Aborto

Opinión Por

La interrupción voluntaria del embarazo (IVE) es un tema que sigue siendo complejo de abordar, se levanta como uno de los puntos más críticos de las discusiones sobre la vida, la muerte, las mujeres, y el concepto mismo de familia.

Como algunos medios responsables lo han hecho, no voy a referirme directamente al caso de los últimos días donde Profamilia a través de sus profesionales procedió a autorizar el procedimiento (por respeto a los detalles personales de los involucrados), basta decir que lo hizo bajo el cumplimiento de la Setencia C-355 de 2006, y que tal y como lo contempla la SU-096 de 2018, no existen límites a la edad gestacional para realizarlo.

Pero en redes sociales, en las calles, e incluso en la vida cotidiana de muchos colombianos, se sintió una tremenda incomodidad, se escucharon todo tipo de voces que dicen defender la vida, y todo tipo de argumentos que defendían en nombre de un principio religioso, o supuestamente ético, el negarse a aceptar que algo así pueda ocurrir (cuando es más común de lo que aparenta).

A continuación, expondré mis consideraciones sobre este tema, sin basarme en el debate puramente jurídico, y partiendo de un hecho fundamental, en una sociedad diversa, los principios religiosos u opiniones (aún cuando se trate de una mayoría), no pueden determinar los derechos de los ciudadanos que convivimos en ella, un principio simple que protege incluso la libertad que todos tenemos de acceder a esas mismas opiniones.

  1. El aborto NO es algo deseable, no se trata de un procedimiento al que una mujer gustaría llegar, se trata de uno que debe entenderse desde los derechos sexuales y reproductivos, es un tema de elección, como dice la abogada Mónica Roa constantemente, es necesario: “educación sexual para elegir, anticonceptivos para no abortar, y aborto legal para no morir.”

 

  1. No podemos centrar el debate exclusivamente en alegar un derecho de aquel que está por nacer, la maternidad no es un proceso de castigo a una decisión que pudo ser o no irresponsable, ni obligar a una mujer a ser mamá, las mujeres no son “incubadoras”, y sus derechos humanos están en juego.

 

  1. No estoy de acuerdo en que el debate sea: ¿Por qué los autodenominados Pro-vida no se concentran en las precarias condiciones de los niños que sufren por miles en Colombia, y sí, por aquellos que están por nacer, muchas veces en condiciones tan precarias? Cuando el quid del debate debería centrarse en la posibilidad de elegir, es más bien: ¿Por qué alguien considera que puede elegir por una mujer si desea o no someterse a un procedimiento que en ausencia de este podría poner en riesgo su salud mental y física, o transformar su vida para siempre?

 

  1. El prohibicionismo es otro tema crudo y constantemente omitido en el debate, como si la interrupción voluntaria del embarazo en condiciones de ilegalidad fuera segura, como si no costara vidas, como si fuera una elección a la que ninguna mujer accedió en el pasado, como si la gestación y la vida de aquel que está por nacer, fueran una vez más un castigo. Un aborto seguro, bajo condiciones médicas idóneas, salvará más vidas que un mayor número de restricciones.

 

  1. Muchos sobre este tema me han indicado: “Bueno que los den en adopción”. ¿Existe acaso una mayor referencia despectiva a la vida que está por nacer?, pero, además, ¿No es acaso una completa subordinación del poder de elección de la mujer sobre su cuerpo y salud? Y una vez más ¿Por qué deben someterse a todo un embarazo basados en la opinión de una mayoría?

 

  1. Como ocurre con muchos otros temas “tabú”, hablar de la salud sexual y reproductiva es el primer paso para que no ocurra algo que, repito, no es lo deseable. Se trata de prevenir, proteger, y cuando es necesario, proceder en favor de la mujer, y sus derechos.

 

  1. ¿De quién es la elección? De la madre, pues se trata de su cuerpo, porque no es un instrumento, y llegado el día en que el padre decida que la vida del feto está por encima de la vida de una mujer, será una clara violación a sus derechos. Que el hombre participe en la concepción, no le da derechos sobre el cuerpo de la mujer, ni sobre el feto como una posesión a la cual acceder sin importar las consecuencias.

Aunque como siempre la Corte Constitucional abrió una puerta, que el Congreso (usando tiempo valioso todos los años en conmemoraciones, y debates basados en rencillas políticas personales) no ha sido capaz de asumir en pleno Siglo XXI, también es cierto que estamos cerca de tocar este tema al considerarse insuficientes las medidas tomadas luego de los tres casos en los que el procedimiento se despenalizó: A. Concepción producto de un hecho denunciado de acceso carnal abusivo, B. Afectaciones para la vida o la salud de la madre, y C. Deformación irreversible del feto. Una vez más, podría ser la Corte la que dé el siguiente paso.

Finalmente, el aborto no es un tema popular, no se aplaude a una mujer en una reunión familiar por abortar, generalmente se esconde, se teme, y se estigmatiza. No creo que esa sea la visión de “abortos-express” que intentan vendernos los que sí creen que la vida de una mujer debe subordinarse a sus opiniones.

Todos deberían tener el derecho a nacer en un hogar donde las condiciones fueron preparadas para un “sí”, tal y como la elección de toda mujer debería ser respetada para decir “no”.

Politólogo con Énfasis en Comunicación Política. Fue director del programa radial Politizate de Poliradio y Estratega digital del Partido Liberal Colombiano. Investigador en temas electorales.

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