El gran dilema de los 100 días de Duque

Opinión Por

Más allá de abordar la llamada crisis que vive el gobierno Duque con 100 días de polémicas, encuestas que lo califican de forma negativa (tomando en cuenta que la única que lo salva usa una metodología tan dudosa que provocó que la firma Guarumo hiciera implosión), o de criticar sus proyectos de ley más impopulares, creo que existe un claro efecto negativo de una estrategia de comunicación política con fallas enormes.

Recuerdo el texto de Mario Riorda, que, aunque intentaba explicar que no existe eso de “gobierno bien pero comunico mal” (algo con lo que estoy solo parcialmente de acuerdo), creo que plantea un desafío fundamental que enfrenta el actual gobierno: “La comunicación política tiene un objetivo: generar consenso. Si la comunicación política no actúa bien, no hay consenso y si no hay consenso, no hay buena gestión

Existe más de una forma de generar consensos, pero en la opinión pública se requiere del uso de herramientas de comunicación que el actual gobierno no parece usar, o entender, pero que al menos acepta que son parte de la explicación sobre la imagen de su arranque, esperemos que no se escude en ello como ocurrió en el gobierno anterior.

Escuchando a los analistas por estos días en medios de comunicación, han salido consejos ingeniosos de todo tipo, por ejemplo, algunos afirman que el gobierno Duque carece de un tema central que convoque a la unidad del país, como la Paz de Santos, pero ese gobierno nunca tuvo una respuesta popular afirmativa a pesar de tener uno de los proyectos más ambiciosos de la historia del país, también otros más críticos afirman que el presidente requiere de un “gran enemigo”, como lo fue la llamada “amenaza terrorista” durante el gobierno Uribe, que convierta al presidente en el salvador de la nación de un peligro “evidente”, pero aquí el problema se vuelve de forma, pues Duque ha demostrado todo, menos tener la voluntad crear un gobierno alrededor de una sola pelea.

En mi opinión, el actual gobierno requiere de dos grandes elementos, que no fungen como medidas milagrosas, y requerirán de su cuidadosa atención, primero, comenzar por generar consensos puertas para adentro, y segundo, una estrategia de comunicación transversal a todo.

En primer lugar, de nada sirve ser popular si el margen de maniobra del Ejecutivo es en extremo limitado, algunos consensos se logran luego de crearlos en la opinión pública, pero en el caso de la era Duque no parecen existir consensos claros ni aún en su propio partido.

El legislativo es un caos, es evidente que la iniciativa parlamentaria no está en manos del gobierno, y antes de salir con el práctico argumento de que no se está dando mermelada, bien cabe observar al propio Centro Democrático proponiendo proyectos a gusto y opinando con el espejo retrovisor que el gobierno se niega a usar.

El presidente debe poner en orden su casa, al menos con el líder natural de su facción el senador Álvaro Uribe, y llamar al orden a los partidos que en un principio tan placida y orgullosamente se denominaron partidos de gobierno.

Sus iniciativas, sus políticas e incluso sus comunicados, deben partir de consensos mínimos, de nada sirve desgastar a una Ministra de Justicia en el congreso, con una reforma de su resorte que no es aceptada ni por las mismas cortes, un error que el gobierno anterior aprendió con sudor y lágrimas.

Segundo, una estrategia, cuya ausencia sale a la luz con mayor fuerza en la propuesta de Ley de Financiamiento, ¿Cómo es posible que un gobierno sepa que va a lanzar una idea tan impopular como gravar con IVA el 80% de la canasta familiar y no tenga una estrategia de comunicación clara para explicarla?. El joven viceministro de Hacienda patinó en los medios intentando explicar lo injustificable, el director de la DIAN hizo lo propio, y solo cuando ya era insostenible el impopular ministro de Hacienda salió a defender una medida que bien explica buena parte de la caída del gobierno en las encuestas.

Una estrategia transversal, no solo se sostiene en un gran tema como la Paz de Santos, o la Seguridad Democrática de Uribe, es también lo que llamaríamos un meta-mensaje que en términos coloquiales es lo que está detrás del mensaje, es una forma uniforme y adaptable de abordar a los medios, de expedir comunicados, de evitar contradecirse entre ministerios o embajadas (como ocurrió con el embajador Francisco Santos y el canciller Carlos Holmes Trujillo intentando hablar de Venezuela).

La lección de comunicación política para el actual gobierno llega temprano, y con dos gobiernos anteriores tan disímiles en su forma de comunicar, se necesita más que reencauches como los consejos comunitarios, se necesita además de un Jefe de Estado, una cabeza de comunicación para ese Estado.

 

 

Politólogo con Énfasis en Comunicación Política. Fue director del programa radial Politizate de Poliradio y Estratega digital del Partido Liberal Colombiano. Investigador en temas electorales.

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