EL DISLATE DE TRUMP

Opinión Por

La verdad es como la hoja de una espada sin empuñadura, corta por todos lados a quien quiera sostenerla y más a quien quiera forcejear con ella. Eduardo Galeano

 

EL MAL AMBIENTE

La noticia de la elección de Donald Trump como Presidente de los EEUU, justo el día siguiente de instalada la 22ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 22), cayó como una ducha de agua fría. Y no era para menos, con su elección se había dado un cambio extremo en la gran potencia del Norte, sobre todo en el abordaje del dramático cambio climático al que tanto pánico le tiene la comunidad internacional, a contrapelo de lo que piensa el nuevo inquilino de la Casa blanca. Para el señor Trump, “el cambio climático es un invento que pretende proteger la naciente industria china, perjudicando la industria americana. Este fenómeno no está demostrado y no tiene un sustento real. De allí su historieta del Cambio climático como un “cuento chino”, como una “patraña”.

Acostumbrados como estamos a que los candidatos hacen campaña en poesía y gobiernan en prosa, se creía que las declaraciones de Trump eran tan sólo baladronadas para conquistar incautos, pero no, los pasos que ha dado desde el primer día de su mandato en esta  materia han sido decepcionantes para quienes se hacían la ilusión de que Trump sentaría cabeza. En efecto, para la Agencia de Protección Ambiental de EEUU (EPA, por sus siglas en inglés) la llegada de Trump fue como si irrumpiera un elefante en una cristalería. Para él “por demasiado tiempo la Agencia ha gastado dinero de los contribuyentes en políticas anti-energía que están fuera de control y que destruyeron millones de puestos de trabajo, mientras afecta a nuestros granjeros, negocios e industrias” y, por lo tanto había que meter en cintura y reorientar a la EPA.

SCOTT EL ESCÉPTICO

Procedió, entonces, a designar a Scott Pruitt, aliado incondicional de la industria petrolera, radical entre los radicales del escepticismo con respecto al cambio climático, como Jefe de la EPA. Sus antecedentes lo delatan: no sólo lideró una conjura de procuradores estatales para tumbar en las cortes las medidas regulatorias tomadas por Obama en procura de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) limitando el uso del carbón y los derivados del crudo e incentivando el uso de las energías renovables y limpias, sino que, como lo puso en evidencia The New York Times, algunos de sus alegatos ante las cortes habían sido sólo copy page de documentos que él recepcionaba de la industria, la misma que lo recompensó generosamente con donaciones para elegirse y reelegirse una y otra vez en el cargo. Mr. Pruitt adelantó procesos contra la propia agencia que ahora dirige, aduciendo que la EPA era demasiado “activista” y a la que ahora podrá darle su tatequieto. Como Fiscal general del Estado de Oklahoma  interpuso varias demandas contra decisiones de la EPA tendientes a controlar las emisiones de GEI, con el fin de bloquearlas. Bien dijo Upton Sinclair que “es difícil lograr que un hombre entienda algo, cuando su salario depende de que no lo entienda”.

Para que no quedara duda sobre su concepción Scott Pruitt, ya como Director en funciones de la EPA, manifestó, contra todas las evidencias, que “no estoy de acuerdo en que (la actividad humana) sea un contribuyente primario al calentamiento global que vemos”, al tiempo que cuestionó el hecho de que se le asignara a la EPA la regulación de las emisiones de GEI. En palabras de Trump, Pruitt “revertirá esa tendencia y restaurará la misión esencial de la Agencia de mantener nuestro aire y nuestra agua limpios y seguros, cuando ya no están ni limpios ni seguros. De hecho, se apresuró a levantar la exigencia de la EPA a las compañías que extraen el carbón y el petróleo de reportarle sus emisiones del gas metano. El Presupuesto de la EPA se redujo para el 2017 en un 25% y 3.000 puestos de su plantilla de personal fueron suprimidos de tajo, entendible porque su misión pasó a un segundo plano en la agenda del Gobierno federal y su prioridad ahora es la carrera armamentista y la industria bélica para “que EEUU vuelva a ser grande otra vez”.

