¿Por qué sigue Maduro en el poder?

Opinión Por

Lo ocurrido esta semana en Venezuela deja muchísimas preguntas desde el exterior. Finalmente, se contuvo el aire por unos instantes tras el anuncio del presidente interino de este país, Juan Guaidó, quien desde la base militar La Carlota, acompañado del líder opositor Leopoldo López (quien cumplía prisión domiciliaria y fue liberado), anunciaba el siguiente paso de la denominada Operación Libertad.

Pero nada pareció salir como se esperaba, las teorías alrededor de lo que realmente pasó ese día son múltiples, pero en general se califica como un Golpe de Estado fallido, y nótese que uso este término, pues en estricto sentido (contrario a lo afirmado incluso por el mismo Guaidó), un Golpe de Estado es un cambio de régimen o de liderazgo del poder político con el uso de la fuerza o la amenaza de ella (sea para retirar o restablecer una democracia o para cambiar de un régimen dictatorial a otro), como lo definen hoy politólogos como Naunihal Singh.

Si tomamos como ejemplo diferentes intentos de Golpes de Estado, entre ellos la llegada de Pinochet al poder en Chile, o la caída de sátrapa Omar al Bashir en Sudán, el común denominador es la rapidez para efectuarlos, es imposible darle a eso una mirada puramente ideológica, menos en organizaciones de disciplina castrense como la Guardia Nacional Bolivariana.

Estos intentos deben tener varios factores a favor, de los cuales ninguno se cumple en lo ocurrido entre el 30 de abril y el 1 de mayo de 2019 en Venezuela, entre esos factores se cuenta, un apoyo significativo de las Fuerzas Armadas, una interceptación rápida de los líderes del régimen, y por supuesto, el control de los medios de comunicación.

Desde el anuncio de Guaidó, hasta la salida de varios líderes del chavismo a los medios, el escenario ya se veía decantado, si hubo intento, fue estéril, y no efectuó la ola de apoyos en los militares que se esperaba, al final del día nadie quiere estar en el bando perdedor en una posible transición de poder.

Al líder de la oposición venezolana solo le quedaba convocar a sus adeptos a las calles, en una fuerte manifestación pública que pidiera a los militares tumbar al actual régimen, y por otra parte, intentar proteger a los que ahora están expuestos como enemigos internos de Maduro, como el exdirector del Sebin (la temible fuerza política de Maduro) que estaba en manos de Manuel Ricardo Cristopher Figuera, cuyo paradero hoy es incierto, y quien fue reemplazado por Gustavo González López, quien regresa de nuevo al cargo, pues salió de esa entidad luego la muerte en manos de ese organismo de concejal opositor Fernando Albán.

La “cacería de brujas” en ese país está en plena marcha. Pero entonces ¿Qué quedó de la nueva intentona de sacar a Maduro del poder?

Con la escasa información que se tiene, y las múltiples teorías compartidas por funcionarios estadounidenses, opositores que hablan con los medios internacionales, y las arengas que gritan los líderes chavistas en su país, podemos concluir lo siguiente.

Primero, Maduro está lejos que quedarse tranquilo en Miraflores, no se sabe cómo quedó su confianza en el Ministro del Poder Popular de la Defensa, Vladimir Padrino, o en el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno (a quienes Estados Unidos señala de negociar con ellos la salida del heredero de Chávez), puede que fuera la estrategia desde un inicio “desenmascarar” a los opositores al interior del régimen usando a estos importantes líderes chavistas, o quizá queda al interior una sombra de duda, de un hombre que no parece tener el control total de su gobierno, y aunque seguramente se preparan listas de depuración, queda claro que los enemigos de su permanencia en el poder rondan más cerca que nunca.

En la experiencia de los dictadores, cada intento de golpe deja un fuerte trauma de persecución y desconfianza en sus allegados, y un desgaste natural en la cohesión de aquellos que notan la fragilidad de un gobierno aparentemente democrático, que a pesar de tener cooptado el poder, es evidente como lo ha abandonado tanto la unidad de sus instituciones, como de sus estructuras, otrora convencidas del liderazgo de Hugo Chávez.

Y segundo, las “cartas jugadas” de la oposición, que reflejan la falta de madurez de las condiciones necesarias para una transición en su país. A los llamados al dialogo de actores internacionales que se niegan a una confrontación violenta (sea cual sea su grado) en Venezuela, le sale al paso una oposición dividida que ganó al demostrar que la Guardia Bolivariana y los aliados de Maduro no están convencidos de continuar manteniéndolo en el poder, pero que perdió un intento de fracturar al régimen por dentro, lo que era para muchos la única salida más allá de una intervención militar.

Ahora, la paranoia de oficialistas venezolanos los llevará a radicalizarse por dentro para evitar posibles nuevas fracturas, mientras la incertidumbre se cierne sobre la inestabilidad política y social del país, ¿Guaidó logrará a través de la movilización (y sus aliados internacionales) terminar por quebrar a los “amigos” de Maduro? o ¿Maduro limpiará el interior de su casa y seguirá su tránsito una temida, pero insegura hegemonía antidemocrática?

 

 

Politólogo con Énfasis en Comunicación Política. Fue director del programa radial Politizate de Poliradio y Estratega digital del Partido Liberal Colombiano. Investigador en temas electorales.

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