Las fobias que nos generan

Análisis Por

Desde que la humanidad ha tenido conciencia de sí misma, algunos individuos  o grupos sociales han demostrado abiertamente su  aversión o temor hacia grupos sociales que por sus características o acciones, merecen ser excluidos, segregados, asesinados.

A esas aversiones y temores se les clasifica con el sufijo “fobia”, palabra griega que significa miedo, aquella emoción primaria, radicada en nuestro cerebro primitivo que nos compulsa a huir, a luchar… o  a matar.

De acuerdo con la irenología, la ciencia que estudia la paz, conceptualmente el conflicto es una incompatibilidad o disputa entre varios actores, personas o grupos a partir de diferentes motivaciones perceptivas (Moreno-Parra, 2014. La paz imperfecta en el marco del conflicto político armado en Colombia. Revista Entramado. Cali, Colombia), sin embargo, en la gran mayoría de los casos, dichos conflictos se resuelven a partir del uso de la violencia que según Johan Galtung, son afrentas evitables a las necesidades humanas básicas y a la vida.

De acuerdo con Galtung, máximo exponente de la irenología, existen tres tipos de violencia: la violencia directa que se relaciona con la agresión y su máxima expresión es la guerra, la violencia estructural que es aquella que procede de las estructuras sociales, políticas y económicas opresivas y la violencia cultural, la cual procede de la imposición de unos valores o pautas culturales.

En cuanto a la violencia cultural, afirma Galtung que esta anida “en la religión y la ideología, en el lenguaje y el arte, en la ciencia y en el derecho, en los medios de comunicación y en la educación” (Galtung: Paz por medios pacíficos. Paz y conflicto, desarrollo y civilización. 2003), por lo que todas las “fobias” que tienen los humanos hacia ellos mismos, no son otra cosa que la expresión de esa violencia.

Así las cosas, el miedo, aquella medida bioquímica de defensa con la que todos los seres vivos estamos dotados para preservar la vida, gracias a la acción formadora de aquellos sistemas de transmisión de conocimientos como son la religión, la escuela y la prensa, se ha convertido en la sistemática aplicación del principio aquel de que “el ataque es la mejor defensa”.

Y por supuesto que los católicos, los pentecostales, los blancos, los angloparlantes, los heterosexuales tienen derecho a defender su statu quo contra todos aquellos grupos que atentan contra su estilo de vida. Es un derecho natural.

¿Es que acaso que se creen las mujeres para atreverse a vivir su vida solas sin un hombre que las determine? ¡No pueden!

Biológicamente son débiles. Deben vivir con un hombre que las proteja.

La Biblia lo dice. La mujer debe casarse, obedecer a su marido y estar en casa para cuidarlo. Es un mandato divino que se expresa hasta en la Santa Madre Iglesia, ¿o es que acaso se ha visto una mujer que sea obispo? ¡Jamás! Recuerden que por Eva entró el pecado al mundo.

¿O acaso se ha visto que un trans pueda trabajar en algo decente? ¡No!

Ellos sólo pueden trabajar en lo que son expertos: en prostituirse ya que esos hombres disfrazados no pueden con sus hormonas y deben andar fornicando siempre. Nunca son ni serán mujeres. No se entiende porque el Estado les permite cambiar el nombre que sus padres le dieron.

¿O acaso en qué momento se ha visto que las personas de color, todos esos morenitos, negritos, trigueñitos, que se atreven a hablar en español en medio de los centros de las ciudades americanas han venido a nuestro país a aportar algo bueno? ¡No!

Todos esos hispanos sólo vienen a delinquir, a imponernos sus atrasadas formas de vida, su enredado idioma y a seducirnos para obtener la ciudadanía y aparentar ser igual a nosotros.

Sí.

Todos los grupos sociales debieran aplicar el principio de que “el que intentare matarme, lo mataré primero”, hasta que no haya nadie que ose atentar contra la supervivencia del mismo grupo, así se tenga que arrasar con media humanidad, como hicieron los nacionalsocialistas alemanes comandados por Hitler en su momento.

Y es que la intención de la manipulación por parte de quienes lideran y manejan la Escuela, la Religión y la Prensa, personas que en su mentalidad tienen valores fanáticos dónde el hombre blanco, religioso, heterosexual, posesivo es el centro de toda actividad y del cual mana toda autoridad, pareciera que fuera ese: generar miedo para luego transformarlo en odio para que este se vuelva agresión física y a su vez genere más odio, dirigiéndonos así, inevitablemente a la  guerra.

Ante esta realidad, y contrario a los discursos románticos de la década de 1970 y su famoso “paz y amor”, la forma de vencer el miedo social inoculado por los noticieros, los tabloides, los pastores, los sacerdotes es socavar la hegemonía que se nos impone de la misma manera en que nos la inyectan: con discurso y con acción.

La tarea es simple: identificar cual es la raíz de aquel miedo que nos quieren suscitar (el castrochavismo es el demonio, los negros y los venezolanos son ociosos y ladrones), identificar cual es el modelo de valores que nos quieren vender (sólo hay una familia y es la de mamá y papá, los cristianos pentecostales son mejores ciudadanos que los demás), identificar quienes son los que nos dicen todo aquello y empezar con argumentos y acciones a detener el miedo, iniciando por nosotros mismos.

Finalmente si eres mujer pentecostal y te molesta ver que dos hombres se besen en la calle, o eres hombre blanco y te molesta ver hombres afros cantando a grito herido la música que les gusta, o eres mujer católica y te molesta que tus hijos tengan amigos ateos o eres gay y te desagradan las mujeres transexuales, no te preocupes, al fin de cuentas, no es culpa tuya que tengas esos “miedos”, pero ten en cuenta que sí serás responsable si en dado caso pasas del dicho al hecho y agredes a otro.

Siembra vientos y recogerás tempestades.

#Pride2018

Zootecnista Universidad Nacional de Colombia, Candidato a Magíster en Producción Animal de la Universidad Nacional. Coordinador Nacional para asuntos de Paz de la Organización Nacional de Juventudes Liberales 2014-2018.

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