AÑORO A MIS ABUELOS

Opinión Por

Crecí en un hogar de clase media, no me falto nada, tuve unos padres ejemplares que me inculcaban rectitud y buen comportamiento. Estudie, descollé en mi vida laboral, logre muchos reconocimientos, he sido exitoso, viaje y vivi en muchos lugares fuera de mi patria, conocí culturas y aprendí a ser cosmopolita. Tengo unos inteligentes hijos, exitosos también, ciudadanos de bien, cada cual con su profesión y su entretención. Yo hoy acá en una tienda de pueblo, puede ser cualquiera de colombia, en un rincón con vista a un hermoso parque colmado de floridos guayacanes, veo entrar a muchos hombres y mujeres, campesinos casi todos, con mochilas y alpargatas, con sombreros raídos, con la camisa remangada y empapada de sudor, francos, desparpajados, sencillos y humildes. Veo en sus rostros alegría y se tratan con el tendero y con los contertulios no solamente como cercanos amigos sino como hermanos.

Me encanta su lenguaje coloquial y muy castellano con muchos carajos y groserías pero las expresan tan natural que me suenan agradables. Al fondo en las paredes resuenan baladas y música popular, algunos la tararean con sentimientos melancólicos o de alegría; yo impávido arrinconado con el taburete me pregunto: como es la felicidad; será la de ellas igual a la nuestra? Y me respondo; ellos son felices con la alborada que despunta en la montaña, con el verdor de sus labranzas , con el mugido de sus terneros en una mañana vestida de neblina, con el aroma del café que se cuela por la puerta de la cocina, con el sonido del radio que cuelga de una estaca y lo embriaga de música popular y complacencias, cuando llega la lluvia y riega sus cultivos en épocas de sequía, cuando apera su mula para emprender el camino al pueblo, cuando llegan las verbenas a su vereda y bajan por caminos empedrados jóvenes mujeres ataviadas con sus mejores y coloridas prendas, con sus atardeceres llenos de luces rosa, cuando su jovenzuela se sonroja cuando la mira y le brillan sus ojos como luceros en cielo despejado cuando le agarra sus manos, cuando la besa sin malicia y siente la calidez de su cuerpo.

Eso que nos parece tan sencillo pero que para ellos es trascendente pienso que los hace felices y a nosotros los citadinos que? Cosas fatuas; un buen carro, buena casa, viajes, joyas ,posicionamiento social, buenos restaurantes, ropa de marca, cirugías plásticas que alimentan la vanidad y elevan el ego, con muchos corazones manchados y empapados de envidia y rencores, con stress y ansiedad insoportable por el trajín diario y los retos que se nos imponen, con apariencias de mucho confort pero inmensamente infelices y con temperamento agrio e inmensamente solos. Todo lo impone la sociedad de consumo, somos unos esclavos de la moda y de las costumbres arribistas, nos volvimos imitadores, egoístas y nos atormenta el que dirán. Nos volvimos una marca más.

Como me agradaría vivir como ellos, añoro mis abuelos de origen campesino, su rostro bronceado por el sol, su tiple y sus amores, su chispa y humor; al hablar su franqueza, su palabra recia de mayor valor que la escrita. Su contemplación del horizonte. En fin su valor, humildad y su lealtad.

Cuando rasguño mi piel siento que de ella brota el olor a campo y me salpico de tierra campesina.

Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, fue Alcalde de Bucaramanga en el periodo 1995-1997, Gerente de las Empresas Públicas de Bucaramanga, Secretario de Vivienda y del Interior de la Gobernación de Santander.

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