San Pedro y San Pablo (y los gays)

Análisis Por

“Entonces Pedro abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas.” (Hechos de los Apóstoles Cap. 10. Ver 34. Versión Reina Valera 1960)

De esta manera el relato bíblico inicia el primer discurso que Simón Pedro daba a un público no judío. Ese discreto discurso partió la historia humana en dos, dado que era el primero con el que la comunidad religiosa iniciada por Jesús de Nazareth, empezaba su predicación a personas estrictamente no judías.

Y no podía ser de otra manera en que el cristianismo iniciara su expansión por el mundo, sino reivindicando la eterna imparcialidad de Dios para con la Humanidad, imparcialidad en sentido positivo, que dista de la imparcialidad divina que Pablo de Tarso recalca en su Carta a los Romanos: “Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios” (Carta a los Romanos Cap. 2 ver 9-11. Versión Reina Valera 1960).

Y es que a pesar de la evidente diferencia entre los dos, tanto Pedro como Pablo son caras de una misma moneda (2 carta de  Pedro Cap. 1 Ver 17; Carta a los Gálatas Cap. 2 Ver 6): ambos fervientes creyentes, ambos viajeros incansables, ambos fundadores de comunidades religiosas que con el tiempo darían forma a la religión que casi dos milenios después sigue dirigiendo la agenda moral de la mitad del mundo, ambos martirizados por sus creencias y acciones.

Tan similarmente diferentes eran Pedro y Pablo que la cristiandad, especialmente la católica, conmemora el 29 de junio  y de manera solemne, el martirio de ambos, como acto de reconocimiento a quienes siguen siendo considerados hoy en día “columnas del cristianismo”, columnas que generosamente comparten con los no-heterosexuales del mundo su día feriado para que ellos salgan a marchar orgullosos.

Y es que los disturbios del bar Stonewall Inn de la ciudad de Nueva York del 28 y 29 de junio de 1969 que dieron origen a que los gays, las lesbianas, los y las trans salieran a la calle para de manera orgullosa mostrar su existencia al resto de la sociedad, al parecer tienen una particular coincidencia con el día de la conmemoración del martirio de Pedro y Pablo, razón por la cual es menester revisar que tienen para decirnos sobre la no-heterosexualidad estos santos católicos.

El famoso fragmento de la Carta de Pablo de Tarso a los Romanos leído en su propio contexto parece que endilga a la idolatría y a Dios el origen del homosexualismo: “Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres.” (Carta a los Romanos Cap. 1 ver 25-27. Versión Reina Valera 1960), algo que tiene en la formación judía de Pablo la razón fundamental de los términos en los que está escrito y es que en la visión sacerdotal de Pablo, los cultos paganos eran las raíces de todos los males y pecados de la raza humana, especialmente las orgías sagradas cometidas con prostitutas y  prostitutos sacerdotales.

Es decir, en la Carta a los Romanos lo que rechaza Pablo no es la orientación sexual sino las prácticas sexuales de hombres y mujeres heterosexuales (“cambiando el uso natural”, “dejando el uso natural”), muchas de las cuales a veces eran violentas, dado que en esa época, hace 1970 años, los conceptos de orientación sexual e identidad de género no existían.

Y es en ese sentido en que Pablo escribe también el famoso texto que usan las iglesias pentecostales fundamentalistas radicales para atacar a las minorías sexuales: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idolatras, ni los adúlteros, ni los afeminados (malakoi), ni los que se echan con varones (arsenokoitai), ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Carta a los Corintios Cap.  6 Ver 9-10. Versión Reina Valera 1960), texto que en el original en griego tiene dos palabras que han sido deliberadamente mal interpretadas por los traductores posteriores.

La palabra griega malakos no se refiere ni a sodomita, palabra decidida y descaradamente mal interpretada desde hace siglos y que se usa como sinónimo de “personas no-heterosexuales”, ni se refiere a afeminado, sino a hombres libertinos, licenciosos, viciosos, hombres que se visten con ropas suaves, elegantes.

Por otro lado, la palabra arsenokoitai se traduce como “hombres que tienen sexo con hombres”, lo cual no implica necesariamente que haga referencia directa a la condición homosexual psicológica o psíquica, sino más bien a los prostitutos cultuales.

Así las cosas, el objetivo de Pablo de Tarso, muy docto y entregado a la formación doctrinal de la naciente espiritualidad, era advertir a los cristianos de su época sobre el peligro del sincretismo religioso, rechazando de plano toda acción relacionada con los cultos a otras deidades (Pablo no sólo rechaza el sexo sagrado, sino el hecho de comer carne de animales sacrificados a esas deidades y las reuniones cultuales a las que podían ser invitados), ya que estaba convencido que los ritos religiosos de las mismas iban en absoluta contradicción al culto de origen judío que tenía el cristianismo primitivo; y no era atacar a los no-heterosexuales, como pretenden hacer ver de manera malintencionada los pastores fundamentalistas.

Ahora, ¿qué dice Pedro al respecto de los gays? Al igual que Jesús, Simón Pedro no dice absolutamente nada referente a las personas no-heterosexuales, lo que afirma que la homosexualidad no es un tema relativamente importante en el relato judeocristiano como lo quieren hacer ver los pastores cristianos pentecostales fundamentalistas radicales.

Pero que tanto Pedro como Jesús de Nazareth no digan nada sobre los gays, no implica que no advirtieron sobre el odio y las acciones hostiles que pueden tomarse contra ellos.

Al respecto Pedro dijo: “Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.” (1 Carta de Pedro  Cap. 2 Ver 17 Versión Reina Valera 1960).

El mandato de honrar a todos no da lugar a tibiezas: todos es todos y todas, incluyendo a los gays, las lesbianas, los hombres trans y las mujeres trans.

Y finalmente, frente a aquellos injustos/malvados de los que habla la carta de Pablo a los Corintios, aquellos perversos que deshonrosamente los pastores fundamentalistas excluyen del reino de Dios, el propio Jesús de Nazareth dijo: “Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” (Evangelio según Mateo Cap. 5 Ver 45. Versión Reina Valera 1960).

Si Dios mismo da bendiciones a los injustos, ¿qué harán entonces los pastores fundamentalistas, que se hacen llamar sus hijos?

En este punto, es bueno recordar lo dicho por Jesús “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Evangelio según Mateo cap 9. Ver 13 Versión Reina Valera 1960).

Zootecnista Universidad Nacional de Colombia, Candidato a Magíster en Producción Animal de la Universidad Nacional. Coordinador Nacional para asuntos de Paz de la Organización Nacional de Juventudes Liberales 2014-2018.

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