LA SERVILLETA DE LAFFER

Opinión Por

Desde la Presidencia del republicano Ronald Reagan en los EEUU ha venido haciendo carrera la teoría o hipótesis de Laffer, más conocida como la Curva de Laffer, la cual debe su nombre a su autor Arthur Laffer, profesor de economía de la Universidad de Chicago. Pues bien, cualquier día se dieron cita en el Hotel Washington, en el mismo que se rodaron varias escenas de la célebre película de El padrino II, además de Laffer, el Jefe de Gabinete del Presidente Gerald Ford Donald Rumsfeld, el subjefe Dick Cheney y el periodista Jude Wanniski, editor asociado de The Wall Street Journal. La misma tenía por objeto explorar caminos para detener la inflación galopante, que había llegado en 1975 a los dos dígitos, de 12.37% anual, uno de los niveles más altos  en la historia estadounidense. Y ello, en medio de una recesión del crecimiento de su economía. 

Rumsfeld y Cheney, como lo mandaba la ortodoxia, eran partidarios de que se decretara un aumento de impuestos del 5% para bajar la presión sobre los precios. El profesor Laffer conceptuó que ello sería contraproducente, que en lugar de incrementar la tarifa de los impuestos la mejor estrategia era bajarlos y para ilustrar la pertinencia de su propuesta, que resultaba contraintuitiva para sus contertulios, echó mano de una servilleta y sacó un marcador de uno de sus bolsillos para estampar en ella unos trazos con los cuales buscaba persuadirlos de su tesis. Dibujó, entonces, una especie de campana de gauss, en la cual mostraba cómo el recaudo  crecía con el aumento de la tasa impositiva, hasta llegar a su punto de inflexión a partir del cual los rendimientos se tornaban decrecientes a medida que se incrementaba dicha tasa

Wanniski se embolsilló la servilleta, que terminó en el Museo Nacional de Historia estadounidense, en donde reposa actualmente y bautizó el dibujo como “la curva de Laffer”. 40 años después de este episodio, Cheney diría en una entrevista con la agencia Bloomberg en 2014 que “la curva de Laffer demostraba de forma muy clara que aumentar los impuestos podría hacer reducir los ingresos en lugar de incrementarlos. La sabiduría popular era: si quieres más ingresos, aumentas los impuestos”. Y remató diciendo: “lo que Arthur Laffer trajo a la mesa con esa curva era que si querías más ingresos era mejor bajar los impuestos para estimular el crecimiento y la actividad económica.  

PRIMERO FUE REAGAN

A poco andar, con la llegada de Ronald Reagan a la Casa blanca en 1980, la curva de Laffer pasaría de la teoría a la práctica en los EEUU y desde allí se exportó a otros países, convirtiéndose en un dogma para el neoconservatismo. Y fue el propio el propio Laffer el encargado de implementarla como integrante que fue del equipo de asesores económicos de Reagan, quien en 1981 primero y en 1986 después redujo los impuestos. En este último año adelantó un verdadero revolcón impositivo, sin antecedentes, que llevó la tasa impositiva máxima aplicable a los individuos del 50% a sólo el 28%. Bien dijo Marshall McLuhan que, “cuando algo se hace corriente, crea una corriente” y eso ocurrió con la curva de Laffer, que tuvo su acogida en el Consenso de Washington y su modelo económico neoliberal.  

Pero, cabe preguntarse cuál fue el efecto de esta rebajona de impuestos, basada en la curva de Laffer. Según lo reseñó el veterano periodista del The New York Times Steven Rattner, “los recortes fiscales de Reagan incrementaron el déficit, ayudando a aumentar las tasas de interés a 20%, lo que a su vez contribuyó a la recesión económica que se produjo a continuación. El mercado bursátil cayó más de 20%”. Es más, “desde el punto de vista impositivo, las pérdidas de ingresos fiscales totalizaron 2.9% del Producto Interno Bruto promedio entre 1981 y 1985”.

