“Plebiscito o un salto al vacío”

Opinión Por

Con la implementación y desarrollo de un nuevo modelo de Estado a partir de nuestra Constitución política de 1991, la misma puede ser interpretada de diversas maneras, una de ellas nos ha llevado a entederla como un gran texto democrático, participativo, y pluralista.

En cuanto al principio fundamental de la participación democrática la Corte Constitucional lo ha interpretado a partir de un sistema de toma decisiones que con lleva a que los ciudadanos experimenten numerosos comportamientos sociales y políticos, que tienen como fundamento el perfeccionamiento, la protección y la puesta en marcha de los diferentes principios constitucionales como lo son el pluralismo, la tolerancia, y el respeto de la dignidad humana, lo que nos lleva entender el amplio mandato constitucional que tenemos en las diferentes toma de decisiones a la hora de coadyuvar en el destino de nuestra Nación.

Nuestra sociedad está muy cerca de comenzar a experimentar un gran cambio dentro del diario vivir del país, como lo es subsistir en un territorio de paz, y ajeno a cualquier escenario de conflictividad. Con muchos amigos que tengo la  fortuna de compartir a diario, debatimos sobre la premisa de “Qué es vivir en paz”. Muchos de ellos se muestran escépticos a la idea, pero claro, como no serlo; si hemos crecido en medio de mutilaciones, secuestros extorsivos y políticos, desapariciones, masacres, homicidios y en general cierto número de delitos de lesa humanidad propios de las dinámicas de la guerra; los cuales terminan por acostúmbranos y no nos permiten en muchas oportunidades imaginar un panorama de vivir en un territorio de paz.

En el marco de la teoría constitucional el pueblo es el soberano, elemento base para fundar un Estado, esta sociedad con cada una de las diferentes generaciones se regirán por un gran mandato que a veces la mayoría no le prestan atención por cuenta de la polarización que el país es víctima entre los enemigos de la paz y los amigos de ella. Es así que se perfila la enorme posibilidad de poder acudir a la urnas para expresar nuestra voluntad de aprobar o no, el plebiscito que convocará el Gobierno del Presidente Juan Manuel Santos para refrendar la paz.

No comparto las críticas hacia el plebiscito realizado por los ya acostumbrados enemigos agazapados de la paz en varios aspectos, el primero el cual manifiestan que tendrá un umbral decisión del 13% cifra que denota acomodación, segundo que señala que el mecanismo no es el idóneo, y el tercero que se engañara al pueblo colombiano, razón por demás temeraria que se enquista en una falacia evidente y provocadora.

Frente al primer inconformismo debo establecer que el umbral no es en lo más mínimo acomodado, pues responde al mandato popular de participación de los últimos años del pueblo en el marco de las diferentes elecciones. Además se hace necesario una modificación excepcional al presente porcentaje ya que en la actual reglamentación de la ley estatutaria 1757 de 2015 está consagrado un umbral del 50% de participación del censo electoral, algo realmente imposible de obtener hoy en día por lo anteriormente mencionado.

Reflexionando sobre el segundo punto, los mecanismos de participación no han funcionado hoy en Colombia por culpa de su rigidez por que establecen umbrales demasiado altos para el cumplimiento de determinado propósito. Todos hemos sido testigos de los procesos fallidos como referendos y revocatorias de mandato que pudieron haber sido una realidad y no lo fueron, todo por cuenta de los estándares tan altos.

Ahora bien, el plebiscito está inspirado en el principio de soberanía popular, el cual responde a la convocatoria directa hacia el pueblo por parte del ejecutivo; para que de manera autónoma defina su destino sobre un tema de trascendencia nacional, en otras palabras, responde a una figura idónea y por demás exacta en el marco de la refrendación que se quiere lograr para los acuerdos. Es un error graso pensar que el plebiscito sustituirá a la constitución puesto que dentro de su esencia y normatividad no comprende y no se pueden someter reformas constitucionales, adicionalmente; antes de ser convocado la Corte Constitucional tiene la obligación de examinarlo para darle plena seguridad jurídica a los ciudadanos la cual se materializa con la exequibilidad o inconstitucionalidad del mismo, siempre sujeto única y exclusivamente a los vicios de forma en su trámite.

De otro lado, tampoco se puede afirmar que se engaña al pueblo, por que por un lado los ciudadanos conocerán todos y cada uno de los acuerdos antes de presentarse en las urnas; y por otro; no encuentro la razón, ni la posibilidad que resulte catastrófico y sorprendente para algunos, preguntarle a la sociedad colombiana su postura sobre el proceso de paz. De igual manera no se puede aseverar, irresponsablemente;  que el Gobierno Nacional está actuando de manera déspota, por el contrario; mas democrático para donde, por que tal como lo manifesté al principio de la columna lo que vamos a vivir es un gran proceso democrático y participativo donde nosotros somos los que tendremos la última palabra.

Será responsabilidad nuestra y participando, si perseguimos la oportunidad de convivir en paz o simplemente terminamos dando un salto al vacío como muchos quieren llevarnos solo por intereses políticos.

Pd: “Cuando el Fanatismo ha Gangrenado el Cerebro, la Enfermedad es Incurable” Voltaire.

Abogado y Analista Político, Especialista en Derecho Constitucional, Candidato a Magister en Derecho Administrativo, Docente Universitario.

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