Retos al Partido Liberal

Opinión Por
La proliferación de candidaturas por firmas en todos los sectores del espectro político es la expresión de la crisis sostenida por la falta de representatividad real de las directivas de los partidos frente a sus militantes y por la “politiquerización” de las formas democráticas que deben imperar en los mismos. La prostitución de la política, o sea el abandono de las ideas a cambio de contratos o de cargos burocráticos, ha hecho que, en las altas jerarquías institucionales, se consoliden las personas más hábiles en esas prácticas, mientras son excluidas las personas verdaderamente comprometidas con la defensa de los principios de los respectivos partidos.
 
Lo más grave de esta realidad es ver cómo esa estructura antidemocrática y excluyente está prostituyendo las aspiraciones de los jóvenes, de las mujeres y de las minorías, que, con tal de acceder a alguna oportunidad  de participación, se convierten en los cargaladrillos de esos caciques consolidados. Así, partidos como el mío, el Liberal, están envejeciendo, porque la energía de los jóvenes y de los sectores renovadores se desperdicia y se pierde en el camino del servilismo a esos patroncillos de partido. 
 
Un medidor de esta distorsión democrática será la configuración de las listas cerradas, en caso de que este modelo se imponga para las próximas  elecciones (muy factible, el costo al que llevaría el desprestigio de las campañas políticas, en lista con voto preferente).   Si no estoy diciendo la verdad en estas líneas, reto a los líderes de todos los partidos a que se ubiquen en los últimos lugares de las listas o, al menos, en el puesto de la última curul alcanzada en las pasadas elecciones al Congreso.  Así, por ejemplo, el doctor Serpa, se pondría en el número 18, en la lista Liberal. Espero que así lo haga, si cree que, bajo su manejo, el liberalismo se ha fortalecido y, por tanto, sobradamente, su curul no sufrirá ningún riesgo si queda en el puesto 18, inaugurando la lista cerrada en el senado.   Este reto lo extiendo a los directores de los demás partidos mayoritarios, para que superen su equivocada convicción de que ellos encarnan los partidos mismos.
Así mismo, los reto a que, en esa lista, no solamente cumplan la Ley de Cuotas, a través de una lista semi-cremallera (2-1),  sino a que se comprometan con una lista cerrada cremallera, donde se garantice la paridad de hombres y mujeres en la participación por las curules de cada partido.
 
Son pocos los ejemplos de jefes políticos que, en este país, han logrado superar la vanidad y la tentación absolutista del poder y que entienden que su temporalidad en los partidos debe ser, sobre todo, en aras de la defensa de los principios de los mismos, especialmente cuando se tienen en cuenta (tal como lo recordaba Poulantzas), las dificultades para repartir la torta del poder, una vez se llega a este.  Así las cosas, en el caso del Partido Liberal, me parece muy bien que el “camarada” Samper se junte con Timochenko a trabajar “por un nuevo país”. ¡No puedo pensar en una renovación más patética!  Y, por otro lado, me sorprende la noticia de que el presidente Gaviria y su candidato, de la Calle amenacen con salirse del partido y dedicarse a recolectar firmas, porque, por el momento, el doctor Serpa y Juan Fernando Cristo les están ganando el pulso sobre quién se queda con la dirección del partido y cuáles son las reglas para definir la elección del candidato liberal a la Presidencia.  En definitiva, parece que las líneas gavirista y serpo-cristo-samperista, que, durante un cuarto de siglo, han venido alternándose y repartiéndose la capacidad del partido de participación en el poder, en estas elecciones no se van  a poder poner de acuerdo, no solo por el caos que se viene por el escándalo de Odebrecht sobre todos los partidos que contribuyeron al blanqueo de recursos provenientes de esa empresa corrupta, sino por las divisiones en el partido entre quienes apoyan al ex candidato de Cambio Radical Vargas Lleras (hoy por firmas), frente a quienes lo rechazan abiertamente.  Si es verdad que los ex presidentes están dejando el partido, los reto a que recojan, eso sí, toda su gente, porque lo que no pueden hacer es estar afuera manteniendo un “piecito” adentro.  
Este es el panorama a escasos días del Congreso Liberal.  Personalmente, sé que expresar estas críticas justificadas, apartándose de los lineamientos de los jefes tradicionales, avivará los manejos antidemocráticos en la colectividad.  Por ello, convoco a que, a través de comunicados y declaraciones públicas, quienes son o han sido ediles, concejales, diputados, congresistas, ministros, magistrados, embajadores, alcaldes, gobernadores y presidentes liberales se pronuncien con firmeza por una renovación real del partido, señalando que este congreso no nos puede excluir a quienes actuamos desde la independencia, con la verdadera esencia liberal, la de los grandes ideólogos del partido, esa que representa a millones de colombianos y que ha conseguido las mayores victorias sociales para el país.
 
Reto al Partido Liberal a definir candidato presidencial a través de una consulta abierta. Si el mecanismo para elegirlo no es este, sino una consulta cerrada que impida la participación de muchísimos colombianos con sentimiento liberal, o, por aclamación, en un congreso amañado, esta sí será la estocada final que se le dé al Partido Liberal, generando una estampida no solo en lo que queda de las bases liberales, sino también en muchos dirigentes del Liberalismo que, indignados, apoyarán a otros candidatos.  Si se van a hacer coaliciones obscenas, no por principios, sino por oportunismos o revanchismos, por parte de las directivas de los partidos (uno no hace coaliciones contra nadie, sino a favor de ideas y principios), se debería también permitir el apoyo a candidatos por firmas, que, por las razones anteriormente expuestas, no han podido acceder a espacios para candidatizarse.
 
Urge la recuperación de la credibilidad en la política, que debería ser la profesión más respetada y valorada.  Pasar estos retos sería la única forma en que pudiéramos fortalecer verdaderamente al Liberalismo, en las próximas elecciones.  
 

Politóloga de la Universidad de los Andes, estudió Relaciones Internacionales en la Universidad de Nueva York. Mastér en Políticas Públicas y Sociales de las Universidades Johns Hopkins y Pompeu Fabra. Actualmente es Senadora por el Partido Liberal Colombiano.

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