MACRON A LE PEN: “NO NECESITO VENTRÍLOCUO, SÉ HABLAR POR MÍ MISMO”

Análisis Por

Emmanuel Macron supo consolidarse en el debate organizado por TF1 como la figura que intentará demoler el discurso xénofo, anti-islamista, y nacionalista de Le Pen en las próximas elecciones del 23 de abril, en Francia. Filósofo y politólogo, con una especialización en finanzas de la École nationale d’administration (ENA), uno de los medios burgueses para acceder al cuerpo administrativo del Estado, Macron apareció como el personaje que intentará frenar la extrema derecha que representa Marine Le Pen. A un mes de las elecciones, el primer debate entre los candidatos reveló el antagonismo que dará para una segunda vuelta en mayo: Macron-Lepen.

Macron fue elocuente y quiso dejar una imagen de un hombre moderno, inteligente y locuaz, que renueva el discurso político actual. Se cuidó de que lo asociaran con los partidos extremos, y por eso conservó la imagen de un social-liberal entre los cuatro candidatos que lo acompañaban. Él defendió el lugar que quiere para La France, un justo medio entre la derecha del Frente Nacional, Le Pen, o François Fillon, y la izquierda que representan el neo-comunista Jean-Luc Mélenchon, y el socialista Benoît Hamon. De ahí que su experticia retórica le permitiera escabullirse entre los reparos de sus contrincantes a su falta de experiencia política, y mostrara a cambio sus dotes no sólo en el manejo de la economía, sino también en el arte de la seducción, y prometiera unas garantías sociales para una población que encontró elevada la tasa de vivienda actual. Propuso exonerar al 80% de los hogares del pago de una tasa de habitación, promesa que reza hoy en su programa de gobierno.

Este guiño a la clase media francesa no es hecha por un ignorante de la economía. Cuando el presidente François Hollande lo introdujo en la política como asesor económico, en el 2012, y como secretario general adjunto de la presidencia, y ministro de Economía y Producción, en el 2014, Macron comenzó a reflexionar sobre los alcances del liberalismo económico en la visión de la economía industrializada y sus efectos en la economía del hogar. No extraña, pues, que haya hablado ahora de un propósito nacional: armonizar la libre empresa y asegurar la estabilidad de los asalariados. Falta ver hasta dónde su programa logra aclarar y dar seguridad a dicho equilibrio, blanco de las críticas que lo han tachado de ambiguo y de estratégico, para tapar compromisos ideológicos de su partido –¡En Marcha!-.

Pero el tema que puso en el ring a Macron con Le pen fue el de la identidad nacional, en el que se enreda el religioso. Macron aprovechó el asalto que Le Pen le dio cuando lo acusó de apoyar el burkini o traje de baño de las mujeres musulmanas, ella lo mencionó y él le pidió de forma enfadada que no pusiera el nombre suyo en su boca, y se resistió a abandonar el tema al sumarle este reproche: “no necesito ventrílocuo, sé hablar por mí mismo”.

Una vez ha quedado claro el nombre del contricante de Le Pen, Macron acabó acusándola de dividir a la sociedad francesa con sus ataques a otras religiones. El choque inevitable tenía que venir sin duda del nacionalismo trasnochado de Le Pen y que nada se parece al que inspiró a las expresiones artísticas del siglo XIX: Francia para los franceses. Como si no supiera Le Pen que los nacionalismos europeos sólo han conducido a un camino: el totalitarismo y la guerra. Macron pudo deshacerse de ese discurso con su laicismo y europeísmo, contrastarlo con la imagen de una Europa nueva y noquear al oponente al rematar con la frase de que “la laicidad es lo que protege a los que creen y los que no creen”.

El rostro de Macron reveló, entonces, en este debate su disposición de ánimo para llegar a la presidencia. De forma que triunfó su imagen, su protagonismo se apoderó de quienes consideran temible las pretensiones infranacionalistas de Le Pen. Y sin tener en cuenta la apariencia demócrata que le ha dado su apodo del “Kennedy francés”, del cual ha sacado provecho para ganar adeptos televisivos y de la farándula rosa francesa, es evidente que Macron sacó utilidad persuasiva de esta primera discusión. Según una encuesta sondeo exprés de la cadena BFMTV, los telespectadores opinaron que Macron había sido el candidato más convincente.

Nos queda esperar que Macron no desilusione al electorado que desea que haga con Le Pen lo mismo que Mark Rutte hizo la semana pasada con el populista Geert Wilders, en Holanda: frenar a la extrema derecha. Para lograrlo, tendrá que valerse de mayor capacidad de auténtica retórica: no persuadir sino revisar los argumentos propios, para que no siga siendo visto por los franceses como ambiguo, o como parte del establishment, y terminen diciendo de él lo mismo que un historiador concluyó de la historia francesa durante la consolidación del proyecto burgués y del furor de los nacionalismos de hace un siglo y medio: “el corazón del burgués francés está con la izquierda, pero su bolsillo está con la derecha”

 

Fuente:

HTTPS://WWW.TF1.FR

HTTP://WWW.BFMTV.COM/

Historiador y filósofo de la Pontificia Universidad Javeriana. Fue profesor de cátedra en la misma universidad, también del Politécnico Grancolombiano, y maestro del Gimnasio Moderno. Fundador Revista Lastana.

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