Según este bárbaro “medir con precisión  el impacto de la actividad humana en el clima es algo muy difícil y existe un inmenso desacuerdo sobre el alcance de este impacto. Entonces no, no estaría de acuerdo con que se trate de un factor importante en el calentamiento globalDebemos seguir el debate y seguir analizando el impacto del CO2. Él nos invito a emular al par de liebres de la fábula, que viendo que se les aproximaban dos perros amenazantes en lugar de huir del lugar y evitar ser presa fácil de ellos, se pusieron fue a discutir si la raza de los perros, porfiando entre ellas si eran galgos o podencos y mientras se ponían de acuerdo los canes dieron buena cuenta de ellas.

LA HORA DE LA POST-VERDAD

No hay más ciego que el que no quiere ver ni más sordo que quien no quiere oír, máxime cuando el Secretario de Prensa  de la Casa blanca Sean Spicer se da la licencia para “no estar de acuerdo con los hechos”, refiriéndose a la controversia que se suscitó en los medios a propósito del número de asistentes a la ceremonia de asunción del cargo por parte de Trump. Y al defender al autor de semejante metida de patas, la Jefa de campaña y tal vez la más cercana consejera del Presidente Kellyanne espetó que “él (Spicer) solamente está ofreciendo hechos alternativos. Ello es lo que han dado en llamar “post-verdad”, que tantos desvaríos viene propiciando en el mundo entero, en donde tiene como caja de resonancia a las redes sociales.

Hace mucho rato el Panel intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), creado en 1988 e integrado por 195 estados miembros, ha demostrado hasta la saciedad que la concentración de CO2 en la atmósfera ha aumentado un 40% desde la era preindustrial, así como su correlación con el aumento de la temperatura global. Y cada vez la precisión y el grado de certeza sobre la responsabilidad en ello de la actividad humana es mayor, en el año 2001 era del 60%, en 2007 del 90% y ya en el 2014 se elevó al 95% (¡!). Desde su primer Informe de evaluación, que data del 1990 hasta el más reciente, el sexto, conocido el año pasado, el IPCC ha sido categórico en plantear la necesidad del control de las emisiones de GEI como única forma de detener el apocalipsis climático!

EL “ERROR ÉPICO”

Por ello, no deja de ser una necedad el empeño de la administración Trump de sustraer a los EEUU de los esfuerzos mancomunados de la comunidad internacional por salvar el planeta Tierra, el único habitable por ahora. Siendo candidato prometió retirar a EEUU del Acuerdo global del Clima de París, firmado a finales de 2015, en un hecho sin antecedentes, nada menos que por parte de 192 países. El “error épico”, como denominó el Nobel de Economía Paul Krugman la elección de Trump como Presidente de EEUU, en que incurrieron los estadounidenses, le puede costar caro no sólo a su país sino a la humanidad. Como lo advirtió premonitoriamente Krugman, “sus consecuencias pueden ser apocalípticas, aunque sólo sea porque es probable que hayamos perdido nuestra última y mejor oportunidad de frenar al desbocado cambio climático, en la medida en que el devastador egosistema que se pretende implantar pone en riesgo la defensa del frágil ecosistema.

No será fácil para los EEUU deshacerse de sus compromisos contraídos con la comunidad internacional, pues estos prevén que una vez en ejecución (entró en vigor el 4 de noviembre de 2016) los países signatarios del Acuerdo de París se obligan a permanecer por lo menos 4 años (¡!). Si EEUU,  que no sólo es el segundo emisor de gases contaminantes a la atmósfera sino uno de los mayores emisores per cápita, decide retirarse anticipadamente tendría que renunciar primero a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC, por sus siglas en inglés) adoptada en Nueva York el 9 de mayo de  1992, la cual dio vida al emblemático Protocolo de Kyoto, que EEUU nunca ratificó y al esquema de las COP. Este “mal Acuerdo”, como lo denomina el inefable Jefe de la EPA, es cuestionado por este recurriendo a la leguleyada de que “tendría que haber sido manejado como un Tratado, tendría que haber pasado por una confirmación del Senado” que no se dio. Como lo dijo el Presidente francés Francois Hollande, EEUU debe “respetar los compromisos” adoptados y añadió sentenciosamente, “no es solamente su deber, es su interés. Y, para rematar, Ban Ki – Moon, octavo Secretario General de las Naciones Unidas, dijo en la Cumbre de Marrakech, en alusión al dislate de Trump, que “no tenemos derecho a jugar con la suerte de las futuras generaciones”. Él no podrá detener la marcha de las ruedas de la historia!

