Empieza el gobierno del presidente Duque

Opinión Por

Una ventaja de la democracia es la alternancia en el Gobierno; esto cobra importancia en los regímenes presidencialistas, por las características del mismo. Sólo en los autoritarismos los gobernantes se perpetúan más allá de lo tolerable por las mayorías ciudadanas. Ahora hay que darle la bienvenida al Gobierno que preside Iván Duque y  su Vicepresidenta Martha Lucía Ramírez, de quienes esperamos tomen decisiones de política pública favorables para el país. Todos los gobiernos hacen cosan positivas y otras más criticable y eso es lo que la democracia periódicamente premia o sanciona.

Las condiciones del país hoy no son iguales a las de hace veinte años; durante estos cinco gobiernos la situación de seguridad cambió sustancialmente –ya no existen más las FARC como organización armada, tenemos una Fuerza Pública moderna, fortalecida y con una gran legitimidad social-, a pesar de mantenerse en algunos territorios, riesgos asociados a la criminalidad organizada transnacional y a lo que resta del conflicto armado representado por el ELN; la economía, con los comportamientos cíclicos cada vez más ligados al escenario internacional –como la crisis capitalista de 1999, o la última distorsión de los precios del petróleo-, ha seguido creciendo con políticas estables, siempre susceptibles y necesarias de mejorar; los indicadores de pobreza han disminuido, seguramente no a la velocidad que deseamos y allí el nuevo Gobierno debería aplicarse; los presupuestos para educación se han incrementado y deberían mantenerse en crecimiento, seguramente las políticas públicas para el sector requieren revisiones y ajustes; en  el campo de la salud la situación debe seguir teniendo la máxima prioridad de los responsables gubernamentales; el desarrollo territorial de regiones que vivieron las últimas décadas con mayor intensidad el conflicto armado, donde se sitúan los compatriotas con mayores niveles de pobreza y mayores carencias de bienes públicos y donde justamente hay la mayor cantidad de cultivos de coca, debería ser una prioridad para la acción de las políticas públicas del nuevo gobierno; en el campo internacional hay nubarrones, no sólo derivados de un contexto cambiante, sino de riesgos en el Caribe con las pretensiones de Nicaragua, y los impactos negativos que recibimos de la crisis interna de nuestro vecino venezolano.

Institucionalmente también hay cambios relevantes; en el Congreso ya no es el transfuguismo individual de los congresistas el que permite construir mayorías, hoy día se deben dar acuerdos de bancadas, lo cual hace más complejo el trámite de las iniciativas legislativas, especialmente en un Congreso donde ninguna fuerza política tiene mayorías. Estamos empezando a poner en práctica el nuevo esquema constitucional del Estatuto de Oposición, que va a exigir de los líderes del Gobierno y de la oposición ser capaces de construir relaciones políticas acordes con él, donde ojalá prime la búsqueda y construcción de consensos y no el estímulo a la polarización –teniendo claro quién recibió el mandato de gobernar y quienes el de hacer control político desde la oposición-. Hoy día tenemos una sociedad mejor informada y la conectividad de las redes sociales nos enfrenta a ciudadanos con mayor acceso a la información.

El nuevo Gobierno designó una nómina de ministros de buena formación y experiencia, donde tuvo menos peso que en el pasado las cuotas políticas y donde la presencia de mujeres es muy importante. Todo ello nos lleva a decir que hay que abrir un compás de espera al nuevo Gobierno y desearle ’buen viento y buena mar’

Doctor en Ciencias Políticas, de la Universite Catholique De Louvain, y Magister en Política Social de la Universidad Externado de Colombia. Es autor de múltiples investigaciones y actualmente Profesor asociado de la Universidad Nacional.

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