DESPUÉS FUE BUSH

Posteriormente, después de cuatro años consecutivos del segundo período presidencial de Bill Clinton, que se cerraron con superávit fiscal, asumió George W Bush, quien no tardó en anunciar en 2001 el primer paquete de alivio fiscal, el cual fue seguido por otro en 2003. En este gobierno reaparecen en escena Rumsfeld y Cheney, el uno como Secretario de Defensa y el otro como Vicepresidente, ambos conversos de la curva de Laffer.  

Esta vez tampoco se cumplieron las expectativas de los turiferarios de la curva de Laffer, pero sí benefició a la élite de los EEUU. Contrariando la promesa de impulsar el crecimiento del PIB este no repuntó, pero sí elevó el déficit fiscal, la deuda pública, al tiempo que contribuyó a una mayor desigualdad. Entre tanto, como lo pudo constatar el Centro sobre Políticas y Prioridades Presupuestales (CBPP), con sede en Washington, los mayores beneficios de esta rebaja de impuestos se concentraron en el 1% de los hogares más afortunados, los cuales le dejaron de pagar al Estado US $570.000 entre los años 2004 y 2012, sus faltriqueras se abultaron con el 5% más en sus ingresos netos anuales

Y AHORA TRUMP

Contra toda evidencia, el Secretario del Tesoro de la administración de Donald Trump Steven Mnuchin, al defender los recortes de la tasa impositiva en 2017 del 35%al 15% para las empresas y del 39.5% al 35% para las personas naturales, adujo que “el plan fiscal se pagará sólo con crecimiento económico. Por su parte el Presidente Trump, en plena campaña en septiembre de 2016, hizo alarde de que “mis recortes de impuestos serán los más grandes desde Ronald Reagan. Estoy muy orgulloso de ello”. Con sus mayorías en el Congreso Trump se salió con la suya sin mayores tropiezos, al fin y al cabo, como lo sostiene sardónicamente  el profesor de la Universidad de California en Berkley Hal Varian, “se dice que la popularidad de la curva de Laffer obedece al hecho de que se la puedes explicar a un congresista en seis minutos y él puede hablar sobre ella durante seis meses”.

Como le dijo al The New York Times uno de los principales asesores económicos del ex presidente Barack Obama Jared Bernstein, “no hay evidencia que apoye la afirmación de que el recorte se va a pagar sólo, merced al mayor crecimiento insuflado por el recorte de impuestos a las empresas. Y fue más lejos al decir que “es cierto que un crecimiento significativamente  más rápido generaría más ingresos, pero no hay evidencia empírica que vincule los recortes de impuestos con un crecimiento que sea, al mismo tiempo, más rápido y sostenido. Coincide con él el Tax Policy Center, una organización independiente de investigación en asuntos tributarios, al advertir en un documento en su página web que «la pérdida de ingresos directos derivada de la reducción de impuestos casi siempre será superior a las ganancias indirectas procedentes del aumento de la actividad económica o de la reducción de la evasión fiscal«. Según la estimación de Tax Policy Center, con la aplicación de estas reformas la recaudación caería en US $6,2 billones y que la deuda aumentaría en US $7,2 billones en una década.

Con razón Arthur Laffer, después que mató el tigre se asustó con el cuero, pues luego de felicitar a Trump por su rebaja de impuestos, pasó de la euforia a la prudencia. En efecto, en una entrevista con The New York Times dijo que le recomendaba al mandatario estadounidense “cerrar los agujeros fiscales y eliminar las exenciones tributarias, al mismo tiempo que reduce las tasas impositivas. Y afirmó cándidamente que con ese recorte de impuestos “las compañías ya nos buscarían fórmulas para evitar pagar y reportarían mayores ganancias. Y remata diciendo que es “un firme creyente de usar miel en lugar de vinagre”, claro está cuando se trata de favorecer los intereses de las multinacionales.  