Como lo manifestó la Secretaria ejecutiva de la Convención sobre el Cambio Climático de la ONU, Patricia Espinosa,  “tenemos un marco claro y vamos a continuar. Este proceso, que parecía impensable hace un tiempo, ahora es imparable”. Por su parte el representante especial chino a la Cumbre en Marruecos Xie Zhenhua, recordó que “enfrentarse al reto del cambio climático es nuestra responsabilidad común y compartida”, al tiempo que aseguró  que China no se bajará del tren ni siquiera si Washington cambia de rumbo.

Afortunadamente para los EEUU y para el resto del mundo Trump no las tiene todas consigo dado el carácter federal de su régimen político, en el marco del cual los Estados son autonómicos, adicionalmente su arquitectura constitucional permite que funcionen tanto la separación de poderes como  los pesos y contrapesos (checks and balances). Ello le servirá de cortapisas al ejercicio del poder omnímodo del cual hace alarde Trump desde que arribó a la Casa blanca. Es bien sabido que hay ciudades en los EEUU que se han erigido en especies de santuarios frente a la política de Trump, tanto en lo atinente a su Orden ejecutiva anti-inmigratoria, que ha encontrado también escollos en los tribunales de Justicia, como también a sus directrices en contravía del Acuerdo de París. En este sentido resulta paradigmática la pequeña urbe de Burlington, ubicada en el Estado de Vermont, que desde el 2004 tomó la decisión de dejar de comprarle la energía a la única planta nuclear que opera en este Estado y apostarle mas bien a las fuentes renovables, convirtiéndose en el mejor vividero de los EEUU. Y como esta ciudad hay muchas otras que la imitan, como también son varios los Estados que se adhirieron al Protocolo de Kyoto primero y ahora al Acuerdo de París. Es más, aunque en ambas cámaras del Congreso Federal los republicanos son mayoría, no siempre le funcionan al Presidente Trump, como prueba al canto está su negativa a aprobarle su contra-reforma legislativa para desmontar el Sistema de seguros de Salud implementado por Barack Obama, el Obamacare, una de sus promesas de campaña.

REFLEXIÓN FINAL

La advertencia del Sumo Pontífice es perentoria: “la sumisión de la política a la tecnología y a las finanzas que buscan la ganancia, se demuestra por la distracción y el retraso en la aplicación de los acuerdos mundiales sobre el medioambiente…Nunca había sido tan evidente la misión de la ciencia al servicio de un nuevo equilibrio ecológico global…En la modernidad hemos crecido pensando ser propietarios  y dueños de la naturaleza, autorizados a saquearla sin consideración sobre sus potencialidades secretas y leyes evolutivas, como si se tratase de un material inerte a nuestra disposición, produciendo entre otras cosas una gravísima pérdida de la biodiversidad…El futuro de la Tierra es digno de estima”.

Y el futuro es ahora, lo dijo elocuentemente Mijail Gorbachov, el padre de la Glasnost y la Perestroika que transformó para siempre a la otrora superpotencia de la URSS, “en 1992, después de la Cumbre de la Tierra, más de 100 científicos (incluyendo a docenas de ganadores del Nobel) se reunieron en Washington. Su veredicto fue despiadado: si la tendencia destructiva continuaba , en 30 o 40 años comenzarían a darse  cambios irreversibles en la biosfera y ya pasaron 20”. La admonición de Gorbachov es concluyente: “el hombre no es el amo de la naturaleza, sino parte de ella. El medioambiente ha existido durante billones de años sin el hombre y podría volver a hacerlo. Si queremos seguir viviendo en la Tierra necesitamos un desarrollo sostenible…Creo que el Siglo XXI debe ser el Siglo en que los seres humanos vivan en armonía con la naturaleza, en lugar de esclavizados por la tecnología”. Más claro no canta un gallo!

Economista de la Universidad de Antioquia, fue Senador y Presidente del Congreso, Ministro de Minas y Energía, y Director Ejecutivo de la Federación Nacional de Municipios hasta principios de 2017.

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