Populismo: con los mismos

Opinión Por

Colombia atraviesa un período crítico de confianza en sus instituciones: el congreso carga con el lastre de la mermelada; tanto el gobierno nacional y la oposición del Centro Democrático tienen el desprestigio de la última campaña presidencial; en la Fiscalía General permitieron que un corrupto liderará las investigaciones contra la corrupción; y para rematar se termina de conocer que en las alta cortes el panorama no es menos alentador.

Durante los últimos cincuenta años los colombianos vivimos entre las noticias que producía el conflicto armado; no había tiempo para verificar si había o no sobrecostos en medicamentos de un hospital, si estamos siendo recibidos con la noticia del abatimiento de un miembro del secretariado de las FARC, el secuestro de un líder importante, la voladura de un puente o un oleoducto, o peor aun, la masacre de colombianos inocentes. En otras palabras, el conflicto se volvió en el mejor teflón de los corruptos para lograr pasar inadvertidos y salir impunes.

Las recientes encuestas de percepción nos muestran que el colombiano no se preocupa por el tema de la paz; dando por hecho el post conflicto como una tarea de fácil cumplimiento. Muy por el contrario, los colombianos están preocupados por el desarrollo del país, por la economía que crece muy por debajo de las expectativas del Ministro de Hacienda, pero sobre todo, abunda entre todos el pesimismo que se agudiza con los recientes casos de corrupción.

Estoy lejos de pensar que el acuerdo de paz de La Habana nos va a llevar a eso que llaman algunos como el “castro-chavismo”. Pero lo que sí creo es que con la actual crisis de institucionalidad que principalmente ataca a todos los partidos políticos, ahora los políticos están enarbolando una peligrosa bandera: presentarse por firmas. La figura de los movimientos significativos de ciudadanos surgió como una alternativa para quienes no se veían recogidos en movimientos o partidos políticos para que pudieran constituirse como una alternativa, salvo Clara López y Sergio Fajardo, quienes han decidido presentarse por firmas si tienen un partido político detrás – y Clara no lo tiene porque las condiciones de juego que le impusieron los miembros del comité ejecutivo del Polo Democrático la dejaron en esa situación –  .

El populismo no es derechas ni de izquierdas sino que es ambidiestro. Si bien es bastante evidente el descontento de muchos bogotanos con la administración de Enrique Peñalosa como alcalde mayor, igualmente de evidente es que algunas caras visibles que promueven la revocatoria – aunque no todos – están buscando arrancar la campaña antes de tiempo con una causa que los fortalezca ante los votantes.

En un ambiente tan polarizado como el que vivimos en la coyuntura, además de populista, una constituyente es inconveniente; ¿no logramos ponernos de acuerdo ni siquiera en los temas más simples y vamos a poder acordar una reforma a la justicia? No en vano la constitución del 1991 incluye en su título la palabra “político”, pues justamente fue el acuerdo político entre las fuerzas de la época.

Si no empezamos a sancionar penal, disciplinariamente, pero especialmente socialmente a quienes se vuelven ricos robando al estado, entonces el populismo arrastrará a nuestra democracia al abismo. En un país en el que poco más de un millón de personas tiene alguna relación laboral o contractual con el estado, es imperativo recuperar la noción de servicio público.

Cada uno es libre de pensar lo que quiera de los partidos políticos existentes, pero a la hora de darle la firma a alguien en la calle es bueno detenerse un momento a pensar si se está apoyando verdaderamente una causa, o una candidatura. Si se trata del segundo escenario sepa que usted puede estar apoyando a un político que hace parte de esos mismos partidos políticos que simplemente se puede estar pasando la ley por la faja: haciendo campaña antes, pero con los mismos, posando de pequeño comité pero recibiendo plata de los mismos, y mostrándose como el más independiente para terminar aliado al final con los mismos.

Ñapa… no creo que tengamos al fiscal más heroico, pero entre creerle a él o creerle a las FARC, sigo creyéndole al fiscal.

Abogado de la Universidad del Rosario con estudios en Teorías Contemporáneas de la Justicia de la Universidad de Harvard. Ha trabajado asesorando a la empresa privada y también en campañas políticas. Desde 2015 ha estado vinculado a la Dirección Nacional Liberal del Partido Liberal Colombiano.

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