LOS COLOMBIANOS IGNORAMOS EL ESPÍRITU DE LA FALSA CARTILLA DE “IDEOLOGÍA DE GÉNERO”

Análisis Por

A propósito del rechazo de los grupos conservadores al enfoque de género en el plan escolar en Perú durante los primeros días de marzo, ¿los colombianos ya tomamos conciencia de la ley que ordenó el ajuste de los manuales de convivencia bajo la guía constitucional de evitar la discriminación a la diversidad sexual y de género?

El Ministerio de Educación de Perú respondió a los grupos conservadores que en ningún lado del plan escolar se hablaba de ideología de género. La misiva fue enviada a  los evangélicos, católicos y fujimoristas que organizaron la marcha este mes. La ministra de Educación, Marilú Martens, les recordó a estos grupos que lo que había era siete enfoques transversales, uno de los cuales hablaba de la igualdad de género, y que estaba desde el año 2004. Y para alimentarles su poca fe, Martens también les dijo que este enfoque trataba sobre igualdad de derechos, deberes y oportunidades de género, un argumento que les pareció dudoso y hasta cínico a ellos.

Cuando se vio el registro de esta noticia sucedida en Perú, y las reacciones que provocó, no puede dejar de relacionarse con lo que pasó en Colombia hace un año. También los mitos y creencias de grupos religiosos fueron usados no solamente para desinformar sino para escandalizar a la opinión pública sobre la cartilla Ambientes Escolares Libres de Discriminación. 1. Orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas en la Escuela. Aspectos para la reflexión (Colsulte la cartilla aquí: https://www.yumpu.com/es/document/view/55577229/libres-de-discriminacion/2 ).

Juzgar esto como un escándalo apasionado sobre educación reduce la dimensión pedagógica a la que nos introduce la Ley 1620 (2013). Esta ley enunció los principios generales de la implementación de los manuales de convivencia y por eso no debería ser capítulo aparte de las descarnadas criticas que los grupos conservadores les hicieron a unas falsas cartillas y que les pareció intolerable. Si nuestra generación incluyente y sensata desconoce la ley, sobra imaginar lo que ocurre con los que hablaron desde el credo religioso sin leerla. Pero como sabemos, no hay que partir de las opiniones, sino de las definiciones que fueron consignadas en esta ley, y de lo que expuso su decreto.

Darle a esta ley el valor de ser aquello que le otorga a cada niño la seguridad de su libertad y de ejercer su derecho a disfrutar de la infancia tiene que llevarnos a la formación de una sociedad educativa completa. Es el sentido que emana de su correcta lectura. No es difícil poder entender el llamado que el Decreto 1965 del 11 de septiembre de 2103 nos hizo para cumplir dicha ley. Fue contundente y a la vez democrático. Les entregó a la creatividad de los padres de familia, de los profesores, de las directivas, de los personeros, y de los estudiantes la adecuación de los manuales según ley 1620. Por medio del Artículo 36, ordenó que los colegios deben implementar “las políticas institucionales que se concentran en el fomento de la convivencia y en el mejoramiento del clima escolar, con el fin de generar un entorno para el ejercicio real y efectivo de los derechos humanos, sexuales y reproductivos en los términos establecidos en la Ley 1620 de 2013.” Lo anterior también se traduce en el deber de “Orientar estrategias y programas de comunicación para la movilización social, relacionadas con la convivencia escolar, la construcción de ciudadanía y la promoción de los derechos humanos, sexuales y reproductivos.” Ni la ley ni el decreto expresaron qué estrategias y programas debían usarse, porque consideraron que una escuela es distinta a la otra, y nuestro país, diverso, las maneras culturales de enseñar y de aprender cambiaron de un lugar a otro. Por eso les dejó a la imaginación de la comunidad escolar la tarea de idear rutas y caminos que fueran acordes a su institución sin que desviaran el sentido de la ley.

Y como nuestra imaginación a veces es corta, existen instituciones o fundaciones que se han dedicado a guiar este proceso de implementación y que han acompañado de manera diferente a las escuelas de nuestra geografía nacional. Por ejemplo, es destacable el trabajo que el Programa de Educación Sexual y Sana Convivencia, Félix y Susana, de la Fundación Suramericana ha hecho en varias zonas del país, con su programa orientado a los profesores y directivas, para que promuevan la salud sexual y la sana convivencia en los contextos escolares. Nomás este ejemplo para decir que la Ley 1620 ha encontrado aliados para su ejecución.

Hay que recordar que esta ley resultó de lo que el Ministerio de Educación Nacional (MEN) en Colombia había desarrollado en el Programa de Educación para la Sexualidad y Construcción de Ciudadanía (PESCC), entre los años 2006 y 2007, y lanzado en el 2008. Un equipo de profesionales en cada región conformado por las secretarías de educación y salud, docentes y estudiantes, fue pensado para estar con cada establecimiento educativo en la instalación de su Proyecto pedagógico de Educación para la sexualidad. De ahí que hubiera tenido razón la exministra Gina Parody cuando dijera que en el gobierno de Álvaro Uribe se habían promovido cartillas sobre diversidad sexual.

Lo apreciable de todo esto es que los colombianos debemos partir de lo que atañe a esta ley, y en efecto, ofrecer espacios protectores para que la infancia goce de sus derechos.  Es decir, como lo expresó la UNICEF, crear “entornos protectores donde las niñas y los niños estén a salvo de todas las formas de violencia y explotación”. Estos son precisamente los mismos espacios que surgen de contribuir al fortalecimiento de proyectos pedagógicos de educación para la sexualidad, con un enfoque de construcción de ciudadanía y ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos (DHSR). Si lo hiciéramos, ayudaríamos a la adecuada interpretación de la ley 1620 y abandonaríamos la ignorancia que acompaña el descrédito de la enseñanza para la libertad en ese universo que es la escuela. No olvidemos que lo más decisivo de esta cartilla es la invitación que hace: una escuela para la inclusión y para la paz, y no para reproducir sólo un modelo que dista de concebir la pluralidad de mundos que existen en las aulas y que a causa de ese desconocimiento resulte profano por su carácter discriminatorio y autoritario.

Finalmente, señores del MEN, si  la ignorancia es el motivo del descrédito de la cartilla, es necesario darla a conocer para que sea valorada.

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Historiador y filósofo de la Pontificia Universidad Javeriana. Fue profesor de cátedra en la misma universidad, también del Politécnico Grancolombiano, y maestro del Gimnasio Moderno. Fundador Revista Lastana.

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