GUERRA CONTRA LAS DROGAS 2.0

Opinión Por

¿Vuelve la aspersión aérea con glifosato? Es el interrogante que queda después del auto de la Corte Constitucional.

Por un lado, dice la Corte que no hay condiciones para regresar a las fumigaciones con glifosato; por otro, condicionó al Gobierno a cumplir con unos requisitos para implementar su uso y dejó en manos del Consejo Nacional de Estupefacientes la decisión final, organismo que debe “considerar y ponderar toda la evidencia científica y técnica disponible en lo que se refiere a la minimización de los riesgos para la salud y el medioambiente”.

En otras palabras, la Corte dio luz verde a la aspersión con glifosato para combatir los narcocultivos, con la condición de que el Gobierno adopte las medidas para minimizar el riesgo para la salud y el medio ambiente.

No existe evidencia científica de que el uso del glifosato en la lucha contra las drogas no represente un daño para la salud; además, es una práctica inviable y onerosa. Un estudio de Pascual Restrepo del MIT y de Sandra Rozo de UCLA, demuestra que por cada hectárea asperjada los cultivos ilícitos se reducen en 0.035 hectáreas. Es decir, que para eliminar una hectárea sería necesario rociar 30, a un costo de U$ 72.000, de los cuales los Estados Unidos pone 1 dólar y el nuestro 2.2 dólares.

Desafortunadamente la Corte desconoce lo que pasa a nivel internacional y enfrenta al país a seguir en la interminable discusión, después de 50 años de “guerra contra las drogas”. También, desconoce el precedente de las millonarias condenas contra Bayer y Monsanto por el uso de este herbicida carcinógeno; y las prohibiciones o restricciones a su uso en más de 15 países.

La posibilidad de volver al glifosato -aunque se intente minimizar el riesgo- significa pérdidas para los campesinos y cultivadores, la población más vulnerable. Esa que, cuya única idea de “estado” no va más allá de una avioneta que periódicamente los envenena.
La “guerra” contra las drogas bajo el insalubre e ineficiente esquema de aspersión aérea con glifosato, está perdida. La millonaria inversión que demanda esa lucha, debería destinarse a programas de sustitución voluntaria, investigaciones científicas sobre el uso medicinal de la marihuana y la coca, para convertir a Colombia en pionero mundial de esa industria.

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