El paro nacional y nuestra inmadurez

Opinión Por

Una sociedad que debe dejar de estar llena de niños para empezar a vivir como adultos: el paro nacional y nuestra inmadurez.

La tendencia mundial que se ha impuesto en los últimos años, en donde la participación política ha migrado desde los lugares tradicionales dispuestos por los sistemas democráticos a formas directas y espontáneas de acción colectiva por medio de movilizaciones ciudadanas, que expresan de manera directa y en muchas ocasiones con códigos de comunicación novedosos (Parodias, burlas, elementos de representación mediática), usando mensajes claros con demandas y exigencias puntuales para discusión dentro de una agenda directa con el gobierno cuestionan directa y claramente la vieja fórmula de organización social que se pensaba como la única forma de gobierno posible.

Esto es: representación ciudadana + libre mercado = Democracia

Fenómenos como, La deslegitimación de las instituciones debido a la corrupción, la ausencia de representación de ellos intereses ciudadanos y la pauperización de la clase media, la crisis ambiental y el agotamiento del sistema económico mundial han generado el rechazo en todos los sectores de la sociedad, especialmente en los más jóvenes, que han creado nuevas expresiones de resistencia ciudadana a las políticas públicas del gobierno y de organización social que se ha expresado por medio de las marchas que han sido protagonistas de la dinámica política del país en la última parte del año pasado.

Las nuevas formas de participación ciudadana han tomado nuevos matices y formas, de esta forma, el mundo ha visto la aparición de los “indignados” españoles, los aganaktismenoi griegos y el movimiento Occupy Wall Street en los Estados Unidos, los “Chalecos amarillos” en Francia, los “Capuchas” en Chile,  el grupo de la “primera línea” en Colombia y los “ProDemocracy” de Hong Kong.  Todos ellos han optado por la protesta directa sin ninguna base de representación política y la expresión espontánea que busca una forma de reclamar medidas efectivas para ser parte activa del gobierno y que su voz sea escuchada directamente por los tomadores de decisiones que buscan dar cuenta de una democracia más efectiva y sobre todo visible para la base social.

Desde 1994 con las movilizaciones ciudadanas, centradas en el movimiento antiglobalización y lideradas por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en México, hasta las manifestaciones ciudadanas desatadas con el movimiento, mundialmente conocido como “la primavera árabe”  han mostrado una nueva forma de relación política entre el estado y la ciudadanía,  que se ha llamado como “Horizontalidad”, que es la relación directa entre el ciudadano y el estado, sin la intermediación de las instituciones ni de los representantes ciudadanos elegidos democráticamente en las elecciones, ya que el rechazo a estas instancias ha venido creciendo debido a la ineficiencia en sus acciones.

El rol del Estado, las prácticas de liberalismo económico, sumado a la corrupción y la falta de interés por cumplir los acuerdos pactados en el acuerdo de paz han suscitado la indignación de diversos sectores de la sociedad que hoy rechaza la figura del Estado como único tomador de decisiones respecto a la agenda nacional, sin tomar en cuenta a la sociedad civil

Es aquí en donde aparecen nuevos cuestionamientos que las protestas ciudadanas han develado: ¿por qué las medidas necesarias para que exista un cambio social, ya no recaen sobre los representantes elegidos democráticamente en las votaciones?

Es así como aparece la “acción colectiva” como una forma de organización ciudadana que se opone al Estado como el garante y administrador de justicia y equidad económica, se inscribe al movimiento ciudadano como el encargado de reaccionar frente a la vulneración de nuestros derechos y defender los intereses que el estado ha dejado de garantizar a todos los grupos que compone la sociedad actual, incluyendo los grupos tradicionalmente excluidos o rechazados por los sectores conservadores del país.( los grupos ambientalistas, minorías étnicas y sexuales, los trabajadores, los pensionados y los estudiantes).

La horizontalidad y auto organización ciudadana generada por la acción colectiva permite construir un nuevo imaginario político, que ya no se basa en la propiedad privada ni tampoco en la “cosa” pública, sino se centra en la autogestión ciudadana y en el papel fundamental de la ciudadanía como actor principal en la toma de decisiones de la agenda estatal.

La acción colectiva es una novedosa alternativa de participación ciudadana, que permite que la negociación de la agenda pública y de nuestras necesidades sea escuchada directamente por los agentes del gobierno. La participación en las protestas ciudadanas, en los cacerolazos, en las expresiones ciudadanas de orden novedoso y no violento, que lo único que hacen es condenar al lastre tradicional de los movimientos ciudadanos, de desorden y destrucción de la infraestructura de la ciudad y desvirtuar los justos reclamos frente a la ineficiencia del estado y la falta de voluntad para sacar adelante una agenda que atienda de manera real las verdaderas demandas ciudadanas consecuencia del profundo inconformismo que sentimos con la manera de actuar del gobierno actual.

La participación ciudadana es vital, es fundamental, es la razón por el cuál una sociedad está viva de esta manera los ciudadanos dejamos ser los simples electores, ignorantes, crédulo y atemorizados, para empezar artífices reales de nuestro futuro y dejaremos de ser una sociedad infantil, para entendernos y comportarnos como una sociedad adulta, madura y responsable que actúa y agenda nuestro propio bienestar.

Politólogo (Universidad Javeriana) Magister (Estudios políticos e internacionales, Universidad del rosario) DELA (IHEAL) Paris XII (Université Nouvelle Sorbonne) Docente (Universidad Militar, Politécnico Grancolombiano)

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