la política, será muy parecido a lo que hoy existe, lo que permite de manera impune que las curules, salvo excepciones, se manejen según la ley de la oferta y la demanda. Es decir, el que más tiene dinero para comprar líderes, votos y funcionarios deshonestos, es el elegido. Si hay lista única, pasara lo mismo a nivel de los partidos políticos: entre más plata ilegal, más curules elegidas.

¿Por fin se reformará el sistema electoral?

Es inconveniente a todas luces que una misma institución realice el registro civil de las personas,  maneje la cedulación, y además haga las elecciones y proclame a los ganadores y perdedores. Es lo que ocurre en el país, a lo que se ha agregado un Consejo Nacional Electoral que resuelve reclamos y disputas administrativas, en un ambiente muy enrarecido, correspondiéndole al Consejo de Estado decidir de fondo las controversias judiciales. Lo conveniente es que se haga el registro civil y la cedulación en una Entidad, que otra organice y haga las elecciones y que se apruebe un Tribunal Electoral con fuerza jurisdiccional, en cambio del actual Consejo, con lo cual se eliminaría la Sección Quinta del Consejo de Estado.

El voto estímulo o pedagógico.

Ojalá el Congreso Nacional se atreva a aprobar el llamado “voto obligatorio”, sin sanciones carcelarias ni confiscatorias, siquiera por unos tres períodos a título de hacer pedagogía sobre la necesidad de que los ciudadanos participen en las elecciones. Votar es un derecho y un deber, desatendido por más de la mistad de los ciudadanos. Esta medida sería el complemento ideal a las reformas en trámite.

¿Será que ahora sí? Ya es hora.

No hay muchas razones para ser optimistas en cuanto a modificaciones trascendentales, pues es cierto que en las Corporaciones Legislativas una cosa es lo que se propone y otra muy distinta lo que finalmente se aprueba, si es que se aprueba. Pero ya es hora de que los propios políticos, desprestigiados hasta el tope, tomen con seriedad sus importantes funciones y se preocupen por asear la política. Es lo que le conviene a los políticos serios y honrados, que los hay, y nos conviene a todos los ciudadanos. Hay que vigilar de cerca a las señoras y señores congresistas.    

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