Rodolfo Hernández y el populismo

Opinión Por

El populismo, no es una ideología, es en realidad una marcada forma de liderazgo que intenta saltar la institucionalidad, para concentrarse en el liderazgo, y aunque usa medios democráticos como excusa, este solo destaca algunos rasgos medianamente democráticos para justificar las decisiones que se toman lesionando a la misma institucionalidad.

En esa aproximación es notable la figura del suspendido alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, cuya personalidad, decisiones, y forma de gobierno toma muchas de las características propias de un populista.

Freidenberg (2007) buscó una definición de populismo marcada por el estilo de liderazgo: “caracterizado por la relación directa, carismática, personalista y paternalista entre líder-seguidor, que no reconoce mediaciones organizativas o institucionales, que habla en nombre del pueblo y potencia la oposición de éste a “los otros”, donde los seguidores están convencidos de las cualidades extraordinarias del líder”.

Por supuesto, Colombia es un país que no carece de líderes populistas, pero este caso ha llamado mi atención en los últimos años, pues Hernández es la creciente imagen del gobernante que llega en medio de un estilo combativo y plagado de promesas, a liderar en medio de un ambiente de descontento con la corrupción, y se aprovecha de las características descritas en el populismo de Freidenberg para ganar adeptos de los dos extremos ideológicos.

Cada una de sus transmisiones por Facebook Live es curiosamente una constante interlocución directa con sus gobernados, plana, tipo entrevista, donde el líder o su asistente eligen los temas a responder, y no profundizan donde puedan existir debilidades de liderazgo.

Poco castigo en su favorabilidad le ha costado el llegar a su último año de mandato sin cumplir su principal propuesta de “20.000 Hogares felices”, o de no llegar al 66% de cobertura del transporte integrado en la ciudad, no rehabilitar la plaza San Mateo, o no lograr los 20 kilómetros de ciclorrutas de los que solo lleva 2.6 kilómetros.

Entonces ¿Qué es lo que gusta tanto de la forma de gobierno de Hernández?

De pasar a ser el reconocido empresario, a ser el alcalde de la capital de Santander, Rodolfo Hernández decidió entrar con “los taches arriba” contra sus opositores, los ha insultado, e incluso a uno lo golpeó frente a cámaras, llevándose con ello una sanción de la Procuraduría, y configurando un solo discurso, uno donde él es el Alcalde, el pater familias de la ciudad, el hombre que habla y quiere “hacer entender” a los bumangueses y santandereanos de la necesidad de elegir a candidatos contra “los otros”, la corruptela, los politiqueros.

El alcalde invita a revisar y apoyar una lista cerrada al concejo, fue a un evento político donde asistió una precandidata a la alcaldía de Piedecuesta, pero según sus palabras eso no es participación en política (aunque la Ley diga lo contrario, y ya tenga investigaciones abiertas por ello), según él en la W Radio: “Eso es pura mierda, eso es filosofía”.

Y este suspendido alcalde, que ahora desea ser presidente, y lo anuncia con bombos y platillos, e incluso envió una carta a otro empresario para invitarlo a ser su candidato vicepresidencial, no teme por su forma de hacer política, pues como lo descrito por el liderazgo populista es según él “por el bien” de la ciudad, del departamento y ahora del país.

Con dicho populismo allá han llegado de todos los grupos políticos que gustan de este tipo de liderazgo, pero critican a Petro, Uribe, y tantos otros acusados (quizá con razón) por compartir esas características.

El problema está en aquellos que se prestaron para  la corrupción en Bucaramanga, y en lo que parece ser el reflejo de muchas otras ciudades o departamentos del país, quemaron las esperanzas de los ciudadanos que les votaron, sean alcaldes, concejales, o diputados, entre otros, y dejaron que entre las cenizas nacieran líderes efectistas como Hernández, quien envió 40 mil cartas en plena campaña electoral, prometiendo vivienda a familias de estratos 1, 2 y 3, promesa que como ya lo mencioné no pudo cumplir, ni en un 10%.

¿Debemos señalar a los corruptos? Si.

¿Debemos en razón de “tan justa causa” permitir que un alcalde participe en política, golpee a un opositor o justifique cualquier actuación por ello? No.

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Citas:

Freidenberg F. (2007), La Tentación Populista: una vía al poder en América Latina. México D.F., Universidad Nacional Autonoma de México.

 

Politólogo con Énfasis en Comunicación Política. Fue director del programa radial Politizate de Poliradio y Estratega digital del Partido Liberal Colombiano. Investigador en temas electorales.

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