EE. UU.: LA DEMOCRACIA A PRUEBA

Opinión Por

En Estados Unidos se están escribiendo lecciones inéditas sobre el poder en la era digital. La elección de Trump, la eventual intervención de Putin, la influencia de las redes y el papel de los medios tradicionales son sus principales ingredientes. Lo que resulte será decisivo para la democracia en todo el mundo.

Después de muchos rumores, algunos en tiempo real, como cuando se divulgaron los correos privados de la señora Clinton faltando días para las elecciones, la semana pasada se desató un huracán político sin antecedentes. Mientras la renuncia del presidente Nixon, en su momento, fue ocasionada por abusos en el ejercicio del gobierno, en este caso, en cambio, se trata del cuestionamiento de la elección del presidente.

El miércoles 12 el New York Times pasó factura sobre la confirmación de muchas denuncias al decir: “Todo el tiempo, la verdad estaba ahí, en los mensajes de correo electrónico, los correos electrónicos de Donald Trump Jr., es decir, que publicó en Twitter el martes por la mañana después de enterarse de que el NYT estaba a punto de publicar su contenido. En un lenguaje tan contundente y obvio que haría sonrojar a un guionista de Hollywood, los correos electrónicos confirman lo que el presidente, su hijo y otros han negado repetidamente durante más de un año: que los principales miembros de la campaña Trump se reunieron con representantes del Gobierno ruso en la expectativa de ayuda para dañar a Hillary Clinton y conseguir que Donald Trump sea elegido”.

Antes de eso, James Comey, director del FBI, fue despedido por la investigación sobre la influencia rusa en la elección. Las dudas siguen latentes: ¿puso Putin presidente de los Estados Unidos, “apenas” ayudó o son calumnias de los hechos y los medios, convertidos en “oposición”?

El presidente Trump desarrolló su campaña y ahora ejerce el gobierno con una notoria utilización de redes sociales y un notorio “desprecio” por los medios tradicionales. Los efectos de “verdades alternativas” y “posverdades” han sido creíbles por la notable influencia de las redes, mucho más en receptores con escaso nivel educativo, y la ausencia en ellas de normas éticas y morales garantizadas por alguna responsabilidad editorial. Es notorio el contraste entre el rápido desarrollo de las nuevas tecnologías de información y comunicaciones y su influencia, con el lento ajuste y baja capacidad de respuesta de instituciones y legislación. Vivimos una época de cambios rápidos y profundos que las sociedades no han alcanzado a formalizar o reglar. Y en río revuelto cualquiera pesca, votantes desprevenidos.

Es curioso que la oposición a Trump no la asuma a fondo el Partido Demócrata, principal afectado, o el expresidente Obama o la excandidata Clinton, sino los medios, digamos, “tradicionales”; columnistas y periodistas de oficio. Pero no lo es tanto si consideramos que estos, en un sistema de pesos y contrapesos, tienen la importante función de controlar eventuales desbordamientos de los demás poderes. Así, una lucha de naturaleza política; una pugna por el acceso al poder, se ha transformado en una confrontación institucional con periodistas y medios como contraparte.

La eventual intervención de Putin en los asuntos de Estados Unidos no es nada nuevo. Dividir a los rivales estaba en el manual de Maquiavelo. Lo novedoso es la manera como se ha hecho, utilizando desarrollos tecnológicos para los que no existen fronteras ni reglas que, en todo caso, podrían resultar más perjudiciales que la libertad que hoy disfrutamos en las redes, con sus imperfecciones.

A falta de respuestas oportunas, las decisiones quedan en manos de los más avispados o poderosos. En eso, como en sus populismos, Trump y Putin se parecen. Los dos han entendido que la globalización sacó a millones de la pobreza, pero en los países desarrollados también muchos perdieron o debieron cambiar sus empleos. Ambos pescan allí.

El desenlace del asunto tiene que ver con que Trump ya está elegido y ejerce poder real, lo que concede fuerza, en la práctica, a sus verdades alternativas. La razón o la verdad “verdadera”, son secundarios. Mientras el juicio avanza lentamente, él gobierna.

¿Saldrá indemne la democracia de este turbio episodio? ¿Tomaremos medidas, solamente, después de muchos daños, populismos, guerras  y nuevas formas de dictadura?

Economista, Magíster en Ciencia Política, con posgrados en Alta Dirección del Estado y Desarrollo Alternativo. Exministro de Educación Nacional, fue Presidente de la Juntas directivas del ICFES y COLCULTURA.

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