Pobreza y desigualdad

Opinión Por

El estancamiento de la economía se tradujo en un aumento de la tasa de desempleo, revirtió la tendencia de la última década, en el transcurso de la cual se logró reducir la pobreza monetaria desde el 42% hasta el 26.9% de la población total en 2017 y lo que es peor el coeficiente GINI, que mide el grado de concentración del ingreso, ya de por sí elevado, también empeoró. Como lo afirma la consultora McKinsey, “la lenta expansión de los empleos de mayor productividad y salarios más altos ha dejado a muchos vulnerables” y “siguen con un alto riesgo de volver a caer en la pobreza”. El aumento de la tasa de desempleo y la pobreza, así como la persistencia de la desigualdad son secuelas de la ralentización del crecimiento del PIB.

La mayor reducción de la pobreza se había logrado al amparo del largo ciclo de precios altos de los commodities entre 2010 y 2014, con -8.7 puntos porcentuales menos, luego, en el intervalo 2015 – 2017 se redujo -1.6 puntos porcentuales más, hasta tocar fondo para luego subir al 27% la tasa de desempleo monetaria. Este +0.1 puntos porcentuales significa el aumento en 190.000 personas que durante el último año se sumaron a los 13.8 millones de pobres que se registraron en 2017.

Es claro, como lo afirma ANIF, “que se mantiene una gran heterogeneidad en las cifras de pobreza a nivel nacional. El nivel de pobreza monetaria urbana estuvo cerca del 16% durante 2015-2018, pero los niveles de pobreza en las áreas rurales se mantuvieron en un alarmante 36.1% al cierre de 2018”. No obstante, entre las mismas ciudades se presentan diferencias abismales: mientras en Bogotá la pobreza monetaria se estabilizó alrededor del 12.4% en 2018, Cartagena registró un índice del 25.9%, más del doble (¡!). Asaz difícil le va a quedar al gobierno alcanzar las metas del Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2018 – 2022 de reducir la pobreza monetaria al 21% en promedio a nivel nacional y al 29% en el campo. 

En cuanto al Índice de pobreza multidimensional (IPM), esta se había reducido de manera continua, pasando de 30.4% a 17.8% en 2016, pero en 2018 repuntó elevándose hasta el 19.6, para un incremento de 1.1 puntos porcentuales, el cual se tradujo en casi 1.1 millón de personas que volvieron a caer en la cuneta de la pobreza multidimensional en los últimos dos años, pasando el número de ellos de 8.5 millones a 9.6 millones. Cabe anotar que esta es la primera vez que aumenta el IPM desde que empezó a calcularse en 2010

Existe, además, una brecha interregional que se pone de manifiesto cuando cotejamos las cifras de la pobreza entre unas y otras regiones, destacándose el hecho que según las más recientes cifras del DANE en más de la mitad de las regiones del país aumento el porcentaje de la población por debajo del umbral de la pobreza. Mientras en la región Caribe y la región Pacífica, por ejemplo, que siguen siendo las más rezagadas y en donde se concentra casi la mitad de los pobres del país, 4.1 millones (30%) en el Caribe y 2.4 millones (17%) en el Pacífico, la incidencia de la pobreza multidimensional pasó del 26.4% en 2016 al 33.5% en 2018 y del 33.2% al 33.3%, respectivamente, en Bogotá llegó  a su punto más bajo con el 4.3%. Pero también se mantienen las brechas intrarregionales. En efecto, nuevamente, la pobreza multidimensional se ensaña sobre departamentos como La guajira con el 51.4% y el Chocó con el 45.1% y las zonas rurales del país, alcanzando el 39.9%. 

Yo he sostenido que Colombia es el país de las desigualdades y no lo decimos a humo de paja, pues según la OCDE Colombia hoy por hoy es el país más desigual de Suramérica, el segundo en Latinoamérica después de Haití y el cuarto en el mundo (¡!). El coeficiente GINI (un número entre cero y uno, uno concentración absoluta) que venía bajando, aunque lentamente, desde 0.56 en el 2010 al 0.508 en 2017, lejos aún del nivel promedio observado en Latinoamérica (0.48), en 2018 subió a 0.517, uno de los peores registros de toda Latinoamérica. Y la explicación no es otra que una caída en los ingresos de los hogares más pobres en contraste con el aumento en los hogares de mayores ingresos. En este aspecto se presentan también grandes desequilibrios entre unos departamentos y otros, en donde varios de ellos se alejan del promedio nacional, es el caso del Chocó y La guajira que registran coeficientes GINI aún más alarmantes, de 0.579 y 0.552, respectivamente

Este dato cobra mayor relevancia si tenemos en cuenta que el magro ingreso per cápita de Colombia sigue estancado cuando lo comparamos con otros países. Si nos remontamos a hace 100 años, el ingreso per cápita en Colombia era el 20% del de EEUU. 100 años después, sigue siendo igual. Creciendo al 4.5% anual Colombia duplicaría su ingreso per cápita en 20 años, mientras que al 2.8% actual tardaría 40 años. Por ello, no es de extrañar que, como lo sostiene el ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes “Colombia tendría que esperar aproximadamente 475 años para cerrar la brecha entre nuestro ingreso por habitante y el de EEUU, si los dos países  siguen creciendo al ritmo que lo hicieron en ese período (1980 – 2017)”. De allí que el reto es crecer más y mejor y para ello es fundamental replantear y repensar el modelo de desarrollo actual, con una apuesta seria y sostenida para diversificar la economía, las exportaciones y el destino de estas, con inclusión social. Como lo ha dicho y repetido la Secretaria ejecutiva de la CEPAL Alicia Bárcena, la economía debe “crecer para igualar e igualar para crecer”, porque la desigualdad, además, frena el crecimiento. Esta debe ser la consigna!

Economista de la Universidad de Antioquia, fue Senador y Presidente del Congreso, Ministro de Minas y Energía, y Director Ejecutivo de la Federación Nacional de Municipios hasta principios de 2017.

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