Por la tolerancia

Análisis Por

Era 11 de diciembre de 1909 y había sesión en la Cámara de Representantes. Por una eventualidad de la vida, el Ministro de Educación encargado del Ministerio de Hacienda, Manuel Dávila Flórez, a las cuatro de la tarde llegó a cerrar la sesión, por cuanto días atrás el Ejecutivo había comunicado a las Cámaras que sus sesiones irían hasta ese día y hora. Ahí fue Troya. El General Uribe Uribe tomó la palabra, argumentó que el Ministro no podía cerrar la sesión, continuaron trabajando y antes de las cinco de la tarde había sido aprobada  la que el día 20 de diciembre sería firmada como la Ley 69 de 1909 “Que crea una Junta de Conversión y provee a la fijación del cambio y a la formación de un fondo para la redención del papel moneda”.

Según narra el libro “Labor Parlamentaria del General Rafael Uribe Uribe en el Congreso de 1909”  (http://www.banrepcultural.org/sites/default/files/brblaa619785.pdf) el General Uribe Uribe sufrió un ataque a mano armada al salir de la citada sesión, por lo que en “El Domingo”,  salió publicada una editorial titulada “Por la tolerancia” de la que a continuación traigo unos fragmentos, propicios para estos tiempos de censura, autocensura y crispación:

“Muchas veces se ha querido corregir o adicionar el célebre aforismo del Dr. Francisco Soto: El país se pierde por falta de lógica. Cada cual se coloca en el punto de vista de su predilección, y atribuye las desventuras nacionales a algunos de los defectos de nuestro carácter. El país se pierde por falta de religión, sostienen los que creen que todavía tenemos poca. El país se pierde por falta de vergüenza, dijo no sin razón el austero Dr. Francisco E. Álvarez; el país se pierde por ignorancia, declaró acertadamente un insigne instruccionista, el Dr. Dámaso Zapata; el país se pierde por  pereza, enmendó otro notable hombre público, que se distingue por la actividad; pero nosotros, que creemos saber de nuestra Historia y de nuestra psicología, venimos hoy a probar que el país se pierde por falta de tolerancia.”

“Ya dijo un antiguo sabio europeo que la intolerancia es yedra que encadena los Estados y los devora. Hablando en nuestro lenguaje americano, más conforme con la naturaleza colombiana, diríamos que la  intolerancia es el matapalo que ha estrangulado el árbol nacional, enantes tan lleno de vigorosa savia.”

“Esta impotencia radical de ciertas gentes para soportar lo que desaprueban; esta condenación inapelable de toda disidencia, no siquiera como un posible error, sino como un acto de mala fe y aún como un crimen probado; esta tendencia simplista a eliminar violentamente a quien no piensa igual que ellos es la característica de los primitivos y de los bárbaros, incapaces de penetrar las complicaciones del alma humana; todo esto en fín que se llama intolerancia en el sentir y en el obrar, es –en último análisis- lo que ha inundado en sangre el suelo de la Patria y lo que nos ha colmado de miseria y de dolores.”

“En Colombia, la intolerancia es el virus que, difundido por todo el organismo nacional, lo ha envenenado hasta la médula, y lo tiene canijo y desmedrado.

Y es patente: la intolerancia impide a los hombres vivir juntos y en paz; la intolerancia los divide y hace imposible que ejecuten ninguna obra común; la intolerancia les ocupa todas las facultades todo el tiempo en combatirse y destruirse. ¿Cómo puede marchar un cuerpo cuyos miembros se dispersan? Desde que los hombres no se entienden; desde que unos no admiten que otros puedan de buena fe discrepar en pareceres; desde que adversario y pícaro son una misma cosa; y desde que se saca como consecuencia esta regla de conducta: cree como yo o te mato, no hay manera posible de que la nación donde eso sucede subsista o  mejore.”

“Un poco de filosofía -que equivale a decir un poco de duda-es lo único que puede hacernos tolerantes a los colombianos. Dos pueden ser los puntos de partida: el uno que podemos estar equivocados, y el otro que, aun no estándolo, la fuerza es inútil para reducir los demás a nuestro modo de pensar. Quizá tengamos una parte de la verdad, pero conviene suponer que los demás tienen la otra parte. Reunidos con ellos, tendremos la verdad entera o nos acomodaremos con una media verdad provisional, mientras vamos en busca de la definitiva, en este mundo  en el otro. Pero quien tiene la firme convicción de ser el único que está en posesión de la verdad entera, es fatalmente intolerante, y de ahí a sectario fanático no hay más de un paso.”

“Nosotros sustentamos que quien apuntala con la fuerza su dictamen, da con eso sólo una muestra de desconfianza de que pueda triunfar por la sola razón que encierra. Nosotros defendemos que el interés de la humanidad exige que se dejen libres todas las opiniones, porque sin la discusión comparación que esa provoca, es imposible distinguir entre las verdaderas y las erróneas, y no podría llegarse a escoger  a sabiendas las mejores, para  adaptarlas al progreso de las sociedades.  Nosotros abogamos por que, en vez de reprimir la exposición de los pareceres, se la estimule, pues cuántas veces no nos muestra la Historia que ideas tenidas hoy por absurdas son las destinadas a vencer e imponerse mañana, ¡para el bien de nuestros semejantes!”

“Por eso, nosotros, liberales, otorgamos la tolerancia, para adquirir el derecho de  exigirla  a los demás; nosotros reclamamos la tolerancia para todas las opiniones, por manifiestamente contrarias que sean a las nuestras; nosotros tenemos una fe sólida en la inutilidad final de las persecuciones, porque creemos que es de la naturaleza humana recibir lo que se le insinúa por la razón, y rechazar lo que se le quiere imponer por la fuerza; nosotros, aunque jóvenes, sabemos ya, porque lo hemos visto, que con hacer mártires no se consolida la propia creencia sino la ajena.”

“Nosotros declaramos, por fin, que la intolerancia sólo debe ser permitida contra los intolerantes, y que el único odio lícito es el que se tenga contra los perseguidores y los fanáticos.”

El General Rafael Uribe Uribe murió el 15 de octubre de 1914, víctima, al parecer, de la intolerancia que por esos días empezaba a cobrar vidas de liberales, libre pensadores y todos aquellos que como hoy, se atrevían a disentir.

Zootecnista Universidad Nacional de Colombia, Candidato a Magíster en Producción Animal de la Universidad Nacional. Coordinador Nacional para asuntos de Paz de la Organización Nacional de Juventudes Liberales.

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