Los desplazados en Colombia reducidos a una estadística

Análisis Por

Los desplazados en Colombia parecen estar reducidos a una serie estadística. Dicen que son cinco o seis millones de personas que han sufrido desplazamiento interno y que sus niveles de pobreza se acercan al 60%. Que la mayoría de ellos han llegado a las ciudades provenientes del campo, y que alrededor del 40% de los afectados por este fenómeno son niños o adolescentes, que tienen dificultades para ir a la escuela o para acceder a los servicios de salud. Además, que sus padres tienen pocas opciones laborales y normalmente viven del rebusque.

Las estadísticas están ahí. Son contundentes. Muestran una realidad terrible y dramática. En todos los foros sobre desarrollo humano se habla de ellos. En los encuentros sobre violencia la situación de los desplazados sale a relucir. Pero para los millones de colombianos que han sufrido en carne propia los efectos desastrosos del conflicto interno, nada o casi nada ha cambiado.

Las estadísticas permiten ver unos gráficos en los que la realidad de los desplazados en lo relativo a los indicadores trazadores pareciera inmóvil, aunque se reconocen los esfuerzos presupuestales que realiza el gobierno.

El acceso a la vivienda por parte de los desplazados es muy bajo, a pesar de las sentencias y mandatos de la Corte Constitucional. Algunas viviendas gratis fueron entregadas, pero su número ha sido insuficiente para lograr impactar positivamente una solución para los miles de familias que debieron abandonar sus espacios de vida.

Las opciones de un trabajo digno para quienes siguen llegando a los centros urbanos en búsqueda de mejores alternativas de existencia, son casi nulas. Sólo les queda el rebusque en actividades poco remunerativas.

Los asentamientos humanos críticos siguen creciendo. Parecen imparables. Se expanden en las laderas de las montañas. Allí llegan los desplazados, esperanzados en un mejor bienestar. Pero lo que encuentran son espacios carentes de servicios públicos básicos y de oferta institucional de educación y salud.

Los desplazados que huyen raudos de sus territorios para salvar su vida, encuentran en los escenarios urbanos renovadas formas de violencia, practicadas por los mismos actores que los hicieron huir. Y para ellos se desata una carrera constante de desplazamiento interurbano, que no los deja vivir en paz.

Las estadísticas de los desplazados aseguran que quienes más sufren por esta situación son las mujeres indígenas o afrodescendientes. Las estadísticas no se equivocan. Ellas seguirán mostrando esta realidad cada vez que se necesite. Muy seguramente los datos serán iguales o peores.

Son escasos los momentos en los cuales hay tiempo para reflexionar sobre la cotidianidad de los desplazados, para indagar sobre su realidad de vida y para entender su tragedia. Si hubiese más espacios de análisis y si el tema se mirara desde una perspectiva humana en vez desde una cifra fría, a lo mejor los tomadores de decisiones hubieran acertado mucho más en la ejecución de las políticas públicas y cumplido con los mandamientos de la Corte.

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