 

 

ES LA DEMANDA, ESTÚPIDO

Más recientemente el premio Nobel de Economía Abhijit Banerjee, galardonado por su novedoso enfoque parta aliviar la pobreza a nivel global, lo ha dicho con toda claridad que “bajar impuestos para impulsar la inversión es un mito. Y añadió, que le “están dando incentivos a los ricos que ya están sentados en toneladas de dinero”. Y no dudó en señalar que “no se impulsa el crecimiento recortando impuestosLa inversión responderá a la demanda

Mientras tanto, cuando se cayó la mal llamada Ley de financiamiento en la Corte Constitucional, el Ministro de Hacienda Alberto carrasquilla dio declaraciones tremendistas, afirmando que si se caía dicha Ley ello reduciría en 0.8 puntos porcentuales el crecimiento del PIB. Dicho de otra manera, según él, si el Congreso aprueba la reforma tributaria, que ahora denominan de crecimiento, tendremos 0.8 puntos porcentuales de mayor crecimiento del PIB. Ello se asume como si fuera un axioma y no como una hipótesis que está por demostrarse. 

 

Insiste, además el Ministro Carrasquilla en que aspira y espera aumentar el recaudo con esta nueva Ley en 2020, cargada de exenciones, descuentos y deducciones impositivas, en $11.4 billones. A contrario sensu, según FEDESARROLLO, esta reforma, conforme quedó aprobada por las comisiones económicas, significará una caída del recaudo de $5 billones en 2020 y entre $8 billones y $10 billones en 2021 y 2022. Ya lo había advertido ANIF, refiriéndose a la Ley de financiamiento, pesarán más los elementos que drenan el recaudo que los que lo impulsan y eso es grave, sobre todo más allá del 2019.

Pero, la verdad sea dicha, como lo ha sostenido el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, la reducción de la tasa impositiva no es garantía de más inversión”. Como tampoco es cierto que con ella se va a generar más empleo. Es una verdad de apuño que el verdadero estímulo a la inversión extranjera o nacional para abrir nuevas empresas y/o para expandirlas, así como para generar más empleo, es la demanda. Lo dijo John Maynard Keynes en su obra cumbre La teoría general del empleo, el interés y el dinero, publicada en 1936 que “toda demanda crea su propia oferta”. Y la demanda depende del ingreso, de la capacidad adquisitiva de los consumidores y esta a su vez del empleo. Ningún empresario va a invertir ni a contratar más mano de obra sólo llevado por los estímulos e incentivos tributarios, si no hay mayor demanda para lo que produce, ello es de sentido común. Parodiando a James Carville, en la campaña electoral de Bill Clinton en 1992, para llamar la atención sobre la economía como la clave para ganar la Presidencia de los EEUU, podemos decir que es la demanda, estúpido!.

Los resultados de la Encuesta de Opinión Industrial Conjunta de la ANDI (enero – marzo de 2019), así lo prueba: entre los principales problemas que afrontan las empresas y los empresarios está de primero la falta de demanda (28.6%) y no la incertidumbre tributaria (8.8%). Y a la pregunta de qué dificultades tienen los empresarios para el desarrollo de sus proyectos de inversión productiva, ellos responden que la primera de ellas es el flujo de caja y la disponibilidad del capital (34.1%) y en segundo lugar está la falta de demanda (11.1%), mientras tanto la legislación tributaria sólo representa el 2.4% (¡!). Hasta cuándo se le va a seguir rindiendo culto a la curva de Laffer, no será mejor atender el consejo de Einstein cuando nos dice que no se puede “hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. Ha llegado la hora de cambiar de cartilla, para el buen suceso de la economía y la sociedad. 

Concluyamos diciendo con Stiglitz que “el aumento de la desigualdad es una de las razones de la desaceleración económica…Un sistema político y económico que no reparte beneficios a la mayoría de los ciudadanos no es sostenible a largo plazo. Con el tiempo, la fe en la democracia y la economía de mercado se erosionarán y se pondrá en tela de juicio la legitimidad de las instituciones y los acuerdos vigentes”. Así de claro y contundente es el mensaje. 

Economista de la Universidad de Antioquia, fue Senador y Presidente del Congreso, Ministro de Minas y Energía, y Director Ejecutivo de la Federación Nacional de Municipios hasta principios de 2017.

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