Libertad y revolución

Análisis Por

Con ocasión de los 500 años del inicio del cisma más representativo que ha tenido la cristiandad occidental, en días pasados escuché a alguien invitar a un tercero a que definiera en dos palabras lo que había sido el proceso de reforma iniciado por Martín Lutero. Por supuesto “dos palabras” era un artilugio retórico, porque la explicación se extendió durante cinco minutos, pero ese ejercicio sirvió para motivar la presente reflexión.

¿Cuáles serían las dos palabras con las que se pudiera sintetizar el significado y la herencia de la Reforma iniciada por Lutero? Definitivamente estas serían: Libertad y revolución.

Las 95 tesis del monje agustino publicadas el 31 de octubre de 1517, no solo dieron origen al proceso de Reforma que en 1530 con la publicación de la Confesión de Augsburgo daría origen a una nueva Iglesia, que respaldada por los Príncipes alemanes que protagonizaron la Protesta de Spira del año 1529, sería conocida como Protestante; sino que inauguró un proceso nuevo, revolucionario para la humanidad medieval: la ampliación de la libertad.

El hecho mismo que semanas posteriores al 31 de octubre de 1517, se imprimieran cientos de copias de las 95 tesis es señal de la revolución que significó levantar la voz de protesta contra el establecimiento. En 1522, Lutero publicó en alemán, una lengua vernácula, el Nuevo Testamento y en 1534, la Biblia completa, algo sin precedentes en aquellos tiempos en que el analfabetismo era rampante y las liturgias católicas eran en latín. De la mano de la imprenta, sin lugar a dudas la Reforma significó la ampliación de la libertad de prensa y con ella de la libertad de expresión.

Y con la libertad de prensa y de expresión, vino la libertad de conciencia, consagrada en parte por el texto de Lutero La Libertad Cristiana  publicado en 1520, quien afirmaba que “El cristiano es libre señor de todas las cosas y no está sujeto a nadie. El cristiano es servidor de todas las cosas y está supeditado a todos.”, texto que para algunos alentó las revueltas populares que desencadenarían la llamada Guerra de los Campesinos Alemanes (1524-1525), donde murieron aproximadamente 100 mil de ellos, pero que más allá de esa circunstancia, representó un hito que aún hoy es signo y señal de los fieles protestantes.

Por otro lado, como no tardaron los católicos intransigentes en atentar contra la vida y los bienes de los seguidores de las enseñanzas de Lutero, las expoliaciones y masacres  llegaron a tal punto que fue necesario generar una serie de asambleas o Dietas Imperiales, que entre 1521 y 1529 intentaron resolver los dilemas políticos y espirituales de los reformistas, oscilando entre la condena (Dieta de Worms, 1521), la libertad de culto (Dieta de Spira, 1526) y la condena (Dieta de Spira, 1529).

En asuntos de conciencia, la mayoría no tiene poder”, fue la postura sobre la que se fundamentó la Protesta de Spira que con ocasión de la Dieta de 1529 y con las palabras “Protestamos por medio de este manifiesto, ante Dios, nuestro único Creador, Conservador, Redentor y Salvador, y que un día será nuestro Juez, como también ante todos los hombres y todas las criaturas, y hacemos presente, que nosotros, en nuestro nombre, y por nuestro pueblo, no daremos nuestro consentimiento ni nuestra adhesión de manera alguna al propuesto decreto, en todo aquello que sea contrario a Dios, a su santa Palabra, a los derechos de nuestra conciencia, y a la salvación de nuestras almas”, rompió por completo con la Iglesia Católica en los territorios alemanes, dando origen así a una nueva era, con una nueva Iglesia que a partir de esa Dieta, se empezó a denominar Iglesia Protestante.

Quinientos años después, ese proceso de libertad que significó no sólo una revolución política, sino social y espiritual, parece naufragar en medio del populismo neoconservador de los pastores evangélicos Latinoamericanos que no serían lo que son hoy, sin las libertades que  promovió Lutero.

Es bastante contradictorio que justamente sean los líderes evangélicos herederos colaterales de la Reforma Protestante, quienes abusen hoy de la libertad de prensa y la libertad de expresión para acallar las voces que salieron a defender los enfoques diferenciales en los Acuerdos del Teatro Colón.

Es bastante contrario que  precisamente un pastor evangélico sea la formula vicepresidencial de un ultramontano conservador que a la usanza de los contrarreformadores de Trento, ve en la quema de libros un acto pedagógico

Es bastante absurdo pensar que quinientos años después, sean los evangélicos quienes a la usanza de los católicos alemanes de hace 5 siglos, impongan a la fuerza su autoridad para cometer todo tipo de abusos, no sólo sexuales, sino psicológicos y políticos.

¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!

Madame Roland

Zootecnista Universidad Nacional de Colombia, Candidato a Magíster en Producción Animal de la Universidad Nacional. Coordinador Nacional para asuntos de Paz de la Organización Nacional de Juventudes Liberales.

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