JÓVENES EN LA POLÍTICA: MÁS DE LO MISMO

Análisis Por

Si existe un común denominador a la hora de pensar en la renovación política en el país, es la llegada de jóvenes, comúnmente se cree que estos traerán nuevas prácticas, y cambiarán la visión sobre cómo se debe hacer política.

En el Congreso de la República la edad más jóven de entrada en promedio hoy, está en un aproximado de 30 años aunque el Artículo 177 de la Constitución les permite a candidatos registrarse desde los 25 años, con este promedio de edad de entre 30 y 40 llegaron figuras como el hoy Presidente de esa corporación Mauricio Lizcano en 2006, tampoco tenían 40 años cuando llegaron al Congreso otras personalidades como Armando Benedetti, Álvaro Uribe Vélez, o Germán Vargas Lleras.

Y aunque varios de los nombres mencionados seguramente serán recordados por diferentes cambios traídos en su momento a la política nacional, ninguno será recordado por cambiar sustancialmente las prácticas políticas heredadas en el país, algunas remontadas desde el Frente Nacional. Es más, Roberto Gerlein, no tenía 35 años cuando fue elegido Congresista en 1968, y desde entonces se ha hecho elegir hasta la fecha.

El hecho de elegir jóvenes en Colombia parece convertirse en un giro interminable de promesas rotas, de personalidades que llevan las mismas prácticas a todo nivel al que llegan, que parecen no lograr encontrar la renovación que tanto pide el país.

Pero ¿dónde está su génesis?. Probablemente un lugar a dónde no se ha visto con detenimiento es a las juventudes de los Partidos políticos, sus prácticas, sus reglas, sus formas de elección, su juego de poder. ¿Qué tan independientes son realmente?, ¿Qué tanta influencia reciben de los parlamentarios dentro de cada partido?, ¿Cuántos de esos jóvenes que las dirigen llegaron con el apoyo de un político u otro e incluso vienen de trabajar en sus oficinas?

No es posible decir que dicho origen es un delito, o que hace que el sistema esté viciado, pero si parece un común denominador de unas juventudes que regularmente llegan al poder y a reemplazar a sus padrinos políticos.

A este análisis no parece sobrevivir ningún sector, ¿Cuántas veces hemos visto a los líderes de juventudes de izquierda llegar con nuevas prácticas a la política? ¿Cuántos prometedores jóvenes nos ofrecieron en el conservatismo, liberalismo, la U, los verdes, o movimientos más pequeños que hoy busquen verdaderas salidas alternativas? Escasos.

No todo pinta de color gris, de hecho muchos de ellos son recordados por estar en solitario intentando hacer rigurosas rendiciones de cuentas, o buscar reformas estructurales al sistema, pero en general las generaciones entrantes parecen llegar viciadas con la idea de una política hecha tal y como se han planteado sus antiguos jefes políticos.

El debate ya no parece ser de delfines, pues no podemos culpar a alguien por tener un padre-madre de origen político específico, sino que pasa sobre la forma como buscan relacionarse con el Estado, su búsqueda de llevar recursos a su región, de rendir cuentas, de votar proyectos de ley progresistas en un Congreso que no ha podido legislar ni para comunidades como la LGBT, ni para temas taurinos, ni menos para garantizar una adecuada descentralización, no, el círculo vicioso parece repetirse una y otra vez.  

 

¿CUÁL ES LA SALIDA?

La pregunta sobre cómo podemos hacer que las juventudes que llegan a la política no repliquen los modelos heredados de prácticas políticas viciadas, pasa por preguntarnos más a fondo sobre su origen, sobre cuántos llegaron por su constante trabajo desde e interior de los partidos, o como líderes sociales, o incluso académicos.

En el caso de los Partidos políticos, la vigilancia y modificación de leyes que permitan una verdadera democracia interna e independencia de estas estructuras es fundamental para crear instituciones que a perpetuidad formen líderes que no crezcan por el número de amigos en el congreso o gobierno, sino por su capacidad de liderar procesos electorales dentro de esas instituciones alrededor de programas claros y visiones ideológicas definidas.

El trabajo por renovar la política colombiana no parece un trabajo exclusivo de las elecciones de 2018, sino también un trabajo de cambiar nuestras costumbres políticas, dignificar la labor de los que nos representan y así ir esterilizar el sistema desde su origen. Una labor de años y no de meses.

1 Comment

  1. “El debate ya no parece ser de delfines, pues no podemos culpar a alguien por tener un padre-madre de origen político específico”.

    Juan Manuel, Simón, Horacio José, Miguel… esos jóvenes, más allá de sus capacidades y virtudes, han llegado a donde han llegado gracias a sus padres y abuelos. La culpa no es de ellos, sino de sus mayores, padres y mentores políticos.

    Heredar el poder desgasta el concepto de la igualdad junto con la meritocracia y hace que el debate sí pase por imperiosa necesidad de eliminar el delfinazgo.

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