La guerra del fin del mundo

Opinión Por

Gran parte del mundo se encuentra en vilo por la escalada militarista entre dos potencias nucleares, los Estados Unidos y Corea del Norte, ambas encabezadas por líderes fuera de lo común, la primera por Donald Trump, un magnate inmobiliario sin experiencia política, que llegó a la Casa Blanca con un discurso incendiario y belicoso, la segunda por Kim Jong Un, el heredero de una dinastía comunista, que se ha mantenido en el poder por más de 69 años, desde su abuelo.

La génesis del conflicto está en el programa nuclear de Corea del Norte, cuyo inicio se dio en la década de 1960, el objetivo de este es el desarrollo de armas nucleares, pues tras más de seis décadas de ensayo y error y múltiples sanciones económicas de la comunidad internacional, el régimen Norcoreano apalancado en la política del Songun que significa “lo militar primero”, realizó a finales del mes pasado el lanzamiento, a modo de prueba, del misil intercontinental Hawsong-15, capaz de “alcanzar cualquier parte de los Estados Unidos”. En términos sencillos quiere decir que un régimen abiertamente hostil a EEUU hoy posee armas de destrucción masiva funcionales, capaces de alcanzar su territorio. Esto representa una amenaza sin precedentes desde la crisis de los misiles en 1962, cuando la entonces Unión Soviética, ubicó en Cuba  bases de misiles nucleares dirigidos hacia suelo americano.    

Corea del Norte es gobernado por un régimen autoritario, dominado por una familia desde la creación del país en 1948, en donde se le vende a la población la idea que EEUU es un imperio que desea apoderarse de su territorio, razón que justifica que el Estado Norcoreano invierta más recursos en defensa y armas que en cualquier otro rubro. Es así como un país pobre se ha convertido en una potencia militar, es la única manera en que el régimen político puede sobrevivir en el tiempo, pues ningún país está dispuesto a atacar a esta pequeña Nación, cuyo Gobierno impredecible tiene a la mano armas nucleares. Es decir, su armamento ha servido como poder disuasorio para impedir ser atacado o invadido. Pero esto podría cambiar…

Hoy Estados Unidos es gobernado por un Presidente caracterizado por su poca capacidad diplomática, que ha caído en el peligroso juego de la provocación planteado por la República Popular de Corea. Tras los ensayos nucleares recientes, la Embajadora Estadounidense en las Naciones Unidas  Nikki Haley, manifestó que: “Corea del Norte ha acercado al mundo a la guerra. Nunca la hemos buscado ni la pretendemos, pero si esta llega, se deberá a actos constantes de agresión como el de ayer y en el caso de que ocurra, el régimen norcoreano quedará totalmente destruido”.  

Es evidente, que la mejor salida a esta situación problemática, generadora de enorme tensión, debería ser resuelta por la vía diplomática, a través de negociaciones entre EEUU, China –principal aliado económico y político de Corea del Norte- y Corea del Norte, para a través de estímulos económicos y comerciales a una nación asfixiada por las sanciones, lograr desmontar el programa nuclear.

Mi temor es que Donald Trump, quien encabeza un gobierno errático, asediado cada vez más por el escándalo del “Rusiagate”, con bajos niveles de popularidad, y con un Congreso en donde a pesar que su partido (el Republicano) tiene mayoría, el Gobierno ha tenido enormes dificultades en que sean aprobadas las leyes presentadas, vea en un posible conflicto con Corea del Norte la salida a su crisis política interna. Una guerra aumentaría su popularidad, le permitiría reelegirse fácilmente en 2020 y serviría de cortina de humo para que ya no se hable de los escándalos que lo persiguen. Es claro que el costo sería enorme y una persona sensata no tendría como opción real un conflicto nuclear…pero Trump no es sensato, y ese es mi temor, porque de iniciarse un conflicto con la República Popular de Corea sería el inicio de la guerra del fin del mundo entre dos potencias nucleares. Está en los gobiernos del mundo y la ciudadanía movilizada presionar para que ello jamás ocurra.     

Abogado y Politólogo de la Universidad Icesi de Cali con Especialización en Gobierno y Gestión Pública Territoriales de la Universidad Javeriana de Bogotá. Asistente Legislativo en el Senado de la República.

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