¿Qué nos motiva a votar?

Opinión Por

Una de las grandes preguntas que se hace desde la Ciencia Política, es sobre comportamiento de los ciudadanos a la hora de votar, la forma cómo toman la decisión con respecto a una preferencia política, y qué tipo de comunicación usar para persuadirlos.

En Colombia estamos en el punto de tormenta perfecta, donde al menos cuatro candidatos se sienten seguros de tener posibilidades de llegar a segunda vuelta, quizás el puntero con mayor seguridad que los demás.

Pero entonces, ¿Qué motiva a las personas?, Westen dijo lo que muchos ya saben: “Los datos de la Ciencia Política son evidentes: la gente vota al candidato que le provoca los sentimientos adecuados, no al que presenta los mejores argumentos”.

Sería erróneo pensar que los candidatos cuando se presentan en un debate calmado, “lo hacen por exponer sus ideas”, y cuando lo hacen en un debate álgido “lo hacen por emocionar a las personas”, en realidad en uno u otro debate los candidatos buscan lo mismo: generar los sentimientos adecuados para que voten por ellos.

¿A más información, mayor objetividad?

Otra creencia propia de las campañas electorales es pensar que en la medida que los ciudadanos tienen más información tomarán una decisión más objetiva, no digamos acertada, y eso también se ha estudiado, Castells al analizarlo explicaba: “Un mayor grado de conocimiento proporciona a la gente más recursos intelectuales para una autorracionalización que apoye sus interpretaciones erróneas inducidas por las emociones”

Es decir, información sobre un candidato o preferencia política siempre existirá, y mientras más se divulgue e interprete no necesariamente dará a las personas una herramienta menos emocional para tomar su decisión final a la hora de votar.

Considero que el asunto está en el sistema de creencias de los colombianos, esos puntos tácitos que motivan a ciertos grupos a actuar en favor de una opción política. ¿No es coherente que un grupo empresarial quiera apoyar a un candidato que busca reducir sus impuestos? ¿Cuántos colombianos apoyan a un candidato que comparte sus ideas en contra de los derechos LGBTI así sus prácticas sean en el fondo corruptas?

No me malinterpreten, la información sí es importante, pero el reto en mi opinión está en el sistema de creencias, todas esas predisposiciones y paradigmas sobre la sociedad que las personas ven reflejadas en sus candidatos, y que cada vez que los ven en redes sociales o televisión casi sin importar sus desaciertos, hacen que reafirmen esas convicciones.

Un ciudadano no tiene que compartir todas las convicciones con un candidato, simplemente en un ejercicio de priorización, escogen aquellas más relevantes y al identificarlas en alguien, lo hacen “su” político.

Argumentos en el fondo emocionales

¿No se ha sentido últimamente más vulnerables a los debates políticos en sus círculos sociales? Cuando vamos a una cena familiar, a un evento social con amigos o compañeros de trabajo o solo con abrir las redes sociales a diario, encontramos un mar de personas que comparten exclusivamente la información que reafirma su sistema de creencias sobre un candidato, lo más radicales no aceptan la más mínima crítica, no importa si la información es falsa.

La persuasión es distinta a la manipulación, las personas que sólo buscan reafirmar sus convicciones en ocasiones no se detienen un instante a pensar en la veracidad de lo que comparten, si creen al candidato capaz de algo (en una racionalización simple), como dice Westen, terminarán apoyando las interpretaciones erróneas inducidas por sus emociones.

Es positivo tener más información en cada campaña presidencial, también lo es dar un debate alrededor de aquellas ideas que consideramos importantes para votar, pero las creencias colectivas no cambiarán con facilidad, y menos si nos dedicamos a compartir información sólo porque confirma algo que pensamos.

Todos somos parte de este juego de humanos, quizás mi llamado es más a tomarnos con calma todo este mar de emociones (y de “argumentos” que solo quieren apoyar esas emociones), a no desgastarnos cuando encontramos la barrera del contradictor que pasionalmente no cambiará de parecer por más información que poseamos y a recordar que nosotros también tenemos una serie de creencias que definen lo que pensamos, y eso no nos hace mejores, ni nos hace dioses de la razón.

Politólogo con Énfasis en Comunicación Política. Fue director del programa radial Politizate de Poliradio y Estratega digital del Partido Liberal Colombiano. Investigador en temas electorales.

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