¿Habrá candidato de la paz?

Editorial Por

La paz, fue pintada durante el primer gobierno del Presidente Santos, como una apuesta sumamente ambiciosa, con un camino lleno de dudas, pero que de resultar terminaría siendo el hecho político más importante en las últimas décadas en Colombia.

Ahora tenemos Acuerdo, los guerrilleros han entregado las armas, y ya estamos hablando de su Partido político. En los hospitales la cifra de militares heridos o muertos en combate cayó frenéticamente, y las regiones donde operaban las FARC han visto la llegada de un nuevo tiempo (aunque en muchas falta mucho por hacer para que no se multiplique la violencia).

Se esperaría que semejante éxito fuera motivo de prestigio, que luego de un Nobel de paz, y un acuerdo reconocido por los más importantes líderes y organizaciones en el mundo, alguien que se presentara como el artífice, o que asegurará que mantendrá dicho Acuerdo, fuera el candidato más favorable ante la opinión pública, pero nada de eso parece ser.

Los pre-candidatos presidenciales se han ido alejando del debate de la paz como principal arma, y quienes están irremediablemente ligados al tema no puntean en las encuestas.

PARADOJA

Aquellos que tienen serios reparos al Acuerdo, o que siendo del Gobierno fueron sumamente ambiguos sobre el tema, son hoy los más populares. Otros han querido mover otros temas, como la corrupción, o victimizarse ante los medios y presentarse como anti-sistema, pero ninguno se presenta como un defensor de esa paz.

El logro más grande de las últimas décadas en el país no convence a los colombianos, generar diálogo, cambiar las balas por el debate, y volver a la vida civil a los que antes eran vistos como enemigos, son hechos sumamente impopulares. Lo popular, es el miedo, miedo a los desmovilizados, miedo a sus disidencias, miedo a verlos en el Congreso y no poniendo bombas, miedo a la diferencia, a que existan candidatos que hablen de extremos políticos (aún cuando no tienen posibilidades de ganar), miedo al “castrochavismo” en uno de los gobiernos más neoliberales de la historia. Una arma mucho más efectiva.

Eso explica la cruda realidad política y social del país. Bien podríamos dejar la paz en manos de alguien que garantice la continuidad de esas políticas, y dedicarnos entre esos candidatos a un debate superior. Pero quedamos atrapados en la paradoja de que en el país con un proceso de paz ejemplo para el mundo, esa paz es impopular y hasta sinónimo de rechazo.

El debate en las presidenciales de 2018 no solo es el reflejo del oportunismo político, sino también del sentir de los colombianos, de la prioridad en sus preocupaciones, y de las injusticias sociales que no están solo en la clase política, sino en la forma como todo el país piensa en su futuro. En definitiva una fuerte realidad: ¿Habrá candidato de la paz?

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