¿De ejército del pueblo a esperanza para el pueblo?

Opinión Por

En un momento histórico para el país se filtra el que podría ser el nombre del partido político con el que las FARC termine de dar el paso a la vida política dejando los fusiles de lado; para los que ya estamos convencidos de este proceso de paz no es menor cosa, pero este nuevo partido político no la tiene fácil en términos de construir un mensaje que cale en el colombiano de a pie.

Lo primero es que si bien quienes fueron miembros del secretariado pudieron empuñar un fúsil con pleno convencimiento que participar de un conflicto con las armas buscando convertirse en una alternativa de gobierno al establecimiento, para la mayoría de los colombianos son simplemente quienes ordenaron masacres, bombas, secuestros – porque el colombiano nunca va a referirse a estos como retenciones – y por supuesto, aquí entro yo a estar de acuerdo con las FARC, ellos nunca reclutaron menores en sus filas, pero mi desacuerdo entra ser con el término, porque no se puede hablar de reclutar menores. Todo lo anterior sólo deja en evidencia que las caras y los nombres que hagan parte de la Esperanza del Pueblo, tiene que ser otros; sin que por ello quienes fueron las caras visibles de las FARC no cumplan públicamente con su obligación de contar la verdad y de reparar a las víctimas.

Los colombianos no están listos para perdonar, y el gobierno no hace la tarea de mostrar cómo puede cambiar su panorama cotidiano en un país que no sufra los vejámenes de la guerra, y como si no fuera eso poco, no es fácil explicarle a una señora que espera días para que la EPS le autorice una mamografía que a Rodrigo Londoño lo lleven a Cuba para tratarlo.

En algunos círculos políticos se rumora que ellos son conscientes de que su proyecto político no tendrá una acogida inmediata por parte de la ciudadanía, y en este sentido algunos de sus miembros entrarían a engrosar listas de otros partidos como el Polo Democrático y el Partido Verde. Si lo hacen por temores a que quienes decidan ser visibles repitan la historia de la Unión Patriótica, entonces el gobierno, quienes defendemos el proceso e incluso quienes se oponen, debemos hacer público nuestro compromisos de ser guardianes se vida por encima de las diferencias ideológicas que tengamos unos con otros. Pero si no se trata de una preocupación por su seguridad sino de un cálculo político, entonces ellos tienen la responsabilidad de hacer política de frente al país; cuando uno lleva 50 años empuñando un fúsil con el discurso de ser una alternativa al establecimiento, y una alternativa que si pretende trabajar por los más necesitado, pues entonces cuando el estado les brinda las garantías que ellos mismos establecieron en la mesa de negociación no haría falta nada para que pudieran hacer política con todas las de la ley.

Quienes hemos defendido el proceso de paz creemos en el dialogo, y estamos convencidos que es un imperativo moral apoyar una salida que nos asegure que se salvan vidas humanas – bien lo dijo el presidente Santos en la instalación de ésta última legislatura, quien me terminó de convencerme de que hoy soy santista – pero creer en el proceso en ningún momento puede entenderse como un cheque en blanco al gobierno, y no es un condicionante que quienes votemos por el SÍ porque preferimos un partido a una guerrilla, estemos de acuerdo con el proyecto de país de ese nuevo partido.

En lo personal mi voto en la próxima campaña electoral no va ser por este nuevo partido, como ciertamente tampoco lo será por el partido en el otro extremo, donde que pensaron bautizar su movimiento político con el apellido de su líder más importante.

Ñapa… más que ñapa esta vez es un anuncio: mi solidaridad con Daniel Samper Ospina, quien no debería tener porqué explicarle a sus hijas las calumnias que le levantó el señor EX presidente y ahora senador. He decidido que en mi columna nunca más tendrá lugar su nombre y no me presentaré para hacer eco o contra argumentar sus posturas hasta que no se retracte.

Abogado de la Universidad del Rosario con estudios en Teorías Contemporáneas de la Justicia de la Universidad de Harvard. Ha trabajado asesorando a la empresa privada y también en campañas políticas. Desde 2015 ha estado vinculado a la Dirección Nacional Liberal del Partido Liberal Colombiano.

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