Un socialdemocrata colombiano

Análisis Por

El pasado fin de semana con mucha pompa se celebró el XXV Congreso de la Internacional Socialista en Cartagena, posicionándose de nuevo en el lenguaje popular una palabra decimonónica que para muchos suena tan europeísta que pareciera que usarla es señal de agravio o de mofa.

De acuerdo con algunos estudiosos del tema, la historia de la socialdemocracia puede dividirse en tres momentos como respuesta a corrientes políticas imperantes. Así al marxismo clásico (1848-1916) se opuso la socialdemocracia originaria (1869-1945), al liberalismo (1900-1930) se le opuso la socialdemocracia clásica (1945-1973) y al neoliberalismo (1979-1998) se le opone la socialdemocracia renovada (1998-2005), cada una de ellas con características propias de los tiempos mencionados, pero que no renuncian a sus ideales universales de libertad, justicia/igualdad y solidaridad.

En ese sentido la socialdemocracia originaria era socialista, revisionista y reformista que pretendía lograr el socialismo por la pacifica vía democrática (de ahí “social-democracia”), renunciando a la guerra y a la violencia sociopolítica. Esta corriente original se enfrentó con graves consecuencias, a las dos guerras mundiales, al exterminador socialismo nacionalista alemán y a la radicalización de la vertiente socialdemócrata obrera rusa que originó el comunismo, languideciendo con el tiempo.

La socialdemocracia clásica, como el ave fénix, nace de la vieja socialdemocracia originaria, en medio de la postguerra de la década de 1950, cuando los dineros del plan Marshall corrían por Europa Occidental y los débiles Estados nacionales tenían que responder ante una masa de pobres y expropiados, a la vez que motivarlos a creer de nuevo en las instituciones gubernamentales. Nacía pues, el Estado de Bienestar de la mano de los socialdemócratas alemanes.

Esta socialdemocracia clásica, signada por la defensa acérrima del Estado de Bienestar,  defendía además,  la humanización del capital financiero, el liberalismo político, la economía mixta, el keynesianismo y la lucha por la igualdad social.

Sin embargo y al caer el Estado de Bienestar, fruto de la crisis del petróleo de 1970 y de la ola de gobiernos de centro derecha en el orbe mundial que levantaban la insignia de una mayor libertad civil y de un comercio internacional libre de la metiche mano del Estado, la socialdemocracia clásica hace agua, respondiendo  a éstas críticas de la mejor forma posible: adaptándose.

Lo que algunos afirman como “socialdemocracia renovada”, no es sino una opción intermedia entre el neoliberalismo y la socialdemocracia clásica (por ello se llama “tercera vía”), caracterizada por su pragmatismo económico, al aceptar la disciplina fiscal y la “dieta” del Estado, sin renunciar a la responsabilidad que los Estados deben tener con todos sus ciudadanos en términos de equidad y democratización de capitales.

En síntesis, podríamos afirmar que la socialdemocracia se caracteriza por el pragmatismo, la defensa de la democracia liberal y su capacidad de resiliencia ante las coyunturas sociopolíticas, sin que ello implique la claudicación de la búsqueda del bienestar generalizado en un marco garantista de libertades, solidaridad e igualdad.

Ahora bien, y gracias al Congreso de Cartagena, surge una pregunta inevitable: ¿Cómo aterrizamos todo ese acervo histórico en Colombia? La respuesta está en la combinación que hagamos del mismo con nuestro acervo.

Así, un socialdemócrata colombiano es quien defiende el Estado Social y democrático de Derecho establecido en la Constitución Política de 1991, su carta de derechos civiles, políticos, económicos, sociales, ambientales y culturales y los principios de respeto a la dignidad humana, el trabajo, la solidaridad y la prevalencia del interés general.

Un socialdemócrata colombiano cree firmemente en el socialismo de Estado formulado por Rafael Uribe Uribe en 1904, que postulaba la resolución de los conflictos sociales antes de que se presentasen; en la necesidad de que hayan verdaderos y policlasistas partidos del pueblo, alejados de los postulados marxistas sobre la creación de partidos proletarios y obreros que dividen para reinar y en la participación amplia y generalizada de todos los ciudadanos y ciudadanas en las decisiones que el Estado deba tomar sobre asuntos comunes.

Finalmente, podríamos decir que un socialdemócrata colombiano es un ciudadano, una ciudadana que cree que la democracia es el mecanismo para dar trámite a las diferencias y que éste trasciende la mera lógica del sufragio; es un ciudadano, una ciudadana que cree que la mejor forma de resolver los conflictos sociales es evitarlos y que por encima de todo, tiene un enorme sentido de resiliencia ante las adversidades políticas y que no teme adaptarse a las circunstancias por muy duras que éstas sean, sin renunciar a sus ideales.

¿Es usted estimado lector, un socialdemócrata colombiano?

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Zootecnista Universidad Nacional de Colombia, Candidato a Magíster en Producción Animal de la Universidad Nacional. Coordinador Nacional para asuntos de Paz de la Organización Nacional de Juventudes Liberales.

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