La libertad de expresión en la época de la generación hiper

Análisis Por

Los centennial (nacidos a partir de 1997) y los millenials  (nacidos a partir de 1985), entre las características que poseen tienen una que casi que atraviesa las demás: son/están “hiper”: son hipersensibles hacia la crítica y la autocrítica, están hiperconectados a las redes sociales, son hipercorrectos políticamente hablando.

Yo mismo como un millenial temprano comparto esa característica: soy hiperactivo, hiperbólico, pero sobre todo hipercrítico.

Tal característica (ser/estar hiper) en cuestiones de relación Estado/sociedad, está hipertrofiando uno de los valores más esenciales de la democracia liberal, aquella que nos tocó (recordemos que también existen otros tipos de democracia, como la democracia no liberal): la libertad de expresión.

Pero ¿Qué es la libertad de expresión? De acuerdo con el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, “comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas sin consideración de fronteras y por cualquier medio de transmisión”; derecho que de acuerdo con el primer principio de la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la Comisión interamericana de Derechos Humanos del año 2000: “es, además, un requisito indispensable para la existencia misma de una sociedad democrática”.

Ahora bien, más allá del debate sobre lo que se ha denominado la voracidad de los derechos humanos con respecto a la democracia que sustenta a los Estados  Latinoamericanos, quisiera poner el foco sobre las acciones grupales que motivadas por ímpetus personales, llevan a algunos grupos humanos, especialmente jóvenes, a imponer su “derecho” a la libertad de expresión, sobre el “derecho” a la libertad de expresión del otro/a.

Porque todo apunta a que la hipersensibilidad millenial-centennial está atacando la base de la sociedad democrática latinoamericana con la imposición de una nueva moralidad, basada en una hipercorrección política, que está hipertrofiando el control social sobre la expresión libre de las ideas de todos y todas, a partir del hiper-uso de la censura.

Ya lo decía un estudio del Pew Research Center sobre Libertad de Expresión y medios de comunicación, publicado el 20 de noviembre de 2015 (http://www.pewresearch.org/fact-tank/2015/11/20/40-of-millennials-ok-with-limiting-speech-offensive-to-minorities/):

los millenials estadounidenses son más simpatizantes que las generaciones mayores a decir que el Gobierno debería ser capaz de prevenir que la gente haga declaraciones ofensivas sobre grupos minoritarios”. Con un 40% los estadounidenses entre 18 y 34 años, la totalidad de los millenials y los centennials, son el segmento poblacional más propenso a la regulación gubernamental que los otros segmentos (27% segmento 35 a 50 años; 24% segmento 51 a 69 años y 12% segmento 70 a 87 años).

Aunque en Colombia no se han realizado estudios similares por segmentos de población (todos son sobre libertad de prensa y sobre las censuras, amenazas y atentados contra periodistas, que desde Antonio Nariño hasta Jaime Garzón, han sido los blancos favoritos del poder político de turno), sí se pueden inferir que algunas acciones de las llamadas audacias menores de 35 años, estarían afectando  la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas, que no es ese ramplón discurso ofensivo, vulgar, mentiroso, falaz, adulador, delictivo, violento e incitador al delito,  que algunos creen de manera temeraria es libertad de expresión.

Acciones como por ejemplo el cierre del canal de Youtube del anulado por corrupción Exprocurador Alejando Ordoñez, las twiteratones para cerrarle la cuenta de Twitter del senador Álvaro Uribe Vélez, los mensajes que solicitan que las senadoras Viviane Morales y Sofía Gaviria sean expulsadas del Partido Liberal por ser capaces de difundir las ideas que tienen, los llamados que Zuluaga hace para que cierren la cuenta de Twitter que evidentemente es una parodia, las twiteratones que los uribistas hicieron en contra de Daniel Samper Ospina por su enfrentamiento con el senador Uribe Vélez y todas las individuales acciones que solicitan de manera vehemente y hasta grosera dejar de hablar, dejar de emitir comunicados, amenazar con hacer denuncias masivas para cerrar cuentas en Twitter, Youtube y Facebook, en fin, acciones de censura y microcensura que harían llorar de alegría a Noemí Sanín.

La gran pregunta es, ¿la actual generación de jóvenes en Colombia será capaz de, en el marco del numeral 2 del artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos, aumentar las “responsabilidades ulteriores”, de quienes hagan uso del derecho a la libertad de pensamiento y de expresión, responsabilidades que “deben estar expresamente fijadas por la ley y ser necesarias para asegurar: a. el respeto a los derechos o a la reputación de los demás, o b. la protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas”?

¿Será posible que los jóvenes militantes de los partidos y movimientos políticos sean capaces de llegar al Gobierno a generar mecanismos de coerción que promuevan la autocensura por parte de quienes se atreven a opinar de todo?

Zootecnista Universidad Nacional de Colombia, Candidato a Magíster en Producción Animal de la Universidad Nacional. Coordinador Nacional para asuntos de Paz de la Organización Nacional de Juventudes Liberales.

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