LA PRIMAVERA CONTRA LA CORRUPCIÓN

Análisis Por

El país se despertó de la pesadilla de la guerra y se encontró con el monstruo de la corrupción devorándose la democracia. No es que la corrupción nunca hubiera estado presente, sino que ahora se ve con total transparencia. Y sus garras son enormes y se han tragado los recursos de la educación, la salud, las carreteras, la justicia social, la equidad.

Más de un año después de que los colombianos dejaron de estremecerse con las cruentas noticias del conflicto armado, la agenda mediática está cargada de noticias sobre la catástrofe moral que como una avalancha se lleva por delante los cimientos de la institucionalidad.

Los escándalos de Odebrecht, Reficar y otros tantos que han explotado en los últimos meses, mantienen en el hastío a la ciudadanía. El resentimiento represado contra la clase política de pronto comienza a florecer. Un año antes de las elecciones presidenciales, la primavera contra la corrupción muestra sus primeros colores. Lo dicen las encuestas.

Son graves las heridas que dejaron 52 años de lucha armada interna; una guerra fratricida que dejó más de ocho millones de víctimas, más de 500 mil muertes violentas, miles de fosas comunes y una larga historia de verguenza humanitaria. Se necesitarán décadas para que Colombia recupere ese tiempo perdido en el que lo peor de la condición humana recorrió los campos y ciudades colombianas, y sectores degradados de la clase política junto a los terranientes y sectores aislados de la fuerza pública parieron al paramilitarismo.

El llamado posconflicto apenas comienza y la extrema derecha le dispara desde todos los frentes a los acuerdos de paz para tratar de darles indigna sepultura. Y mientras fracasan en su intento, porque los acuerdos se consolidan día a día, el país entiende que la paz aún no ha llegado, porque toca construirla en medio del torbellino de la intolerancia que se respira en las regiones donde el paramilitarismo aún reina.

Y en medio de ese hucarán de acontecimientos, en el que la popularidad del Presidente Santos cae montaña abajo, las elecciones presidenciales comienzan. Y el tema no es la paz, sino la corrupción. Para la mayoría de la opinión pública las Farc son el pasado y el proceso de paz un tema chuleado, como dice el Procurador Fernando Carrillo Flórez.

Los candidatos que parecían invencibles hace unos meses de pronto se han vuelto invisibles o han quedado debajo de la avalancha de denuncias sobre los casos de corrupción. El Centro Democrático pareciera hoy no tener candidato. Uribe dispara trinos que ya no matan ilusiones. Sus buenos muchachos no logran impactar la agenda pública de manera positiva.

Óscar Iván Zuluaga ha congelado sus aspiraciones a la espera de que la Fiscalía defina su destino: la cárcel, el exilio o las urnas; Iván Duque, el prometedor senador que estaba llamado a renovar la política quedó atrapado en el escándalo de la financiación ilegal de la campaña de 2010 de su colega Óscar Iván; Carlos Holmes Trujillo no despegó.

Uribe intenta sacar ases de su carriel paisa. María del Rosario Guerra sonó apenas unos días. Guerra es un apellido catastrófico en tiempo de reconciliación. Y quedan Luis Alfredo Ramos y el inefable Fernando Londoño Hoyos, quien reza para que el Consejo de Estado le tumbe la sanción de 15 años que le impuso la Procuraduría. Pero en tiempos de lucha contra la corrupción el pasado de Invercolsa es una carga demasiado pesada.

El Centro Democrático podría, si el Consejo Nacional Electoral y la Fiscalía lo decidieran, perder la Personería Jurídica y quedarse sin candidato presidencial. Sería su hecatombe.

Por el lado de Cambio Radical, las cosas tampoco son fáciles. Le pesan los escándalos de La Guajira, Magdalena, Casanare y otros departamentos donde la clase política ha saqueado el erario y sin ninguna vergüenza se declaran dueños de la moral. Su candidato no tiene nada asegurado. En las encuestas esta por debajo de otros aspirantes que no tuvieron la exposición mediática de los últimos años, ni manejaron los billones de la infraestructura vial y las casas gratis. Vargas Lleras Germán no es el man. Su campaña sufre el garrotazo de la indiferencia ciudadana, hastiada de su arrogancia, soberbia y mala educación.  El candidato del coscorrón de pronto parece un gorrión, no el aguila que antes se creía.

El Liberalismo tendrá candidato propio que participará en una consulta interpartidista con el partido de la U. nadie sabe quienes estarán en ese tarjetón. Pero las alarmas están prendidas. El palo no esta para cucharas. O escogen bien su candidato o el país les dará de nuevo la espalda. El Liberalismo tiene a Humberto de la Calle y a otros posibles aspirantes. Hay con quien dar la batalla.

Pero la Primavera contra la corrupción tiene su semilla en los candidatos independientes. De quienes ocupan los seis primeros puestos en las elecciones, cinco son de izquierda o independientes. Y el peligro del populismo enciende las alarmas. El país ya vivió ocho años de populismo de extrema derecha uribista, el péndulo puede estar regresando a la izquierda.

Las elecciones de 2010 fueron un intento de las clases medias por derrotar, con Antanas Mockus, a la extrema derecha uribista. Fue una primavera verde frustrada. Alcanzada la paz y después de ocho años de santismo, quizá la primavera florezca y la corrupción sea el fertilizante. Una nueva institucionalidad está surgiendo en el posacuerdo y los órganos de control tendrán que quedar fortalecidos, para realizar la cruzada moral que reclama la ciudadanía para hacer más fuerte la democracia y espantar el populismo y el autoritarismo. Lo peor que le puede pasar a Colombia es que a nombre de la lucha contra la corrupción, lo corruptos regresen al poder.

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