Laboratorios versus carreteras

Análisis Por

Mucho revuelo ha causado entre las encumbradas aulas de la Academia el anuncio del Presidente Santos para que algunos recursos de las regalías territoriales que originalmente se han destinado para el fomento de proyectos de investigación, se destinen ahora a la adecuación de vías terciarias.

Y es que para muchos y muchas, es inadmisible pensar que recursos que ascienden a 1,3 billones de pesos, que en la actualidad están quietos en el Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación-CTeI, sean destinados para comunidades apartadas que requieren evidentes mejoras en sus vías terrestres para que no sólo se puedan comercializar los bienes y servicios  que producen sino para acceder a bienes y servicios públicos entre los que están educación, salud y ciencia, esa que se da en los laboratorios de las lejanas ciudades capitales a las que casualmente se accede por vía terrestre.

Ahora bien, si nos detenemos a revisar el detalle de las responsabilidades en estas situaciones, a leguas, el Estado colombiano es el primer llamado a proveer bienes públicos de manera equitativa: conocimiento, educación, salud, entre otros,  para lo cual gracias a la reforma al sistema de regalías, destinó el 10% del mismo a financiar proyectos de investigación, desconcentrando de las metrópolis colombianas el monopolio en la recepción del mismo. Sin embargo, desde 2012, la eficacia en la ejecución de dichos dineros públicos, no sólo ha tenido problemas de corrupción, sino que fruto de que el modelo quedó mal diseñado, tampoco ha podido ejecutar todo lo que tiene a disposición. De ahí el dinero que propone el Presidente Santos que se puede destinar a vías terciarias.

El segundo llamado a responder es la Academia colombiana, esa que a veces pierde el sentido de la realidad por andar revisando las probetas y las temperaturas de las autoclaves y que fruto de ello ha perdido la capacidad de dialogar con las entidades gubernamentales nacionales y territoriales, lo que ha dificultado la interacción entre las universidades y los gobernadores y alcaldes que de acuerdo con el modelo de regalías de 2012, tienen un mayor poder de asignación de los recursos financieros para investigación.

Por otro lado, un tercer responsable sería el empresariado colombiano, aquel que debería coadyuvar a financiar proyectos de investigación, sin que ello necesariamente signifique que los empresarios se conviertan en los próximos Bruce Wayne o Lex Luthor, y que de manera adicional debería estar más atento a las decisiones que se tomen con respecto a la Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Finalmente, podríamos postular un cuarto actor y es la sociedad civil quien en últimas es la depositaria del acervo de conocimiento que generen el Estado, la Academia y los Empresarios. Sin embargo, no podríamos achacarle toda la responsabilidad ya que gracias a que anda absorta resolviendo el diario vivir, no presta la suficiente atención a las pocas noticias de ciencia, tecnología e innovación que el escaso periodismo científico colombiano logra publicar.

Y es que pareciera que el problema no está en si la plata se va para carreteras o para laboratorios de prestantes instituciones de educación superior capitalinas, sino en la utilidad social que tiene el conocimiento que se genera en dichos espacios y en los niveles de apropiación social del conocimiento que tienen las sociedades colombianas.

Porque si el problema de la asignación de dineros fuera verdaderamente la nuez del tema, ya hubiesen salido las comunidades que han sido beneficiadas de los proyectos de investigación que han tenido las universidades colombianas a defender y a hacer notar su voz de protesta por tal atropello estatal.

Sin desconocer que en efecto la inversión pública en actividades de ciencia, tecnología e innovación en ésta, la llamada sociedad del conocimiento ha de ser lo suficientemente fuerte como para darle a los distintos actores privados las herramientas con las que lograrán hacer realidad sus proyectos de vida, también es cierto que a las élites científicas colombianas les hace falta dialogar un poco más con la sociedad a la que pertenecen.

Colombia sigue teniendo poca eficacia en la implementación de planes de acción de Política Nacional de Apropiación social de Ciencia, Tecnología e Innovación, tal vez por responsabilidad de una entidad como COLCIENCIAS que hace de todo un poco, tal vez porque existen problemas más grandes que resolver como por ejemplo la pavimentación de una vía terciaria que conecte caseríos con el resto del país o tal vez porque nosotros mismos no nos interesamos por formarnos un carácter ciudadano que use las herramientas que tenemos a la mano.

Por cierto, ¿hace cuánto fue la última vez que usted, estimado lector visitó un museo, un zoológico o vio un documental de la National Geographic o de Discovery Channel?

Leave a Reply

Your email address will not be published.

*